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El balneario de Extremadura con termas romanas de más de dos mil años: declarado Patrimonio de la Humanidad y un regalo para los sentidos
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El balneario de Extremadura con termas romanas de más de dos mil años: declarado Patrimonio de la Humanidad y un regalo para los sentidos

Entre colinas extremeñas se conserva un enclave donde el agua caliente ha marcado la vida y la historia durante siglos. Un lugar en el que el descanso y la herencia romana se funden en una experiencia única para los sentidos

Foto: El balneario de Extremadura con termas romanas de más de dos mil años. (Balneario de Alange)
El balneario de Extremadura con termas romanas de más de dos mil años. (Balneario de Alange)

En el corazón de Extremadura se esconde un enclave termal que combina historia milenaria, bienestar y patrimonio reconocido a nivel internacional. Sus aguas mineromedicinales brotan desde las profundidades de la tierra y han sido utilizadas desde hace siglos con fines terapéuticos, convirtiendo este lugar en un auténtico refugio para el descanso físico y mental. La singularidad de sus instalaciones y la huella de las civilizaciones que lo ocuparon lo han consolidado como uno de los espacios termales más valiosos de España.

Este lugar no es otro que el Balneario de Alange, situado en la provincia de Badajoz. Sus dos termas romanas circulares, fechadas en el siglo III d. C., son el elemento más emblemático del conjunto y le valieron su declaración como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1993. La existencia de una ara votiva dedicada a la diosa Juno, hallada en el recinto, confirma su uso en época romana y la importancia que tuvo como centro termal cercano a la antigua Emerita Augusta. Estas estructuras, cubiertas por cúpulas originales, conviven hoy con galerías de duchas y espacios rehabilitados en el siglo XIX, respetando la esencia histórica del lugar.

Un legado histórico que sigue vivo

Tras la caída del Imperio romano, la tradición termal se mantuvo durante la etapa árabe, de la que procede el propio nombre de Alange, que significa “agua de Alá”. Sin embargo, el complejo cayó en el abandono durante siglos hasta que, en el XVIII, comenzó su recuperación. El impulso definitivo llegó en el siglo XIX, cuando el médico local Abdón Berbén adquirió las termas y promovió una profunda reforma que incorporó jardines, bañeras de mármol italiano y nuevas piscinas, integrando las construcciones históricas con instalaciones modernas.

En la actualidad, el balneario continúa gestionado por la misma familia y se ha consolidado como una destacada estación termal. Sus aguas emergen a temperaturas de entre 25 y 34 grados y están indicadas para tratar problemas musculares, afecciones respiratorias y dermatológicas, así como trastornos relacionados con el estrés y la ansiedad. El centro ofrece distintos circuitos termales —Relax, Romano y Belleza— y una amplia gama de técnicas hidrotermales y tratamientos personalizados. Además, participa en programas sociales como el IMSERSO y planes de termalismo provincial, facilitando el acceso a la experiencia termal a un mayor número de personas. Tras el cierre por fin de temporada, el complejo reabrirá el próximo 9 de marzo de 2026, retomando su actividad como uno de los grandes referentes del turismo de bienestar en Extremadura.

En el corazón de Extremadura se esconde un enclave termal que combina historia milenaria, bienestar y patrimonio reconocido a nivel internacional. Sus aguas mineromedicinales brotan desde las profundidades de la tierra y han sido utilizadas desde hace siglos con fines terapéuticos, convirtiendo este lugar en un auténtico refugio para el descanso físico y mental. La singularidad de sus instalaciones y la huella de las civilizaciones que lo ocuparon lo han consolidado como uno de los espacios termales más valiosos de España.

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