El pueblo de Navarra que fue un antiguo poblado celtíbero y esconde una pasarela barroca de 39 arcos: ideal para perderse en primavera
Este municipio de la Ribera de Navarra destaca por su rica herencia histórica y por un entorno natural que combina zonas áridas y fértiles. Un lugar donde el paso de distintas civilizaciones ha dejado una huella que todavía se percibe en su paisaje
Este pueblo navarro situado entre las Bardenas Reales y el Moncayo llegó a ser un destacado enclave romano. (Turismo de Navarra)
Cascante, en la Ribera de Navarra, emerge como uno de esos destinos que cobran vida con la llegada de la primavera. Entre campos verdes, floraciones y cielos abiertos, este enclave combina naturaleza, historia y patrimonio en un entorno que invita a recorrerlo sin prisa.
El paisaje que rodea a esta localidad, situada entre el Parque Natural de las Bardenas Reales y la sierra del Moncayo, anticipa un viaje donde los contrastes mandan: terrenos áridos frente a huertas fértiles, silencio frente a calles con vida. Es en ese equilibrio donde se esconde uno de los lugares más singulares de la Ribera navarra.
De poblado celtíbero a enclave romano
Este municipio hunde sus raíces en un antiguo asentamiento celtíbero conocido como Kaiskata, tal y como reflejan las monedas acuñadas en aquella época. Tras su destrucción en el año 76 a. C., fue reconstruido bajo dominio romano con el nombre de Cascantum, convirtiéndose en una parada clave de la vía que conectaba Astorga con Tarragona.
Ese pasado ha dejado huella en su identidad actual, visible tanto en su trazado urbano como en su legado patrimonial. A lo largo de los siglos, la localidad fue consolidándose como un núcleo relevante en la zona, con presencia de comunidades cristianas documentadas desde el siglo V y una evolución marcada por distintas etapas históricas.
Entre sus principales atractivos destaca la Basílica de Nuestra Señora del Romero, situada en lo alto del casco urbano. Este templo barroco, levantado tras la destrucción de una antigua iglesia románica, se conecta con el pueblo mediante una galería porticada de ladrillo construida en el siglo XVIII, que enlaza la parte alta con el centro de Cascante y aporta una imagen única al conjunto.
Se trata de una arquería de 39 arcos de medio punto, construida en el siglo XVIII para proteger a los visitantes de las inclemencias del tiempo. Levantada en ladrillo y siguiendo la pendiente del terreno, constituye hoy uno de los elementos más emblemáticos y reconocibles del municipio.
La arquería barroca de ladrillo desciende hacia el casco urbano, una de las estampas más reconocibles de este enclave navarro. (Flickr)
Qué ver, qué comer y cómo llegar a Cascante
Más allá de su icono barroco, Cascante invita a descubrir otros espacios como la parroquia de la Asunción, levantada sobre una antigua sinagoga y reconstruida tras un incendio, con tres naves y una destacada colección de pinturas del siglo XVI, o la iglesia de la Victoria, de una sola nave con cabecera pentagonal y un retablo manierista del siglo XVII en su interior. A ello se suma el Parque del Romero, un mirador privilegiado sobre el valle del Queiles donde también se encuentra el museo etnográfico local.
El entorno completa la experiencia. A unos tres kilómetros del casco urbano, la Laguna de Lor destaca como un espacio natural con escasa vegetación que favorece la visibilidad, lo que la convierte en un punto idóneo para el avistamiento de aves. Por su parte, la Vía Verde del Tarazonica, trazada sobre una antigua línea férrea entre Tudela y Tarazona, permite recorrer el paisaje a pie o en bicicleta atravesando campos de cultivo, olivares y viñedos característicos de la Ribera navarra.
La gastronomía local mantiene una fuerte conexión con la huerta de la Ribera, donde sobresale el espárrago, conocido como el "oro blanco", junto a vinos y aceites de producción local. Esta tradición se aprecia en el Hostal y Restaurante El Lechuguero, que ofrece elaboraciones como espárragos con vinagreta, pochas con almejas o carnes a la brasa, con ingredientes procedentes de su propia huerta y una cocina muy ligada al producto de temporada.
Llegar hasta Cascantees sencillo por carretera, con acceso directo desde la AP-68 (salida Tudela-Tarazona) tanto si se viaja desde Zaragoza o Logroño como desde Pamplona. También se puede acceder por la N-122 desde Soria, enlazando después con la N-121-C en dirección a la localidad.
Aunque no dispone de estación de tren, la más cercana está en Tudela, a unos 10 kilómetros, con conexiones ferroviarias y de autobús que permiten enlazar con Cascante mediante servicios diarios operados por compañías como Conda o Autobuses Elcarte.
Cascante, en la Ribera de Navarra, emerge como uno de esos destinos que cobran vida con la llegada de la primavera. Entre campos verdes, floraciones y cielos abiertos, este enclave combina naturaleza, historia y patrimonio en un entorno que invita a recorrerlo sin prisa.