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Es precioso y parece Irlanda, pero está en España: el espectacular acantilado que es una joya y hay que visitar sí o sí este año
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Es precioso y parece Irlanda, pero está en España: el espectacular acantilado que es una joya y hay que visitar sí o sí este año

Verde intenso y una sensación de fin del mundo convierten este rincón del norte de Galicia en uno de los paisajes más impactantes del litoral español

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Hay lugares en España que son capaces de hacer dudar a los visitantes dónde están. Paisajes que, por su verde, el rugido del mar y los acantilados afilados, podrían pasar perfectamente por la costa irlandesa. Uno de ellos se encuentra en Galicia y, más en concreto, en la provincia de A Coruña. Los acantilados de Loiba, en el municipio de Ortigueira, son uno de esos destinos que sorprenden a los viajeros y que, una vez descubiertos, se quedan grabados en la memoria.

Este rincón del litoral gallego es conocido desde hace años por albergar lo que muchos consideran el banco más bonito del mundo, pero reducir Loiba a una simple fotografía viral sería quedarse muy corto. Aquí el protagonista es el paisaje: una sucesión de paredes verticales que se precipitan al mar, un océano que cambia de color según la luz del día y una sensación de naturaleza salvaje difícil de encontrar en otros puntos de la costa española.

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Uno de los grandes impactos para quien llega por primera vez es el color del agua. En días despejados, el mar adquiere tonos turquesa y verdes. Eso sí, basta con acercar la mano para comprobar que la temperatura no invita mucho a darse un baño. Aun así, el espectáculo visual es tan potente que compensa.

Los acantilados de Loiba marcan casi una frontera entre dos mundos. En este punto se difumina la separación entre el mar Cantábrico y el océano Atlántico, lo que explica la fuerza del oleaje y la espectacularidad del paisaje. Las paredes rocosas alcanzan alturas que oscilan entre los 80 y los 160 metros en algunos tramos, creando una de las panorámicas más impresionantes del norte peninsular.

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Este tramo de costa se extiende desde Punta Bandexa hasta las inmediaciones de la playa de Esteiro, ya en el límite entre los municipios de Ortigueira y Mañón. A lo largo de este recorrido se suceden miradores naturales, senderos costeros y pequeñas calas escondidas. Es una zona ideal para los amantes del senderismo, con rutas bien señalizadas que permiten descubrir el litoral paso a paso.

Playas salvajes y cuevas marinas

Entre los acantilados se abren paso arenales de gran belleza y poco frecuentados, incluso en verano. Playas como O Picón, Os Castros, Coitelo, Ribeira Grande o la conocida Praia Furada ofrecen un paisaje único, muy alejado del turismo masivo. Algunas de ellas solo se dejan ver desde lo alto, otras requieren bajar a pie, lo que añade un punto de aventura a la visita.

La acción constante del mar ha esculpido también cuevas y galerías naturales conocidas en Galicia como furnas. Estas formaciones son especialmente visibles en zonas como Punta da Pena Furada, donde el choque de las olas contra la roca crea un espectáculo sonoro y visual que impresiona incluso en días tranquilos. En jornadas de fuerte oleaje, el lugar muestra su cara más salvaje y recuerda por qué esta costa siempre ha sido tan respetada por marineros y pescadores.

Pero si hay una imagen que ha dado la vuelta al mundo es la del banco situado al borde del acantilado. Un sencillo asiento de madera colocado estratégicamente frente al océano. Se encuentra en el mirador de O Coitelo y se ha convertido en parada obligatoria para todo aquel que visita la zona. La fama llegó tras un concurso de fotografía y una frase escrita por un grupo escocés que actuó en el Festival de Ortigueira, pero el éxito del banco va más allá de cualquier anécdota.

Cómo llegar y cuándo visitarlo

Loiba es una pequeña aldea perteneciente a la parroquia de San Xulián de Loiba, dentro del municipio de Ortigueira. El acceso se realiza por la carretera AC-862, desde la que hay que desviarse para llegar al aparcamiento del mirador. Desde allí parten varios caminos que permiten explorar la zona a pie sin dificultad.

La mejor época para visitar los acantilados es la primavera y el verano, cuando los días son más largos y el clima acompaña. Aun así, el otoño también ofrece estampas espectaculares, con menos gente. En invierno, aunque el paisaje es impresionante, conviene extremar la precaución por el viento y el estado de los senderos.

Los acantilados de Loiba son uno de esos lugares que demuestran que no hace falta salir de España para encontrar paisajes de postal. Son una joya del norte que merece una visita sin prisas. Un rincón que parece Irlanda, pero que habla gallego y sabe a Atlántico.

Hay lugares en España que son capaces de hacer dudar a los visitantes dónde están. Paisajes que, por su verde, el rugido del mar y los acantilados afilados, podrían pasar perfectamente por la costa irlandesa. Uno de ellos se encuentra en Galicia y, más en concreto, en la provincia de A Coruña. Los acantilados de Loiba, en el municipio de Ortigueira, son uno de esos destinos que sorprenden a los viajeros y que, una vez descubiertos, se quedan grabados en la memoria.

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