Está en el interior y es precioso: el espectacular pueblo de España que tiene el mayor vecindario de cigüeñas del mundo y hay que visitar
Este rincón de La Rioja se ha convertido en un destino inesperado para quienes buscan naturaleza, tradición y una experiencia única que sorprende nada más llegar
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Lejos del turismo masivo, en el extremo oriental de La Rioja, existe un pueblo que ha convertido a las cigüeñas en parte de su paisaje urbano. La localidad no solo presume de historia, patrimonio y naturaleza, sino también de albergar la mayor colonia urbana de cigüeña blanca del planeta, un fenómeno que sorprende incluso a quienes creen haberlo visto todo viajando por España.
Basta levantar la vista para comprobar cómo las cornisas, torres y tejados se han transformado en improvisados hogares para cientos de aves. El epicentro de este espectáculo natural es la colegiata de San Miguel Arcángel, en el municipio de Alfaro. Se trata de un imponente templo de ladrillo de los siglos XVI y XVII que, además de ser el mayor de La Rioja, se ha convertido en un auténtico rascacielos para las cigüeñas. Más de un centenar de parejas anidan cada año sobre su cubierta, lo que eleva el censo total a cifras que pueden superar las quinientas aves.
Este singular “vecindario” ha hecho de Alfaro un destino cada vez más conocido. No es habitual poder observar tal concentración de cigüeñas sobre un solo edificio, y mucho menos en pleno casco urbano. La imagen que dibujan al amanecer o al atardecer han convertido la visita en una experiencia casi hipnótica.
Pero Alfaro es mucho más que sus famosas cigüeñas. Situada a unos 70 kilómetros de Logroño y lindando con Navarra, esta localidad de algo menos de 10.000 habitantes es la cabecera de la comarca que lleva su nombre y el municipio más extenso de toda La Rioja. El río Ebro marca su límite norte, mientras que el Alhama la rodea por el oeste.
El paseo por el casco histórico es el mejor punto de partida para descubrir la localidad. Calles tranquilas, plazas abiertas y casonas de ladrillo con influencia mudéjar aragonés definen un entramado urbano que invita a caminar sin prisas. La plaza de España concentra buena parte del interés monumental. Y es que, además de la colegiata, aquí se encuentra el antiguo ayuntamiento, hoy convertido en Oficina de Turismo y Centro de Interpretación de los Sotos del Ebro.
El interior de la colegiata merece una visita. Sus tres naves de igual altura, los retablos barrocos —entre ellos los de Juan de Arregui— y piezas singulares como un crucifijo gótico del siglo XIV o el sepulcro de Manuel Pérez de Araciel, arzobispo de Zaragoza, completan un conjunto que contrasta con el bullicio aéreo del exterior.
A pocos minutos a pie aparecen otros templos que hablan de la importancia histórica de Alfaro. La iglesia de Santa María del Burgo, con su retablo rococó, el monasterio de la Concepción, de estilo clasicista, o la iglesia de San Francisco, flanqueada por dos torres y con interesantes lienzos barrocos, conforman una conglomerado patrimonial sorprendente.
El barrio de la Puebla añade mucho más, con edificios como el palacio Sáenz de Heredia, mientras que el mirador de las Cigüeñas, en la plaza de la Esperanza, ofrece una de las mejores perspectivas para observar a estas aves sin perder detalle. No faltan tampoco rincones como la antigua cárcel, que conserva celdas y sótanos de castigo y recuerda otras épocas.
Quienes busquen naturaleza, deben saber que Alfaro es un aliado perfecto. A las afueras se extiende la Reserva Natural de los Sotos del Ebro, un ecosistema de bosques de ribera donde conviven numerosas especies de aves y que resulta ideal para pasear, observar fauna o simplemente desconectar. Muy cerca se localizan también el yacimiento de Eras de San Martín-Graccurris, que revela el pasado celtíbero y romano del municipio, y las ruinas del Ninfeo, ligadas a antiguos cultos vinculados al río Alhama. Desde el mirador del Castillo, las vistas panorámicas del entorno ofrecen unas vistas únicas.
Además, la gastronomía completa la experiencia. Alfaro cuenta con una sólida tradición agroalimentaria basada en el regadío y los productos hortofrutícolas, lo que se refleja en su cocina. Restaurantes y mesones locales permiten saborear platos de la huerta, carnes y recetas de siempre, ideales para reponer fuerzas tras un día de turismo.
Viajar a Alfaro es descubrir un destino diferente, donde la historia convive con la naturaleza y donde las cigüeñas no son un detalle anecdótico, sino auténticas protagonistas del paisaje.
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