El capricho de la naturaleza que tienes que ver una vez en la vida en Galicia: puerta de entrada a los senderistas en este rincón de Pontevedra
En un bosque gallego, tres moles de granito encajan como si alguien las hubiera colocado a propósito y, aun así, nadie se atreve a afirmarlo. El lugar se ha convertido en un imán para senderistas
El capricho de la naturaleza que tienes que ver una vez en la vida en Galicia. (Wikiloc/liliu)
En el corazón verde de Pontevedra, entre carballos y senderos forestales, se esconde uno de los grandes enigmas geológicos de Galicia. Esta colosal formación granítica, considerada puerta de entrada para senderistas en Caldas de Reis, desafía la lógica por su equilibrio imposible y su apariencia monumental en pleno monte.
Se trata de la Pedra Filga, ubicada en la parroquia de Santa María, en las inmediaciones de Arcos da Condesa. Este conjunto está formado por tres gigantescos penedos de granito que superan los diez metros de altura y que, ensamblados con una precisión sorprendente, evocan la imagen de una mesa ciclópea o incluso la entrada a un dolmen. Sin embargo, los estudios disponibles apuntan a que su origen responde a procesos naturales: la descompresión de las diaclasas generadas durante el enfriamiento del magma y la posterior erosión química y física a lo largo de millones de años.
Un enigma entre la geología y la leyenda
La singular disposición de este llamado 'bolo granítico' ha alimentado durante años la hipótesis de que pudiera tratarse de un monumento megalítico. Algunos cálculos estiman que el peso total del conjunto superaría las 3.800 toneladas, lo que, de confirmarse un origen humano, lo convertiría en el mayor dolmen de la península ibérica. No obstante, muchos vecinos aceptan la explicación geológica vinculada a la erosión y al trabajo constante del agua.
Más allá del debate científico, la Pedra Filga en Caldas de Reis es uno de los enclaves naturales más sorprendentes del Monte de O Seixo. El acceso resulta sencillo: desde la N-550 o la N-525, según el itinerario elegido, hay que desviarse hacia Arcos da Condesa y continuar hasta la aldea de A Ceboleira. Desde allí, una caminata de entre 650 metros y un kilómetro por pista forestal conduce hasta esta formación que emerge como un portal pétreo en medio del bosque. Integrada en un entorno de gran valor paisajístico, junto al jardín botánico centenario y la Fervenza de Segade, esta joya natural se ha convertido en una parada imprescindible para quienes buscan descubrir los caprichos más fascinantes de la naturaleza gallega.
En el corazón verde de Pontevedra, entre carballos y senderos forestales, se esconde uno de los grandes enigmas geológicos de Galicia. Esta colosal formación granítica, considerada puerta de entrada para senderistas en Caldas de Reis, desafía la lógica por su equilibrio imposible y su apariencia monumental en pleno monte.