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Es de interior y parece Italia, pero está en España: el espectacular pueblo al que hay que ir una vez en la vida y es una joya
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PERFECTO PARA UNA ESCAPADA

Es de interior y parece Italia, pero está en España: el espectacular pueblo al que hay que ir una vez en la vida y es una joya

Pocos destinos del interior consiguen unir historia milenaria, paisajes de montaña y un casco antiguo que invita a perderse, con la sensación constante de estar descubriendo algo único

Foto: Foto: iStock.
Foto: iStock.

Hay lugares del interior de España que rompen por completo con los tópicos. Calles empinadas, fachadas de piedra dorada, palacios históricos y una fortaleza que domina el paisaje como si estuviera en la Toscana. Todo envuelto en un ritmo pausado, donde el pasado se respira a cada paso y la naturaleza aparece a la vuelta de la esquina. Un destino que sorprende incluso a los viajeros más curtidos y que demuestra que no hace falta cruzar fronteras para sentir Italia.

Ese lugar es Mula, una de las grandes joyas escondidas de la Región de Murcia. Situada en el interior y rodeada de montañas, esta localidad combina historia milenaria, patrimonio monumental y paisajes naturales que invitan a quedarse más tiempo del previsto. Pasear por Mula es viajar desde la época romana hasta el esplendor barroco sin apenas darse cuenta.

El perfil del pueblo está marcado por el Castillo de los Vélez, una fortaleza renacentista del siglo XVI que se alza sobre una peña escarpada y ofrece una de las estampas más espectaculares del sureste español. Más que una construcción defensiva al uso, el castillo fue una demostración de poder señorial y hoy sigue siendo el gran símbolo de la ciudad. Desde sus alrededores, las vistas del casco histórico recuerdan a algunos pueblos del centro de Italia, con tejados escalonados y calles que se adaptan al relieve.

A los pies del castillo se extiende el Conjunto Histórico, declarado Bien de Interés Cultural. El antiguo barrio medieval conserva el trazado de la medina musulmana, con callejuelas estrechas, plazas recogidas y rincones llenos de encanto. La Plaza del Ayuntamiento es uno de los puntos clave, presidida por la Torre del Reloj y por el Monumento al Tamborista, que rinde homenaje a la famosa Noche de los Tambores, una de las tradiciones más singulares de la Semana Santa.

Mula también presume de un importante legado religioso y artístico. El Real Monasterio de la Encarnación, de estilo barroco, custodia la venerada reliquia de la Santa Espina. Muy cerca, la Iglesia de San Miguel alberga un museo con piezas de gran valor histórico, mientras que el antiguo Convento de San Francisco se ha convertido en el Museo de la Ciudad, un recorrido imprescindible para entender la evolución del municipio a lo largo de los siglos.

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Para los amantes de la arqueología, la experiencia continúa fuera del casco urbano. A pocos kilómetros se encuentra la Villa Romana de Los Villaricos, uno de los complejos rurales romanos mejor conservados del sureste peninsular, con mosaicos, termas y restos de antiguas explotaciones agrícolas. A esto se suma el Museo de Arte Ibérico de El Cigarralejo, referencia internacional por su colección de ajuares funerarios íberos.

El entorno natural es otro de los grandes atractivos. Mula actúa como puerta de entrada al Parque Natural de Sierra Espuña, un auténtico pulmón verde con rutas de senderismo entre pinares y miradores espectaculares. También destacan enclaves como Fuente Caputa, con pozas de agua cristalina, o el Embalse de la Cierva, ideal para el avistamiento de aves y los paseos tranquilos.

La visita se completa con una parada imprescindible en Los Baños de Mula, conocidos desde la Antigüedad por sus aguas termales. Balnearios históricos y piscinas naturales permiten relajarse como lo hacían ya los romanos, cerrando así una escapada que mezcla cultura, naturaleza y bienestar.

Hay lugares del interior de España que rompen por completo con los tópicos. Calles empinadas, fachadas de piedra dorada, palacios históricos y una fortaleza que domina el paisaje como si estuviera en la Toscana. Todo envuelto en un ritmo pausado, donde el pasado se respira a cada paso y la naturaleza aparece a la vuelta de la esquina. Un destino que sorprende incluso a los viajeros más curtidos y que demuestra que no hace falta cruzar fronteras para sentir Italia.

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