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El castillo del siglo XIX muy bien conservado que es una joya: está en el norte y hay que visitarlo
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ESCAPADA POR ESPAÑA

El castillo del siglo XIX muy bien conservado que es una joya: está en el norte y hay que visitarlo

Asturias esconde una fortaleza del siglo XIX que sorprende por su estado de conservación y por la historia que aún late entre sus muros cubiertos de yedra

Foto: Castillo de Las Caldas
Castillo de Las Caldas

España se ha convertido en los últimos años en uno de los mayores referentes turísticos a nivel mundial, sobre todo en lo que a castillos se refiere. Desde algunos que vigilan las mesetas, hasta fortalezas que emergen entre bosques, acantilados o valles. Lo cierto es que el patrimonio defensivo español es uno de los más ricos de Europa. Muchas de estas construcciones han sobrevivido a batallas, incendios y reconstrucciones, y hoy funcionan como miradores del pasado que siguen despertando la imaginación de quienes los visitan.

Entre esas joyas repartidas por el territorio, hay una que destaca por su encanto silencioso, su estado de conservación y su ubicación en un entorno natural privilegiado. A simple vista parece un castillo de cuento, envuelto por árboles y cubierto de yedra, como si se hubiera quedado atrapado en otra época. Solo tras adentrarse un poco más entre los caminos arbolados se descubre su identidad: el Castillo de Las Caldas, también llamado Castillo de Priorio, una fortaleza histórica ubicada en Oviedo, dentro de la parroquia de Las Caldas – Les Caldes.

placeholder Castillo de Las Caldas
Castillo de Las Caldas

Este castillo, situado muy cerca del río Gafo —afluente del Nalón—, no solo llama la atención por su estética, sino también por la historia que encierra. Aunque su apariencia actual responde a una construcción del siglo XIX, en este mismo lugar ya existía en el siglo VIII un fortín erigido por orden del rey Alfonso II. Aquel refugio sirvió para protegerse de las huestes de Hixem I y, siglos más tarde, se transformó en la estructura que hoy conocemos, con dos torres laterales, un cuerpo central reforzado y un aspecto envuelto por la vegetación que trepa por sus muros.

Tras su reconstrucción moderna, el conjunto pasó a depender del Obispado de Oviedo y quedó vinculado a la parroquia de San Juan de Priorio. Con el tiempo, la propiedad fue cambiando de manos hasta llegar a sus actuales dueños. Hoy pertenece a la familia Quijano Morenés, que mantiene este enclave como residencia privada. La finca en la que se encuentra incluye un pequeño bosque de entrada, piscina, una zona acondicionada para practicar golf y un molino del siglo XIX que se conserva en excelente estado.

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El acceso al recinto es privado, salvo invitación expresa, pero eso no impide que muchos viajeros se acerquen a los alrededores para contemplar su fachada y disfrutar de un paseo agradable junto al Balneario de Las Caldas. Sus torres, sus almenas y el entorno natural que lo rodea convierten la visita exterior en una experiencia sorprendentemente fotogénica, perfecta para quienes buscan rincones singulares sin alejarse demasiado de la ciudad.

La historia del lugar también está acompañada de leyendas. La más conocida habla de Irena, hija del señor del castillo, enamorada de un criado. Cuando se descubrió la relación, un enfrentamiento terminó con la muerte del dueño de la fortaleza. El joven, hundido por la maldición de Irena y el sentimiento de culpa, se arrojó al río Gafo, donde murió al golpearse contra una roca que, según cuentan, todavía conserva una mancha que recuerda aquel episodio. Es uno de esos relatos que sobreviven generación tras generación y que dotan al castillo de un aura adicional.

Aunque no se pueda acceder a su interior, el Castillo de Las Caldas sigue siendo una joya del norte de España. Sus alrededores permiten contemplar su silueta, disfrutar de un paseo tranquilo y sentir cómo la historia se mezcla con la naturaleza. Una parada perfecta para quienes buscan destinos con encanto y quieren descubrir uno de los castillos más singulares y bien conservados del país.

España se ha convertido en los últimos años en uno de los mayores referentes turísticos a nivel mundial, sobre todo en lo que a castillos se refiere. Desde algunos que vigilan las mesetas, hasta fortalezas que emergen entre bosques, acantilados o valles. Lo cierto es que el patrimonio defensivo español es uno de los más ricos de Europa. Muchas de estas construcciones han sobrevivido a batallas, incendios y reconstrucciones, y hoy funcionan como miradores del pasado que siguen despertando la imaginación de quienes los visitan.

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