Ni Mallorca ni Tenerife: la isla más antigua de España donde hay más cabras que personas
Su paisaje y su forma de vida están profundamente ligados a la presencia de la cabra, un animal que ha marcado durante siglos la economía, la cultura y la identidad de la isla
Una franja de arena junto al mar turquesa recorre la costa de la isla más antigua de Canarias, formada hace millones de años por actividad volcánica submarina. (Facebook)
Fuerteventura esconde un paisaje que desconcierta desde el primer minuto: carreteras solitarias, un viento constante que moldea el terreno y una estampa donde la naturaleza y la fauna conviven sin artificios. Esta isla canaria, marcada por su origen volcánico, guarda una historia geológica única y una identidad profundamente ligada a su entorno.
Fuerteventura es la isla más antigua de Canarias, con una edad geológica estimada de 22 millones de años, y un territorio donde la cabra ha sido clave durante siglos. Hoy cuenta con unas 70.000 cabras censadas y más de 200 explotaciones ganaderas, siendo la base de productos como el reconocido queso majorero, lo que explica que su presencia siga siendo dominante frente a la población.
Un paisaje moldeado por el tiempo y el viento
El paso del tiempo ha dejado una huella visible en cada rincón. La erosión, constante durante millones de años, ha suavizado volcanes y modelado lomas que hoy definen un paisaje austero y abierto. Con casi 362 kilómetros de costa y más de 150 playas catalogadas, la isla combina arenales blancos y aguas turquesas con zonas oscuras de origen volcánico, creando un contraste de colores que va del azul intenso del mar al negro y ocre del terreno.
Gran parte del territorio está protegido: más de 47.000 hectáreas se integran en 13 espacios naturales, lo que llevó a la UNESCO a declarar Fuerteventura Reserva de la Biosfera en 2009.. Este reconocimiento no solo destaca su valor ambiental, sino también la fragilidad de un ecosistema sometido a condiciones extremas de sequía y viento.
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La cabra majorera, símbolo de supervivencia
La relación entre la isla y la cabra se remonta a los primeros pobladores llegados del norte de África, que introdujeron este animal como base de su subsistencia. Su resistencia a la sequía y a la escasez de pastos la convirtió en un recurso esencial, capaz de aportar carne, leche y otros materiales en un entorno especialmente árido.
Con el tiempo surgió la cabra majorera, una raza autóctona adaptada a la escasez de agua y pastos, destacada por su resistencia y su producción de leche. Su peso es tal que también está presente en la toponimia de la isla, hasta el punto de reabrir el debate sobre recuperar el antiguo nombre de la capital, Puerto de Cabras, en lugar de Puerto del Rosario.
La irrupción del turismo hace poco más de medio siglo alteró la economía insular, relegando en parte la ganadería extensiva. Sin embargo, tradiciones como las apañadas, grandes recogidas colectivas de cabras para su control y marcaje,continúan vigentes y mantienen su fuerte componente social, comunitario y ligado a las costumbres más antiguas de la isla.
Fuerteventura concentra algunos de los paisajes más representativos de Canarias. En el norte, el Parque Natural de las Dunas de Corralejo ofrece kilómetros de arena blanca frente a un mar de tonos turquesa, uno de los iconos más fotografiados de la isla. En el interior, Betancuria, antiguo centro histórico, reúne casas blancas, palmeras y miradores desde los que se observa el relieve erosionado. En la costa oeste, El Cotillo combina playas tranquilas como La Concha con zonas más abiertas al oleaje, mientras que en el sur, Cofete, dentro del Parque Natural de Jandía, destaca por sus más de diez kilómetros de playa virgen y un entorno aislado que muestra la Fuerteventura más salvaje. La experiencia se completa en la mesa, donde destacan productos locales como el queso majorero, elaborado con leche de cabra, el estofado de cabra o el pescado fresco acompañado de papas arrugadas con mojo.
Viajar a Fuerteventura implica hoy entender ese equilibrio. Entre dunas, volcanes apagados y playas interminables, la isla ofrece una experiencia casi hipnótica, donde la naturaleza y la tradición conviven. Un destino que se descubre sin prisas y que conserva una autenticidad difícil de encontrar en otros rincones del país.
Fuerteventura esconde un paisaje que desconcierta desde el primer minuto: carreteras solitarias, un viento constante que moldea el terreno y una estampa donde la naturaleza y la fauna conviven sin artificios. Esta isla canaria, marcada por su origen volcánico, guarda una historia geológica única y una identidad profundamente ligada a su entorno.