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Parece de cuento y está a menos de una hora de Santander: el diminuto pueblo medieval de España famoso por sus cascadas
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EL BALCÓN DEL SAJA

Parece de cuento y está a menos de una hora de Santander: el diminuto pueblo medieval de España famoso por sus cascadas

Este diminuto núcleo del municipio de Ruente se ha convertido en un lugar muy apreciado por su entorno natural y por la conocida Ruta de las Cascadas, uno de los recorridos más atractivos del Valle de Cabuérniga

Foto: Vista de un pequeño núcleo rural perteneciente al municipio cántabro de Ruente, situado en el Valle de Cabuérniga. (Wikiloc)
Vista de un pequeño núcleo rural perteneciente al municipio cántabro de Ruente, situado en el Valle de Cabuérniga. (Wikiloc)

Hay rincones del norte de España donde el paisaje parece detenido en otra época. Entre prados húmedos, bosques densos y el rumor constante del agua, surge un pequeño núcleo rural que sorprende por su tranquilidad y por un entorno natural que recuerda a los paisajes tranquilos de la Selva Negra alemana. Muy cerca del río Saja, este lugar mantiene una atmósfera difícil de encontrar en destinos más conocidos de Cantabria.

Ese lugar es Lamiña, una diminuta localidad del municipio cántabro de Ruente, en pleno Valle de Cabuérniga. Situado a unos 360 metros de altitud y con apenas un centenar de habitantes, este asentamiento aparece documentado ya en el año 978 y hoy cuenta con alrededor de un centenar de habitantes (101 según el INE en 2024). Su origen está ligado al antiguo monasterio de San Fructuoso, levantado durante la repoblación visigoda en la Alta Edad Media y y cuyo recuerdo se conserva hoy en la ermita levantada sobre aquel primitivo conjunto monástico.

Un pueblo medieval con encanto

Con el paso de los siglos, Lamiña quedó fuera del antiguo camino foramontano que conectaba distintos núcleos del territorio cántabro. Ese aislamiento relativo contribuyó a preservar el carácter campesino del pueblo, visible todavía en su entramado de calles estrechas, en las casas llanas alineadas a la entrada del núcleo y en las casonas tradicionales que mantienen la arquitectura rural del Valle de Cabuérniga.

Entre los elementos históricos más destacados figura precisamente la Ermita de San Fructuoso, levantada entre los siglos XVI y XVII sobre los restos del antiguo cenobio medieval. En su interior se conservan piezas de gran valor histórico, como columnas y un sarcófago prerrománico del siglo IX, testigos de uno de los periodos más antiguos documentados en el municipio de Ruente.

placeholder Imagen de la ermita de San Fructuoso, levantada sobre los restos de un antiguo monasterio altomedieval. (Wikiloc)
Imagen de la ermita de San Fructuoso, levantada sobre los restos de un antiguo monasterio altomedieval. (Wikiloc)

Las cascadas de Lamiña, su gran reclamo

Pero si algo ha dado fama a este pequeño pueblo de Cantabria es el paisaje que lo rodea. Desde sus alrededores parte la conocida ruta de las Cascadas de Lamiña, un sendero de unos siete kilómetros que atraviesa praderas, bosques y cursos de agua hasta llegar a un conjunto de saltos formados por la unión de los arroyos Moscadoiro y Barcenillas. El sonido del agua y la variedad de caídas —algunas estrechas, otras más anchas— crean uno de los parajes naturales más llamativos de la zona.

La ruta puede iniciarse en el propio pueblo o desde la cercana localidad de Barcenillas. En ambos casos, el camino discurre entre prados y bosque de ribera hasta unirse en un mismo sendero que se adentra en la vegetación siguiendo el curso del río. Allí, entre árboles y rocas cubiertas de musgo, aparecen las cascadas —también conocidas como cascadas de Úrsula—, uno de esos paisajes que explican por qué este pequeño pueblo mantiene intacta su reputación de rincón casi secreto del norte de España.

En Lamiña también es posible disfrutar de la gastronomía tradicional cántabra en establecimientos locales como Bar Casa Manolito, donde se preparan platos caseros muy vinculados a la cocina del valle. Entre sus especialidades destacan el cocido montañés, las verdinas a la marinera o el cachopín de jamón y queso, además de postres como la mousse de limón casera o la tarta tres leches. El pequeño pueblo se encuentra a unos 45 minutos de Santander en coche, con acceso por la A-67 y la A-8 hasta llegar al municipio de Ruente, desde donde una carretera local conduce hasta este tranquilo rincón del Valle de Cabuérniga.

Hay rincones del norte de España donde el paisaje parece detenido en otra época. Entre prados húmedos, bosques densos y el rumor constante del agua, surge un pequeño núcleo rural que sorprende por su tranquilidad y por un entorno natural que recuerda a los paisajes tranquilos de la Selva Negra alemana. Muy cerca del río Saja, este lugar mantiene una atmósfera difícil de encontrar en destinos más conocidos de Cantabria.

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