El precioso pueblo francés, a un paso de Cannes, en el que vivió Picasso a sus 82 años
Lejos del bullicio de los grandes destinos turísticos del Mediterráneo, Mougins se levanta sobre una colina y conserva un casco antiguo que parece detenido en el tiempo
Mougins, uno de los pueblos más bonitos de la Costa Azul francesa y situado a apenas 15 minutos de Cannes, se ha convertido en un destino imprescindible para los amantes del arte y los viajes con encanto. Este pequeño enclave medieval, rodeado de pinos, cipreses y olivos, guarda además una historia muy especial: fue el lugar elegido por Pablo Picasso para pasar los últimos años de su vida.
Lejos del bullicio de los grandes destinos turísticos del Mediterráneo, Mougins se levanta sobre una colina y conserva un casco antiguo que parece detenido en el tiempo. Sus calles empedradas se organizan en una curiosa forma de espiral que asciende hasta el corazón del pueblo, donde pequeñas plazas, fuentes de piedra y balcones con vistas al mar crean una atmósfera tranquila y casi cinematográfica.
El encanto de este lugar se percibe en cada rincón. Las fachadas en tonos ocres y rosados, las puertas azules y las paredes cubiertas de buganvillas dan al pueblo un aire de postal provenzal. Macetas colgantes, plantas trepadoras y faroles antiguos acompañan el paseo por callejuelas estrechas donde apenas circulan coches, lo que permite recorrerlo con calma y descubrir talleres, galerías y pequeñas tiendas de artesanía.
Mougins no solo es bonito: también respira arte. Durante décadas ha atraído a pintores, escritores y pensadores que buscaban inspiración lejos de las grandes ciudades. Jean Cocteau, Man Ray o Winston Churchill pasaron temporadas aquí, pero la figura que marcó definitivamente la historia del pueblo fue Pablo Picasso.
El artista malagueño llegó en 1961, cuando tenía 79 años, y se instaló en la masía de Notre-Dame-de-Vie, una casa rodeada de naturaleza en las afueras del pueblo. Allí continuó trabajando intensamente hasta el final de su vida. Picasso falleció en Mougins en 1973, a los 91 años, tras más de una década viviendo en este tranquilo rincón de la Provenza.
La huella del pintor sigue muy presente en la localidad. En el centro del pueblo se puede ver un busto dedicado al artista y, además, varios museos y galerías exhiben obras y fotografías relacionadas con su vida. Entre ellos destaca el Museo de Arte Clásico de Mougins, que reúne piezas antiguas junto a obras de artistas modernos como Dalí, Warhol o el propio Picasso.
Más allá de su vínculo con el arte, Mougins también es conocido por su ambiente gastronómico. La localidad se ha ganado fama dentro de la cocina francesa gracias a sus restaurantes y a eventos culinarios internacionales que reúnen a chefs de prestigio. En sus terrazas es habitual encontrar platos elaborados con productos locales, desde quesos y hierbas provenzales hasta vinos de la región.
Pasear por Mougins es dejarse llevar por un pueblo que combina historia, cultura y paisajes mediterráneos. Entre fuentes escondidas, plazas con terrazas y callejuelas llenas de flores, este rincón de la Costa Azul demuestra que, a pocos minutos del glamour de Cannes, todavía existen lugares donde el tiempo parece moverse a otro ritmo. Un escenario perfecto para entender por qué Picasso decidió vivir aquí sus últimos años.
Mougins, uno de los pueblos más bonitos de la Costa Azul francesa y situado a apenas 15 minutos de Cannes, se ha convertido en un destino imprescindible para los amantes del arte y los viajes con encanto. Este pequeño enclave medieval, rodeado de pinos, cipreses y olivos, guarda además una historia muy especial: fue el lugar elegido por Pablo Picasso para pasar los últimos años de su vida.