El espectacular tren que cruza los Pirineos entre valles nevados al que tienes que subir sí o sí: una joya única para viajar en diciembre
Este histórico tren recorre algunos de los paisajes más impresionantes del Pirineo aragonés ofreciendo una experiencia perfecta para quienes buscan un viaje mágico entre montañas nevadas
La temporada navideña invita cada año a los españoles a buscar paisajes que parezcan sacados de un cuento: montañas cubiertas de nieve, valles silenciosos y pueblos que en diciembre recuperan una calma que recuerda a las películas. Para quienes disfrutan de los viajes invernales, existe una experiencia que gana cada vez más protagonismo por méritos propios: un tren histórico que serpentea por los Pirineos entre túneles, bosques blancos y panorámicas que justifican la escapada. Se trata del Expreso de Canfranc, más conocido como el Canfranero, un convoy que combina nostalgia ferroviaria y uno de los paisajes más espectaculares del norte de España.
Este tren, que une Zaragoza y Canfranc, se ha convertido en una de las propuestas más especiales para viajar en diciembre. Su gran atractivo no es la velocidad ni la tecnología, sino todo lo contrario: un ritmo pausado que permite disfrutar del recorrido como se viajaba antes, cuando el trayecto era parte esencial de la aventura. A bordo, los pasajeros se encuentran con vagones restaurados de los años 30 y una locomotora de los años 50 que conserva la estética industrial de mediados de siglo. Ventanas grandes, acabados de madera y una atmósfera retro hacen que el viaje funcione como una especie de cápsula del tiempo.
Estación de Canfranc (iStock)
El recorrido transcurre por algunos de los enclaves más llamativos del Pirineo aragonés. A lo largo del trayecto aparecen los Mallos de Riglos, el profundo valle del río Aragón, bosques alpinos y pequeños pueblos que se asoman al tren como si saludaran al viajero. En invierno, el paisaje es todavía más impactante: las montañas nevadas convierten cada curva en una fotografía y cada túnel en una transición hacia un escenario aún más blanco.
La gran protagonista del viaje es la mítica Estación Internacional de Canfranc, uno de los edificios ferroviarios más sorprendentes de Europa. Su arquitectura monumental, inaugurada en 1928 para unir España y Francia a través de los Pirineos, permanece intacta en su esencia. Tras décadas de abandono, el complejo ha renacido con fuerza: hoy alberga un hotel de lujo y funciona como puerta de entrada a uno de los entornos de alta montaña más bellos de Aragón. Para muchos viajeros, bajar del tren frente a esta estación es una sensación difícil de describir: parece un decorado de cine, pero es real.
Además de la historia, el Canfranero suma un componente práctico que lo hace aún más atractivo de cara a diciembre: precios accesibles y varias categorías de billete. Desde Jaca y Canfranc se ofrecen tarifas de ida y vuelta que van desde los 17 euros del billete familiar hasta los 25 euros del premium, pasando por opciones panorámicas de 20 euros perfectas para disfrutar del paisaje. También hay tarifas únicas más económicas para quienes suben desde Castiello de Jaca o Villanúa.
Los horarios permiten planificar la escapada sin prisas: funciona de miércoles a domingo, con tres circulaciones al día, lo que da margen para combinar el viaje en tren con rutas por la zona, visitas a Jaca o incluso una noche entre montañas. La duración del trayecto es breve —unos 35 minutos por sentido en el tramo turístico—, pero la experiencia se extiende todo el día si se quiere explorar la zona con calma.
Y es que Canfranc ofrece un sinfín de actividades perfectas para completar la escapada invernal. Desde rutas sencillas por el Camino de Santiago hasta paseos con raquetas de nieve. Los amantes de la historia, además, pueden apuntarse a las visitas guiadas por la estación o explorar antiguos túneles y vestigios ferroviarios, mientras que quienes prefieren la naturaleza tienen a pocos minutos el entorno del valle de Izas o la posibilidad de subir a los ibones cercanos si el tiempo lo permite.
La popularidad del tren ha crecido tanto que muchos viajeros recomiendan reservar con antelación, sobre todo para los días cercanos a Navidad. El ambiente a bordo suele ser tranquilo, con familias, parejas y aficionados al ferrocarril que saben que están ante una joya que no se encuentra todos los días. No falta quien viaja solo para fotografiar los paisajes nevados, ni quien aprovecha la visita para descubrir el renovado Canfranc o hacer una excursión por los alrededores.
Diciembre es, probablemente, el mejor mes del año para vivir la experiencia: la nieve convierte este tren histórico en un mirador en movimiento y el Pirineo aragonés luce como un auténtico escenario alpino. Si buscas un plan diferente para estas fiestas, algo que combine historia, naturaleza y esa sensación de viaje que ya no ofrecen los trenes modernos, el Expreso de Canfranc es una apuesta segura.
La temporada navideña invita cada año a los españoles a buscar paisajes que parezcan sacados de un cuento: montañas cubiertas de nieve, valles silenciosos y pueblos que en diciembre recuperan una calma que recuerda a las películas. Para quienes disfrutan de los viajes invernales, existe una experiencia que gana cada vez más protagonismo por méritos propios: un tren histórico que serpentea por los Pirineos entre túneles, bosques blancos y panorámicas que justifican la escapada. Se trata del Expreso de Canfranc, más conocido como el Canfranero, un convoy que combina nostalgia ferroviaria y uno de los paisajes más espectaculares del norte de España.