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Parece Sevilla, pero está en Tarragona: la "otra giralda" española que es una auténtica joya y hay que visitar una vez en la vida
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Parece Sevilla, pero está en Tarragona: la "otra giralda" española que es una auténtica joya y hay que visitar una vez en la vida

Una torre de inspiración andalusí, un palacete inesperado y una historia nacida de un viaje convierten este rincón catalán en una de esas sorpresas patrimoniales que rompen cualquier idea sobre el paisaje del norte de España

Foto: (Fuente: La Giralda de l'Arboç)
(Fuente: La Giralda de l'Arboç)

Hay viajes que sorprenden sin necesidad de recorrer cientos de kilómetros. A veces basta con desviarse de la ruta habitual para encontrarse con paisajes, edificios y rincones que parecen sacados de otro lugar. En Cataluña existe uno de esos espacios capaces de descolocar al visitante desde el primer vistazo: una torre que recuerda de forma inmediata a la Sevilla más monumental, con su aire andalusí, su silueta inconfundible y una presencia que no encaja a primera vista con el entorno que la rodea.

Quien llega por primera vez suele detenerse, mirar dos veces y pensar que hay algo no cuadra. No es habitual encontrar una construcción de inspiración árabe tan fiel al original fuera de Andalucía, y menos aún una réplica tan reconocible como esta. El secreto está en la historia de una pareja acomodada, en un viaje de bodas que dejó huella y en el deseo de trasladar al norte la belleza que habían descubierto en el sur. Solo al final de este segundo párrafo se despeja la incógnita: esta sorprendente giralda no está en Sevilla, sino en l’Arboç, una localidad del Baix Penedès, en Tarragona.

placeholder (Fuente: Pueblos de Cataluña)
(Fuente: Pueblos de Cataluña)

La conocida como Giralda de l’Arboç no es una simple torre aislada, sino el elemento más llamativo de un conjunto arquitectónico mucho más amplio. Se trata de un palacete de estilo neoárabe, levantado a principios del siglo XX, que bebe directamente de algunos de los grandes iconos del arte andalusí. Su promotor fue Joan Roquer Marí, vecino del municipio, que tras su luna de miel por Andalucía decidió reproducir en su tierra aquellos edificios que más le habían impresionado. El resultado es una obra singular que combina exotismo, ambición estética y una fidelidad sorprendente a los modelos originales.

Las obras finalizaron en 1908 y estuvieron dirigidas por el propio Roquer, con la ejecución a cargo de un maestro de obras local. La torre, con sus 52 metros de altura, se ha convertido desde entonces en uno de los símbolos más reconocibles del municipio. Su perfil, inspirado claramente en la Giralda sevillana, destaca desde la distancia y marca el paisaje urbano de l’Arboç, hasta el punto de que muchos visitantes llegan atraídos únicamente por esta construcción.

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Pero el complejo va mucho más allá de la torre. En su interior y alrededores aparecen recreaciones de otros espacios míticos de la arquitectura española. Hay referencias claras al Patio de los Leones de la Alhambra de Granada y al Salón de los Embajadores de los Reales Alcázares de Sevilla, integradas con un cuidado extremo por el detalle. Arcos de herradura, arcos lobulados, arabescos y motivos geométricos se suceden en una decoración que busca trasladar al visitante directamente a Al-Ándalus, sin abandonar Cataluña.

Uno de los aspectos más llamativos del conjunto es el rigor con el que se abordó su diseño. Los materiales y los elementos decorativos siguen modelos reales, basados en fotografías tomadas durante aquel viaje a Andalucía que lo cambió todo. No se trata de una interpretación libre, sino de un intento consciente de reproducir formas, proporciones y estilos, algo poco habitual en construcciones privadas de la época.

Cómo visitarla y precios

Visitar la Giralda de l’Arboç no es como entrar en un museo convencional. El recinto es de titularidad privada y solo admite visitas concertadas, siempre de forma guiada. Estas visitas tienen una duración aproximada de una hora y permiten recorrer los espacios principales mientras se explica la historia del edificio, su simbolismo y el contexto en el que fue construido. Es una experiencia pensada para comprender el lugar, no solo para fotografiarlo.

En cuanto al precio, la organización apuesta por tarifas de grupo. Para grupos numerosos, el coste es más reducido por persona, mientras que los grupos pequeños pagan una cantidad cerrada. Su precio es de 10 euros/persona para grupos de más de 20 personas. Los niños de hasta seis años acceden de forma gratuita. Las reservas se gestionan a través de la Oficina de Turismo local, que centraliza las solicitudes y organiza los grupos cuando es necesario.

La visita a esta singular giralda puede completarse fácilmente con un paseo por el propio municipio. L’Arboç es conocido popularmente como el pueblo de las casas bonitas, y basta con recorrer su núcleo antiguo para comprobar que no es una exageración. Calles tranquilas, edificios con historia y un ambiente que invita a caminar sin prisas convierten la localidad en una parada agradable, especialmente para una escapada de un día.

Un buen punto de partida es la Oficina de Turismo, ubicada en un edificio modernista que alberga también el Museo del Encaje de Bolillos. Este oficio tradicional, profundamente arraigado en el municipio, forma parte de la identidad local y ha sido reconocido como Oficio Singular de Cataluña. A ello se suman celebraciones y tradiciones muy vivas, como su Fiesta Mayor o danzas populares que figuran entre las más antiguas del territorio.

Hay viajes que sorprenden sin necesidad de recorrer cientos de kilómetros. A veces basta con desviarse de la ruta habitual para encontrarse con paisajes, edificios y rincones que parecen sacados de otro lugar. En Cataluña existe uno de esos espacios capaces de descolocar al visitante desde el primer vistazo: una torre que recuerda de forma inmediata a la Sevilla más monumental, con su aire andalusí, su silueta inconfundible y una presencia que no encaja a primera vista con el entorno que la rodea.

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