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El monumento olvidado junto al mar en el País Vasco: un ambicioso proyecto que nunca se puso en marcha
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El monumento olvidado junto al mar en el País Vasco: un ambicioso proyecto que nunca se puso en marcha

La Diputación de Bizkaia reafirma su intención de destinar los terrenos de la antigua central nuclear al desarrollo de un proyecto acuícola, pese a las trabas administrativas

Foto: Imagen del curioso monumento que sigue en pie en Vizcaya, País Vasco. (EFE)
Imagen del curioso monumento que sigue en pie en Vizcaya, País Vasco. (EFE)

Hay un monumento, construido en plena costa vizcaína, que permanece cerrado desde los años 80. Fue uno de los proyectos más ambiciosos del franquismo, pero nunca llegó a funcionar, y hoy sigue siendo un vestigio polémico junto al mar. El desarrollo de la industria acuícola continúa siendo el objetivo principal para los terrenos de la antigua central nuclear de Lemóniz. Así lo confirmó este miércoles la diputada foral de Promoción Económica, Ainara Basurko Urkiri, durante su intervención en el Pleno de Control de las Juntas Generales de Bizkaia.

En una zona costera de gran belleza natural, entre las playas de Bakio y Armintza, se alzan dos enormes estructuras de hormigón que pocos turistas reconocen. La imagen, cercana a lo postindustrial, no forma parte de una instalación artística ni de un decorado cinematográfico. Es real, está vallada y lleva décadas en silencio. Quien se acerque a la cala de Basordas, en el municipio de Lemóniz (Vizcaya), se topará con un monumento a la obsolescencia: la central nuclear que nunca fue.

Una planta terminada que jamás entró en funcionamiento

Impulsada durante los últimos años del franquismo, la central de Lemóniz fue concebida como uno de los grandes emblemas del desarrollo energético nacional. Las obras comenzaron en 1972 y llegaron a su fase final: los dos reactores estaban listos para recibir uranio, pero la instalación jamás llegó a ponerse en marcha. La oposición social fue creciente durante la Transición, en un contexto de desconfianza hacia la energía nuclear y de movilización ciudadana generalizada.

El proyecto se convirtió en un símbolo del conflicto político y social en el País Vasco. La organización ETA atentó en múltiples ocasiones contra las instalaciones y su personal, lo que generó un clima de violencia que precipitó su paralización. En 1984, con el PSOE ya en el poder, el Gobierno decretó una moratoria nuclear y la central de Lemóniz quedó oficialmente abandonada, pese a que había supuesto un gasto multimillonario y el empleo de miles de toneladas de hormigón y hierro.

Propuestas, bloqueos y futuro incierto

Desde entonces, las instalaciones —conformadas por un complejo de edificios ruinosos— han sido objeto de múltiples propuestas de reconversión: desde un parque temático de la energía a una central de ciclo combinado. Ninguna llegó a buen puerto. En 2019, el Gobierno vasco recibió la titularidad de los terrenos y planteó transformarlos en un polígono acuícola con un polo de investigación marina. La inversión estimada superaba los 40 millones de euros y prometía 575 empleos.

Sin embargo, el Ayuntamiento de Lemoiz, gobernado por EH Bildu, frenó el proyecto al denegar las licencias necesarias para su ejecución. A pesar de que se han reservado partidas públicas para reforzar el dique que protege las instalaciones del oleaje, el futuro del enclave sigue en discusión. El consistorio ha solicitado abrir un proceso deliberativo con la ciudadanía para decidir el uso definitivo de este espacio.

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Un gigante dormido frente al Cantábrico

Las 10 hectáreas que ocupa la central, con sus enormes bloques de hormigón junto al mar, permanecen cerrados al público. Un informe de 2023 confirma que el deterioro estructural es considerable, debido a la exposición al salitre y la falta de mantenimiento. A pesar de ello, algunas voces expertas en arquitectura, como la bilbaína Carmen Abad, han planteado convertir las ruinas en un espacio accesible, abierto a la ciudadanía y con vocación cultural y de memoria.

Hoy, la central de Lemóniz sigue siendo una herida sin cerrar. Un monumento sin placa que recuerda un tiempo de tensiones energéticas, violencia política y decisiones interrumpidas. Y aunque su entorno natural ha resistido el paso del tiempo, las cicatrices del proyecto fallido siguen a la vista, esperando que alguien decida qué hacer con ellas.

Hay un monumento, construido en plena costa vizcaína, que permanece cerrado desde los años 80. Fue uno de los proyectos más ambiciosos del franquismo, pero nunca llegó a funcionar, y hoy sigue siendo un vestigio polémico junto al mar. El desarrollo de la industria acuícola continúa siendo el objetivo principal para los terrenos de la antigua central nuclear de Lemóniz. Así lo confirmó este miércoles la diputada foral de Promoción Económica, Ainara Basurko Urkiri, durante su intervención en el Pleno de Control de las Juntas Generales de Bizkaia.

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