El desconocido pueblo de Asturias con más obras de arte que habitantes: el destino perfecto para descubrir este invierno
Escondido entre montañas y silencios, este enclave del concejo de Ibias se ha transformado en un museo al aire libre gracias a una vecina con vocación artística, amor por lo cotidiano y profunda conexión con su tierra
Un retrato mural de un anciano encendiendo su pipa, pintado en una pequeña aldea asturiana. (artemariadelroxo.com)
Villaoril, una pequeña aldea en el concejo de Ibias, se ha convertido en un inesperado destino de invierno gracias a un proyecto artístico que ha llenado sus casas de murales rurales y esculturas que rinden homenaje a sus vecinos. Con solo doce habitantes y más obras que personas censadas, este rincón de Asturias es ya un museo al aire libre en plena montaña.
A simple vista, la aldea parece otra más del occidente asturiano, con sus tejados de pizarra negra, hórreos tradicionales y un silencio apenas roto por el viento. Pero al recorrer sus calles, lo que aparece en puertas, ventanas y fachadas sorprende incluso al visitante más atento: retratos realistas, escenas domésticas y figuras humanas que parecen formar parte del paisaje. La autora de estas intervenciones es María del Roxo, una artista con raíces en el pueblo que ha transformado Villaoril en un escenario artístico único.
Murales que cuentan historias
Todo comenzó en 2008, cuando la artista decidió embellecer el lateral de un garaje con un mural dedicado a sus padres y otros vecinos. Años después, su iniciativa tomó forma como proyecto colectivo bajo el título Érase una vez en Villaoril. Desde entonces, ha pintado a mujeres barriendo, paisanos asomados a puertas partidas o niñas que observan desde una falsa ventana, integrando la memoria viva del lugar con un estilo íntimo y respetuoso.
Las obras no buscan el impacto de los grandes murales urbanos, sino una integración natural en la arquitectura local. Se trata de intervenciones pequeñas, realizadas sobre madera o directamente en los muros, siempre utilizando materiales sostenibles. El objetivo no es solo atraer turismo rural, sino hacer que la aldea conserve su alma habitada, incluso durante los fríos meses de invierno.
Villaoril forma parte del concejo de Ibias, una zona poco transitada, pero rica en cultura, historia y paisajes. Este enclave fronterizo con Galicia y León fue territorio aurífero del Imperio romano y conserva elementos etnográficos únicos, como las pallozas, los vestigios de la cultura cunqueira o los viñedos de alta montaña. Además, parte de su territorio pertenece a la Reserva de la Biosfera Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias.
Las rutas de senderismo, como la del Dolmen de Seroiro o el Desfiladero de Bustelín, se suman al atractivo cultural que ahora ofrece Villaoril. Aunque el acceso no es inmediato —dos horas desde Oviedo por la CL-626—, la recompensa es un viaje al corazón de un pueblo que ha sabido reinventarse desde su propia memoria. Y lo ha hecho con pinceles, puertas abiertas y arte hecho a escala humana.
Villaoril, una pequeña aldea en el concejo de Ibias, se ha convertido en un inesperado destino de invierno gracias a un proyecto artístico que ha llenado sus casas de murales rurales y esculturas que rinden homenaje a sus vecinos. Con solo doce habitantes y más obras que personas censadas, este rincón de Asturias es ya un museo al aire libre en plena montaña.