Descubre la isla más grande de Cantabria: cerrada al público y la favorita de los surfistas
Su pasado medieval, sus ruinas ocultas y su difícil acceso conviven con su creciente atractivo como punto apreciado para el surf y el buceo en el mar Cantábrico
Con sus 18 hectáreas de superficie, es la mayor isla del mar Cantábrico. (Fundación Naturaleza y Hombre)
Frente a la costa cántabra, muy cerca de algunas de las playas más frecuentadas del norte de España, se alza una silueta alargada que despierta la curiosidad de quienes la observan desde tierra firme. La isla más grande de Cantabria, cerrada al público y envuelta en misterio, sigue siendo un enclave tan visible como inaccesible.
Se trata de la isla de Santa Marina, ubicada frente a Ribamontán al Mar y con una extensión de alrededor de 18,5 hectáreas, lo que la convierte en la mayor del mar Cantábrico. También conocida históricamente como Isla de Don Ponce, este territorio ha pasado desapercibido para muchos, pese a su relevancia geográfica, su pasado medieval y su valor ecológico.
El pasado monástico de una isla hoy inaccesible
Durante la Edad Media, este enclave fue escenario de actividad religiosa. En el siglo XV se levantó una ermita dedicada a Santa Marina y, posteriormente, se fundó el primer monasterio jerónimo de Cantabria, impulsado por Pedro de Hoznayo. Sin embargo, las condiciones extremas —aislamiento, temporales constantes y escasez de recursos— obligaron a los monjes a abandonar el lugar y trasladarse a Corbán.
Hoy, apenas quedan vestigios de aquellas construcciones, con restos de muros y estructuras ocultos entre la vegetación. La isla, de perfil llano y cubierta de praderas, está rodeada por un cinturón de rocas que dificulta enormemente su acceso. Esta característica, unida a su protección dentro del Plan de Ordenación del Litoral, mantiene restringida la entrada para preservar su ecosistema.
Vista aérea de la mayor isla del mar Cantábrico, con alrededor de 18,5 hectáreas. (YouTube)
Surf, biodiversidad y leyendas
A pesar de su inaccesibilidad, la isla se ha convertido en un punto de referencia para surfistas experimentados y aficionados al buceo. En sus alrededores se forman olas que pueden superar los6 metros de altura, especialmente en invierno, debido a la combinación de corrientes, viento y fondo marino, lo que atrae a deportistas en busca de rompientes exigentes.
Bajo la superficie, sus aguas albergan un entorno marino de gran riqueza, con fondos de arena y roca donde habitan especies como pulpos, sepias, erizos, jargos, bogas o lenguados. A este valor natural se suma un pasado marcado por naufragios documentados en los siglos XIX y XX, como el del bergantín "San Antonio de Padua" en 1854, que han alimentado durante décadas los relatos de marineros de la zona.
Hoy, la isla continúa deshabitada y bajo protección, convertida en un símbolo de la Cantabria más indómita. Su proximidad a la costa no ha cambiado su destino: seguir siendo una isla observada desde lejos, pero nunca conquistada.
Frente a la costa cántabra, muy cerca de algunas de las playas más frecuentadas del norte de España, se alza una silueta alargada que despierta la curiosidad de quienes la observan desde tierra firme. La isla más grande de Cantabria, cerrada al público y envuelta en misterio, sigue siendo un enclave tan visible como inaccesible.