El distrito madrileño de Tetuán conserva entre sus calles una historia poco conocida que remite al antiguo Madrid del extrarradio y a uno de sus espacios de ocio más concurridos. A la altura del número 297 de la calle Bravo Murillo, el paisaje urbano actual apenas deja entrever que allí existió durante décadas un lugar que marcó la vida social de un barrio en plena expansión y que llegó a atraer a numerosos vecinos y visitantes.
El visitante que pasea hoy por ese punto puede encontrar apenas una placa discreta que recuerda lo que hubo allí. En ese solar se levantó la plaza de toros de Tetuán de las Victorias, un coso que funcionó entre finales del siglo XIX y la Guerra Civil. Aquel recinto fue uno de los centros de ocio más concurridos del barrio y escenario del debut en Madrid del joven novillero Manolete, el 1 de mayo de 1935.
La plaza de toros que marcó el extrarradio madrileño
La historia de esta plaza se remonta a 1870, cuando comenzó a construirse por iniciativa de un vecino vinculado al desarrollo de la barriada. Con el paso de los años el recinto cambió varias veces de propietarios e incluso llegó a utilizarse como corral para el ganado que se dirigía al Matadero de Madrid. A finales del siglo XIX recuperó su función taurina y en 1899 fue adquirido por Antonio Beltrán Berrás, quien impulsó una reforma que permitió su reapertura en 1900 como una plaza plenamente consolidada. Durante las primeras décadas del siglo XX el coso se convirtió en uno de los grandes atractivos del entonces suburbio de Chamartín de la Rosa.
Además de las corridas y novilladas, la plaza acogía becerradas populares organizadas por peñas del barrio, como la conocida becerrada de La Lata, una celebración anual que movilizaba a gran parte del vecindario de Tetuán de las Victorias. Aquellas jornadas festivas comenzaban con encierros en los que participaban vecinos a caballo, sobre burros e incluso en bicicleta, y continuaban con festejos que se prolongaban hasta la noche en tabernas y locales cercanos. Durante esas fechas muchos comercios del barrio cerraban para sumarse a la celebración, lo que convertía el entorno de Bravo Murillo en uno de los principales puntos de encuentro social del extrarradio madrileño en las primeras décadas del siglo XX.
Grupo de visitantes posa ante la entrada de la plaza de toros de Tetuán de las Victorias, en una imagen tomada en la década de 1930. (Facebook)
La Guerra Civil marcó el final de aquella etapa. Durante el conflicto el edificio fue utilizado como depósito de pólvora y en agosto de 1936 una explosión lo dañó gravemente. Nunca volvió a funcionar como plaza de toros y terminó desapareciendo en los años cincuenta. Hoy, el espacio entre las fachadas de Bravo Murillo mantiene una pequeña plaza ajardinada que recuerda, de forma casi silenciosa, uno de los lugares más emblemáticos del barrio de Tetuán.
El distrito madrileño de Tetuán conserva entre sus calles una historia poco conocida que remite al antiguo Madrid del extrarradio y a uno de sus espacios de ocio más concurridos. A la altura del número 297 de la calle Bravo Murillo, el paisaje urbano actual apenas deja entrever que allí existió durante décadas un lugar que marcó la vida social de un barrio en plena expansión y que llegó a atraer a numerosos vecinos y visitantes.