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Descubre el 'Koh Tao vasco': el islote de la costa vizcaína al que solo se puede entrar cuando baja la marea
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Descubre el 'Koh Tao vasco': el islote de la costa vizcaína al que solo se puede entrar cuando baja la marea

Pinos, acantilados y restos arqueológicos se concentran en un islote que parece sacado de otro continente y está a medio camino entre Bilbao y San Sebastián

Foto: Un estrecho paso de hormigón emerge con la marea baja y conecta la playa con un pequeño islote de la costa vizcaína. (Extraída de Facebook/Ander Arrieta)
Un estrecho paso de hormigón emerge con la marea baja y conecta la playa con un pequeño islote de la costa vizcaína. (Extraída de Facebook/Ander Arrieta)

Solo cuando el Cantábrico lo permite, un estrecho espigón cubierto de musgo conecta la playa con uno de los lugares más insólitos del País Vasco: la isla de Garraitz o San Nicolás, un paraíso cambiante que emerge frente a Lekeitio. Apodada por algunos viajeros como el 'Koh Tao vasco', esta isla vizcaína comparte con su homóloga tailandesa algo más que su forma alargada y su aislamiento: un magnetismo natural que atrapa al visitante desde el primer vistazo.

Desde la distancia, parece una isla como tantas otras. Verde, escarpada, serena. Sin embargo, basta observar durante unas horas cómo cambia su contorno para descubrir que no es un simple peñasco frente al mar. Aquí el acceso no lo marca una carretera, ni un puente, ni siquiera una embarcación. Lo marca la marea. Y si el Cantábrico no da su permiso, no hay forma de llegar.

Una isla que aparece y desaparece

Ubicada entre Bilbao y San Sebastián, la isla de Garraitz —también conocida como San Nicolás— protagoniza uno de los paisajes más fascinantes de la costa vizcaína. Su carácter de isla intermitente la convierte en una experiencia única: solo se puede acceder a pie durante las horas de bajamar, cuando el mar descubre un antiguo malecón de piedra que nace en la playa de Isuntza.

También es posible cruzar desde la playa de Karraspio, caminando directamente sobre la arena. Pero no hay margen para errores: si no se consulta el horario de mareas, regresar puede suponer un baño inesperado. Este peculiar acceso convierte la visita en una especie de ritual: primero se estudia el calendario, luego se emprende la travesía, y por último se contempla el horizonte desde lo alto del islote.

Un lugar marcado por la historia y el aislamiento

A pesar de su aspecto salvaje y su tranquilidad actual, la isla ha desempeñado múltiples funciones a lo largo de los siglos. En tiempos de epidemia, como durante la peste del siglo XVI, fue utilizada como lugar de cuarentena para aislar a los enfermos. También acogió una ermita dedicada a San Nicolás de Bari, un convento franciscano e incluso instalaciones defensivas durante la Guerra de Independencia.

Restos arqueológicos repartidos por sus 6,5 hectáreas dan fe de esta intensa historia. En 2019, el Gobierno Vasco la declaró parque arqueológico tras hallazgos como monedas medievales, fortificaciones y una mandíbula humana. Subir a su mirador, además de regalar vistas de postal, es también un viaje al pasado.

placeholder Vista panorámica de la isla de Garraitz o San Nicolás, frente a la costa de Lekeitio. (Escapada Rural)
Vista panorámica de la isla de Garraitz o San Nicolás, frente a la costa de Lekeitio. (Escapada Rural)

Un plan perfecto entre naturaleza, cultura y gastronomía

Con apenas 250 metros de longitud y 48 metros de altura, la isla de San Nicolás ofrece un pequeño sendero señalizado, playas escondidas durante la pleamar y rincones ideales para un pícnic con sabor a Cantábrico. El silencio solo lo rompe el viento entre los pinos y el grito ocasional de alguna gaviota. Es un lugar que se disfruta sin prisa, a golpe de mirada.

Después de la visita, el puerto de Lekeitio completa la experiencia. Allí aguardan las tabernas con sus pintxos de bacalao, las raciones de rabas o el pescado fresco a la parrilla. Todo ello convierte a Garraitz en algo más que un islote: en un lugar donde la naturaleza impone sus normas y el viajero solo puede rendirse a su encanto.

Solo cuando el Cantábrico lo permite, un estrecho espigón cubierto de musgo conecta la playa con uno de los lugares más insólitos del País Vasco: la isla de Garraitz o San Nicolás, un paraíso cambiante que emerge frente a Lekeitio. Apodada por algunos viajeros como el 'Koh Tao vasco', esta isla vizcaína comparte con su homóloga tailandesa algo más que su forma alargada y su aislamiento: un magnetismo natural que atrapa al visitante desde el primer vistazo.

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