Hay construcciones que parecen fruto de un espejismo. La Torre de Santillana, conocida como la particular Torre de Belén madrileña, se alza sobre el embalse de Santillana, en Manzanares el Real, como si flotara sobre el agua en pleno corazón de la Sierra de Guadarrama. Su silueta esbelta y su aire neogótico isabelino desconciertan al visitante que la descubre entre montañas y reflejos azules.
Un icono neogótico sobre el embalse de Santillana
La historia comienza en 1907, cuando el rey Alfonso XIII inauguró el entonces embalse de Manzanares el Real, impulsado por Joaquín Arteaga y Echagüe, marqués de Santillana y duque del Infantado. La presa formaba parte del proyecto para desarrollar la primera red hidroeléctrica de Madrid y regular el cauce del río Manzanares. Como remate monumental de aquella infraestructura, se levantó esta torre octogonal de35 metros de altura, construida en granito labrado y diseñada para dialogar visualmente con el cercano Castillo de Manzanares el Real.
El paso del tiempo transformó el paisaje. A finales de los años sesenta, ya bajo la gestión del Canal de Isabel II, se construyó una nueva presa, más alta y con mayor capacidad, lo que provocó que el muro original quedara sumergido. La base de la torre quedó parcialmente cubierta por el agua, reforzando esa imagen de fortificación que emerge del embalse. En la actualidad, el embalse de Santillana se encuentra al 94,19 % de su capacidad, según datos de embalses.net, lo que intensifica aún más esa sensación de torre suspendida sobre la lámina de agua.
Patrimonio Natural a 50 kilómetros de Madrid
La torre, inspirada en modelos góticos vinculados al arquitecto Juan Guas y con elementos decorativos como bolas de piedra y el escudo del Real de Manzanares, fue concebida como un conjunto armónico junto al castillo. Durante un tiempo incluso se habilitó una pasarela para acceder a su interior cuando funcionó como museo, aunque hoy permanece cerrada y no es posible visitarla, lo que incrementa su halo de misterio.
Apenas a 50 kilómetros de la capital, este enclave forma parte de un entorno declarado Patrimonio Natural, frecuentado por senderistas y amantes de la naturaleza que se acercan a La Pedriza o recorren rutas junto al embalse. Desde la orilla, la Torre de Santillana continúa ejerciendo su magnetismo: un guiño arquitectónico que evoca a la Torre de Belém lisboeta, pero con acento madrileño y los pies —literalmente— sumergidos en la historia hidráulica de la región.
Hay construcciones que parecen fruto de un espejismo. La Torre de Santillana, conocida como la particular Torre de Belén madrileña, se alza sobre el embalse de Santillana, en Manzanares el Real, como si flotara sobre el agua en pleno corazón de la Sierra de Guadarrama. Su silueta esbelta y su aire neogótico isabelino desconciertan al visitante que la descubre entre montañas y reflejos azules.