Es una de las estaciones de tren más antiguas de España: se construyó en 1855 y sigue funcionando en esta ciudad catalana
Construida en plena expansión del ferrocarril decimonónico, esta estación continúa prestando servicio más de 170 años después, convertida en una pieza clave de la red de Cercanías y uno de los vestigios más singulares del patrimonio ferroviario español
Fachada de la estación ferroviaria más antigua de España que aún sigue en funcionamiento. (Foto: Renfe)
A mediados del siglo XIX, la irrupción y desarrollo del ferrocarril marcó un antes y un después en España, al comenzar a extender sus vías por la península. Las locomotoras no solo acortaron distancias entre ciudades, sino que reconfiguró la economía, impulsaron barrios enteros alrededor de las estaciones y redefinieron la manera de desplazarse de miles de viajeros y comerciantes.
La primera línea española se inauguró en 1848 entre Barcelona y Mataró y abrió una etapa decisiva para nuestro país. Sin embargo, la expansión de la red ferroviaria avanzó con mayor lentitud que en otras potencias europeas, ya que su desarrollo estuvo condicionado por la compleja orografía, la dispersión de los núcleos de población y las limitaciones económicas del momento que todavía daba sus primeros pasos hacia la industrialización.
En este contexto inicial del ferrocarril, se construyó a mediados de 1855 una estación que no ha dejado de prestar servicio, consolidándose como un puente tangible entre la España industrial del siglo XIX y la movilidad metropolitana actual. Mientras otras terminales históricas desaparecieron, este edificio ha sobrevivido a casi dos siglos de transformaciones técnicas, urbanísticas y sociales, y hoy más de 10.500 pasajeros cruzan cada día sus andenes, manteniendo viva una pieza esencial de la memoria ferroviaria del país. Hablamos de la estación de Cornellà de Llobregat.
Del tren decimonónico al Cercanías moderno
La historia de esta estación nace en la década de 1850, cuando la Compañía del Ferrocarril de Martorell a Barcelona (también conocida como Caminos de Hierro del Centro y vinculada a la línea de Barcelona a Molins de Rei y Martorell) extendió su línea hasta este punto, ya con doble vía completa desde su apertura en noviembre de 1854. Un año después, en 1855, se construyó el edificio de viajeros, como parte de ese impulso inicial por conectar núcleos urbanos y fomentar la comunicación regional.
Postal de la época de la estación de Cornellà de Llobregat.
A lo largo de los años, esta infraestructura ha formado parte de distintas etapas del transporte ferroviario español. En 1891 la línea entró en la gran red de la compañía MZA(Madrid a Zaragoza y Alicante), y cincuenta años después, en 1941, pasó a manos del organismo estatal Renfetras la nacionalización de la red. Este recorrido institucional refleja las transformaciones de la gestión ferroviaria hasta nuestros días.
Hoy es un nudo clave de la red de Rodalies, integrado en la línea R4 que articula servicios de cercanías con el resto del área metropolitana. Su funcionamiento continuo desde mediados del XIX la otorga el título de ser la estación más antigua que sigue en funcionamiento en España (junto a la de Molins de Rei, que fue inaugurada en 1854 en el mismo tramo de vía), en un país donde muchas de las terminales más pretéritas han sido clausuradas o sustituidas por infraestructuras más modernas.
Un edificio histórico con identidad propia
Este edificio histórico, que se ubica en el lado norte de la Plaça de l’Estació, en pleno centro urbano, es más que una simple instalación de transporte: es patrimonio ferroviario en activo. Se trata de un edificio rectangular de una sola planta,estructurado en tres cuerpos y caracterizado por una fachada simétrica de tonalidad rojiza con molduras blancas.
El edificio decimonónico de la estación de Cornellà. (Foto: Renfe)
Su estilo arquitectónico combina elementos neoclásicos y neobarrocos, en una composición ecléctica donde el ladrillo adquiere un protagonismo absoluto. Esta imagen exterior la ha convertido en uno de los referentes patrimoniales de Cornellà de Llobregat, más allá de su función como infraestructura de transporte. Su disposición recuerda a las edificaciones industriales del XIX y contrasta con las estaciones construidas en épocas posteriores, más orientadas a la funcionalidad estandarizada.
Además, este inmueble forma parte del paisaje urbano, no como un elemento aislado, sino como un punto de referencia que ha acompañado la evolución de la ciudad, de unos 90.000 habitantes, y de su vida cotidiana durante generaciones. Su presencia junto a plazas y calles emblemáticas ha ayudado a mantener viva la memoria del ferrocarril como motor del progreso. A pesar de su antigüedad, la estación continúa desempeñando un papel fundamental en la movilidad metropolitana del área de Barcelona, principalmente gracias a los usuarios de la línea R4 de Rodalies.
Rehabilitación y modernización en el siglo XXI
Reconociendo este valor histórico, Renfe ha iniciado recientemente una rehabilitación integral del edificio con un presupuesto de 2.092.064 euros. El objetivo es preservar su valor histórico y las características originales del espacio decimonónico mientras se adapta a las necesidades del transporte moderno, en particular en materia de accesibilidad y confort para el usuario.
Las obras incluyen la restauración de elementos exteriores, como la fachada, la cornisa y la balaustrada, así como la construcción de nuevas rampas de acceso y la incorporación de pasamanos adaptados a la normativa vigente. En el interior se reorganiza el vestíbulo principal, con una nueva zona de atención al viajero que sustituye a la antigua taquilla.
El proyecto también contempla la renovación de ascensores, la instalación de encaminamientos podotáctiles en andenes y pasos inferiores, la actualización de la red eléctrica de baja tensión y la mejora del drenaje y recogida de aguas pluviales, integrando infraestructuras modernas sin que se pierda el sello histórico del edificio. Esta intervención da continuidad a una primera fase ejecutada en 2023, cuando se invirtieron más de 200.000 euros para habilitar un nuevo acceso por el lado norte de las vías y facilitar la entrada a los usuarios.
El edificio mantiene viva la huella de la primera expansión ferroviaria española
Ese delicado equilibrio entre memoria y modernización sitúa a esta estación como algo más que un apeadero histórico: es la prueba de que el patrimonio industrial puede seguir cumpliendo su función sin convertirse en pieza de museo. Mientras los trenes continúan llegando y saliendo cada día, el edificio mantiene viva la huella de la primera expansión ferroviaria española y demuestra que conservar no significa detener el tiempo, sino adaptarlo a las necesidades del presente sin renunciar a su identidad.
A mediados del siglo XIX, la irrupción y desarrollo del ferrocarril marcó un antes y un después en España, al comenzar a extender sus vías por la península. Las locomotoras no solo acortaron distancias entre ciudades, sino que reconfiguró la economía, impulsaron barrios enteros alrededor de las estaciones y redefinieron la manera de desplazarse de miles de viajeros y comerciantes.