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El pueblo medieval de Asturias perfecto para una escapada invernal: con castillo, colegiata y un tejo milenario único en España
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ALMA PEREGRINA

El pueblo medieval de Asturias perfecto para una escapada invernal: con castillo, colegiata y un tejo milenario único en España

Quienes recorren el Camino Primitivo o exploran el interior de Asturias suelen toparse con una villa que parece detenida en la Edad Media con sus calles empedradas y arquitectura solemne

Foto: Imagen de la colegiata de este infravalorado pueblo asturiano. (Turismo Asturias)
Imagen de la colegiata de este infravalorado pueblo asturiano. (Turismo Asturias)

Todo empieza con una curva en la carretera, una bruma ligera y el verde intenso que caracteriza al paisaje asturiano. De repente, se abre paso una villa silenciosa, envuelta en historia y piedra, que muchos pasan por alto, pero que National Geographic ha señalado como una "parada imprescindible". Su nombre es Salas y, lejos de las rutas turísticas más trilladas, se presenta como un refugio ideal para una escapada invernal con carácter y memoria.

Declarada Conjunto Histórico-Monumental, esta villa medieval ofrece al visitante un paseo por siglos de historia. La silueta de la Torre de Valdés-Salas, levantada en el siglo XIV, domina el núcleo urbano. Junto a ella se alza el castillo, regalo de la reina Urraca al conde Suero, que hoy acoge un encantador hotel. La antigua torre, símbolo defensivo del pasado señorial de la villa, alberga ahora el Museo Prerrománico de San Martín de Salas, con vestigios que conectan directamente con las raíces artísticas y religiosas del Principado.

Una colegiata imponente y un árbol que desafía el tiempo

Justo al lado, la Colegiata de Santa María la Mayor, edificada en el siglo XVI, conserva el panteón de la familia Valdés y una arquitectura que demuestra el poderío de los linajes locales. No es necesario ser creyente para admirar su solemnidad: basta con cruzar sus puertas para entender por qué este lugar detuvo los pasos de tantos peregrinos del Camino Primitivo. Cada rincón desprende historia, con altares, lápidas y detalles escultóricos que hablan de fe, nobleza y memoria compartida.

Pero quizá la sorpresa más sobrecogedora aguarda a las afueras del casco antiguo, en el cementerio de la parroquia de San Martín. Allí crece el tejo milenario de Salas, con más de 16 metros de altura y 12 de diámetro, uno de los más antiguos y venerados de Europa. Se trata de un ejemplar único en España que, según antiguas creencias celtas, protege a los vivos y honra a los muertos. Su copa, amplia y frondosa, impone silencio y respeto, como si la propia naturaleza susurrara historias al oído.

placeholder Imagen del tejo milenario que alcanza los 16 metros de altura, en Salas. (Flickr)
Imagen del tejo milenario que alcanza los 16 metros de altura, en Salas. (Flickr)

El sabor del pote y el rumor de la cascada

La experiencia en Salas no se limita a su patrimonio monumental. Aquí se cocina uno de los mejores potes asturianos del país. El restaurante El Molín fue subcampeón en el último Campeonato de España celebrado en Oviedo, gracias a una receta tradicional elaborada con berzas, chorizo, fabas, lacón y el toque secreto de la cocinera Aurora García. Y junto al pote, destacan otras especialidades locales como la fabada, el cabritu con patatines o los frisuelos caseros.

Para culminar la visita, basta con seguir el sendero que conduce hasta la cascada de Nonaya, una ruta sencilla de seis kilómetros en plena naturaleza, donde se dice que habitan xanas, las hadas de la mitología asturiana. Desde el puente de piedra que la cruza, se obtiene una de las postales más inolvidables del occidente astur.

Cómo llegar a Salas

Salas está situada a tan solo 36 minutos de Oviedo en coche por la A-63. También se puede llegar en autobús ALSA desde la capital asturiana, con un trayecto de unos 39 minutos. Desde Gijón, el trayecto dura alrededor de una hora y 25 minutos si se enlazan dos autobuses, o 55 minutos en coche por la A-66 y la A-63.

. Cada rincón, desde la torre hasta el tejo milenario, habla en susurros al viajero atento. En pleno invierno, cuando el turismo se apaga y la niebla envuelve sus calles, la villa revela su verdadero encanto: el de lo auténtico, lo silencioso y lo eterno.

Todo empieza con una curva en la carretera, una bruma ligera y el verde intenso que caracteriza al paisaje asturiano. De repente, se abre paso una villa silenciosa, envuelta en historia y piedra, que muchos pasan por alto, pero que National Geographic ha señalado como una "parada imprescindible". Su nombre es Salas y, lejos de las rutas turísticas más trilladas, se presenta como un refugio ideal para una escapada invernal con carácter y memoria.

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