El mágico pueblo de Cantabria que tienes que descubrir este otoño: con iglesias rústicas e ideal para visitar durante el puente de la Inmaculada
Un municipio de montaña en la comarca de Liébana que conserva iglesias románicas, hórreos centenarios y paisajes inolvidables. Este otoño se convierte en un destino ideal para el puente de la Inmaculada
Iglesia rústica del municipio de Lomeña, en Cantabria. (Escapada Rural)
En el corazón de la comarca de Liébana, al suroeste de Cantabria y entre los pliegues montañosos que anuncian los Picos de Europa, se encuentra el municipio de Pesaguero, formado por doce pequeños pueblos diseminados en un valle que mira al cielo y escucha al río Bullón. Allí, donde el paisaje se impone con fuerza y la arquitectura popular sobrevive, la vida transcurre a otro ritmo.
No es solo la altitud de Caloca —tercer pueblo más alto de la comunidad— ni las cumbres que escoltan los caminos lo que otorgan carácter a este rincón cántabro. Hay algo más, una sensación que aparece al cruzar sus núcleos, dondecasonas solariegas e iglesias románicas se asoman entre los prados. Con apenas 300 habitantes, Pesaguero se mantiene fiel a sus raíces sin renunciar a la modernidad.
Iglesias, hórreos y casonas
La historia de Pesaguero se remonta al siglo XI, con referencias documentadas que evidencian su pertenencia a la nobleza medieval cántabra. El legado se conserva en joyas como la iglesia de Lomeña, que guarda una pila bautismal del año 1200, o la ermita de Nuestra Señora de la Asunción de Caloca, del siglo XIII, declarada Bien de Interés Cultural. También destacan la iglesia de San Juan Bautista y las parroquias de Barreda, Cueva o Vendejo, cada una con sus retablos barrocos y elementos románicos que sobreviven al paso del tiempo.
Pero hay otros detalles menos conocidos que merecen una visita pausada, como los dos hórreos de Avellanedo y Valdeprado, entre los pocos que aún subsisten en Cantabria. O la casona hidalga de Valdeprado, del siglo XVII, con su imponente arco de medio punto que la convierte en un elemento arquitectónico único en todo el valle.
— Carlos Henrique Fernández Coto (@KarlosKoto) June 11, 2016
Un refugio entre montañas con servicios y encanto
Pese a contar con poco más de 300 habitantes, Pesaguero mantiene servicios básicos como consultorio médico, transporte escolar y actividades culturales gracias al empuje de su ayuntamiento. "La enfermera viene todos los días a la consulta, el médico viene dos días a la semana", explicó su alcalde, Enrique Sabarís, en una entrevista a COPE, donde agradeció las mejoras realizadas por el Gobierno cántabro.
El turismo rural, impulsado por iniciativas como la posada Casa Fidela, ha tomado el relevo de la ganadería tradicional. Rosa Martín, su propietaria, defiende que quienes se alojan en Lomeña buscan "disfrutar de la naturaleza, huir del agobio y del estrés de la ciudad". El reconocimiento a su sostenibilidad en Fitur ha reforzado la visibilidad del proyecto, que nació como una forma de diversificar la economía local.
La vertiente más natural se apoya en propuestas como las de la empresa Senda, que promueve observación de aves, rastreo de fauna y rutas interpretativas. Su promotora, Beatriz Tomás, resalta que casi el 60 % de las especies de España se concentran en esta zona de los Picos de Europa. Al mismo tiempo, el paso del Camino Lebaniego Castellano por Cueva y Avellanedo ha motivado inversiones públicas, como la restauración del hórreo del siglo XVII o la creación de un albergue en Lomeña, anunciadas por la directora de la Fundación Camino Lebaniego.
Quienes busquen un viaje diferente durante el puente de diciembre encontrarán en Pesaguero un remanso de cultura rural auténtica, con iglesias que parecen detenidas en el tiempo, casas blasonadas, sabores de alta montaña —como el cocido lebaniego o los quesos de Liébana— y una hospitalidad que se vive a fuego lento. Este otoño, pocas escapadas ofrecen tanto con tan poco ruido.
Quienes deseen visitar Pesaguero durante el puente de diciembre pueden llegar fácilmente desde Santander tomando la N-621 a través del desfiladero de la Hermida, en un trayecto de algo más de dos horas por carretera. Desde Potes, el acceso es directo en apenas 20 minutos. Pero más allá del mapa, lo que hace especial a este lugar es su capacidad para detener el tiempo y envolver al viajero en una calma que ya no se encuentra en casi ningún rincón del norte peninsular.
En el corazón de la comarca de Liébana, al suroeste de Cantabria y entre los pliegues montañosos que anuncian los Picos de Europa, se encuentra el municipio de Pesaguero, formado por doce pequeños pueblos diseminados en un valle que mira al cielo y escucha al río Bullón. Allí, donde el paisaje se impone con fuerza y la arquitectura popular sobrevive, la vida transcurre a otro ritmo.