La ermita de San Esteban de Viguera es uno de los tesoros más desconocidos del románico riojano. Esculpida bajo un farallón rocoso en pleno valle del Iregua, este humilde templo prerrománico conserva un conjunto de pinturas mozárabes del siglo XI que desconciertan por su calidad y simbolismo.
A simple vista parece una construcción menor, enterrada en el paisaje y protegida por la sombra de la roca. Pero al aproximarse, el visitante descubre una edificación única, sin tejado, de formas redondeadas y muros sencillos que no anticipan lo que guarda en su interior. Hay que recorrer un sendero empinado desde la Venta La Paula, entre Islallana y Viguera, para alcanzar este oratorio casi invisible que permaneció en el olvido hasta su redescubrimiento en el siglo XX.
Una iglesia medieval entre riscos y cuevas
Situada a escasos kilómetros de Logroño, la ermita de San Esteban de Viguera se encuentra en la comarca de Tierra de Cameros. Su ubicación remota, encajada bajo un risco y rodeada de naturaleza, ha alimentado teorías sobre su uso original como punto de reunión para eremitas o como oratorio castrense. Algunos expertos la vinculan con el desaparecido Reino de Viguera, mientras otros la consideran una iglesia visigoda reformada en el siglo XII.
La construcción actual presenta una nave trapezoidal y un ábside semicircular con tres pequeños vanos, fruto de una reforma románica posterior. El acceso, hoy en el muro norte, probablemente se situaba originalmente en el sur. En su interior, un arco de medio punto separa el presbiterio de la nave, con nichos laterales que recuerdan los iconostasios visigodos. Las dimensiones modestas no restan relevancia a su valor histórico y artístico.
Ermita de San Esteban en Viguera, una de las ermitas más curiosas, especiales y misteriosas de La Rioja. Bajo un enorme abrigo que la protege de la lluvia, preside la apertura del bello y otrora inhóspito valle del río Cidacos. Y, en el interior, atesora una joya románica. pic.twitter.com/B9KkWbwQdR
El mayor atractivo del templo reside en su conjunto pictórico. Aunque deteriorado por el tiempo y el abandono, conserva pinturas murales mozárabes únicas en La Rioja. Los murales se distribuyen en franjas horizontales, con personajes bíblicos, apóstoles, ángeles y figuras del Apocalipsis, siguiendo una iconografía similar a la de los beatos de San Millán o San Martín de Albelda. Algunos expertos han identificado incluso un posible retrato del rey Ramiro Garcés y su esposa.
Uno de los frescos más llamativos representa a la Virgen María entronizada dentro de una mandorla, flanqueada por ángeles y figuras regias. También se observan escenas de banquetes, unÁrbol de la Viday la figura de un personaje de doble rostro que podría aludir al dios Jano. La restauración, llevada a cabo por el Taller Diocesano de Santo Domingo de la Calzada, ha permitido conservar gran parte del programa iconográfico, pese a las pérdidas.
Frescos románicos de la ermita de San Esteban de la Viguera, en La Rioja. (Extraída de X)
Un enclave singular en el corazón de La Rioja
La ermita de San Esteban es un ejemplo excepcional de la arquitectura religiosa altomedieval en La Rioja, tanto por su ubicación escondida bajo la roca como por su simbología. Sus pinturas, de estilo arcaico, pero profundamente expresivas, enlazan con una tradición artística que hunde sus raíces en los primeros manuscritos cristianos peninsulares. El entorno natural que la rodea, con vistas al valle del Iregua, acentúa su carácter sagrado y enigmático.
Este monumento, ignorado durante siglos, ha ido ganando reconocimiento por parte de historiadores, arqueólogos y amantes del patrimonio. Hoy, aunque las visitas no son continuas ni masivas, su valor artístico y espiritual la convierten en una parada imprescindible para quienes exploran el románico rural y buscan rincones auténticos con historia.
La ermita de San Esteban de Viguera es uno de los tesoros más desconocidos del románico riojano. Esculpida bajo un farallón rocoso en pleno valle del Iregua, este humilde templo prerrománico conserva un conjunto de pinturas mozárabes del siglo XI que desconciertan por su calidad y simbolismo.