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Tienes que verlo una vez en la vida: el monumento perdido en un bosque de Cantabria que es una joya de la arquitectura mozárabe
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DECLARADO BIC EN 1931

Tienes que verlo una vez en la vida: el monumento perdido en un bosque de Cantabria que es una joya de la arquitectura mozárabe

Rodeado de árboles centenarios en el valle de Iguña, esta construcción que data del siglo X se alza como un vestigio silencioso del arte mozárabe en Cantabria

Foto: Templo de estilo mozárabe prerrománico, oculto entre la vegetación de una vaguada al norte de Bostronizo. (Flickr)
Templo de estilo mozárabe prerrománico, oculto entre la vegetación de una vaguada al norte de Bostronizo. (Flickr)

Declarada Bien de Interés Cultural en 1931, la ermita de San Román de Moroso, uno de los ejemplos más singulares del arte mozárabe en Cantabria, se esconde entre la vegetación cerrada de los montes de Bostronizo, en Arenas de Iguña. Su ubicación, rodeada de robles centenarios y a orillas de un arroyo silencioso, la convierte en uno de los templos medievales más recónditos de España.

A simple vista, el visitante podría pensar que se trata de una ruina olvidada por el tiempo. Pero nada más lejos de la realidad. La ermita de San Román de Moroso ha sobrevivido más de mil años como testigo de la espiritualidad y la arquitectura de repoblación. Su historia, tan intrigante como el lugar donde se levanta, ha estado ligada a figuras como la reina doña Urraca o al propio monasterio de Santo Domingo de Silos, al que fue donada en 1119.

Una iglesia mozárabe del siglo X en plena naturaleza

Se trata de una construcción humilde en dimensiones —doce metros de largo por seis de ancho— pero monumental por su significado histórico. Edificada probablemente en el siglo X, presenta una única nave rectangular cubierta con armadura de madera y un ábside cuadrangular orientado hacia el este. El acceso se realiza a través de una puerta en el muro norte, formada por un arco de herradura sin columnas, cuyo diseño responde posiblemente a la orografía irregular del entorno.

La decoración exterior se concentra en los modillones del alero, tallados con motivos florales, geométricos y esvásticas, representaciones profanas que fueron cristianizadas por los visigodos y adoptadas por los mozárabes. En el ábside, una pequeña ventana en forma de cerradura aparece enmarcada por una cruz patada, aportando un toque simbólico al conjunto. La espadaña que remata el hastial es de época posterior.

Testimonio arqueológico del pasado altomedieval

Junto a la ermita, al norte, se excavó una necrópolis altomedieval donde se hallaron tumbas de lajas, sarcófagos e incluso fragmentos de cerámica litúrgica, como una jarra de bronce visigótica que hoy se conserva en el Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria. En el interior del templo se exponen elementos recuperados en dichas excavaciones, como un fuste de columna y un capitel decorado con palmetas y arcos de herradura invertidos, que permiten reconstruir parte del pasado espiritual y artístico del lugar.

Aunque a menudo se compara con Santa María de Lebeña, San Román de Moroso destaca por su singularidad. Mientras la iglesia lebaniega muestra una estructura compleja, esta ermita cántabra es mucho más austera, pero no por ello menos valiosa. Su carácter solitario, su relación con el arte de repoblación oriental y su cuidada sillería hacen de ella una pieza fundamental para entender el arte mozárabe en la cornisa cantábrica.

Foto: ermita-cantabria-dentro-de-una-cueva-playa-santa-justa

Cómo llegar hasta este rincón único de Cantabria

Para acceder al lugar, hay que salir desde Torrelavega por la Autovía de la Meseta y tomar la salida hacia Arenas de Iguña. Desde allí, el camino continúa por Raicedo y luego hacia Bostronizo, siguiendo una pista forestal hasta una señal que indica la presencia de este monumento mozárabe. Durante el verano, la ermita está abierta al público; el resto del año es necesario contactar con el Ayuntamiento de Arenas de Iguña.

Pese a su modesta apariencia y su aislamiento geográfico, la ermita de San Román de Moroso representa uno de los ejemplos más significativos del patrimonio altomedieval del norte de España. Su conservación, en medio de un paisaje prácticamente intacto, permite al visitante no solo contemplar un vestigio único del arte mozárabe, sino también sumergirse en un entorno natural y espiritual que ha permanecido casi inalterado durante más de mil años.

Declarada Bien de Interés Cultural en 1931, la ermita de San Román de Moroso, uno de los ejemplos más singulares del arte mozárabe en Cantabria, se esconde entre la vegetación cerrada de los montes de Bostronizo, en Arenas de Iguña. Su ubicación, rodeada de robles centenarios y a orillas de un arroyo silencioso, la convierte en uno de los templos medievales más recónditos de España.

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