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El pintoresco pueblo de Navarra "donde un tratado medieval sigue cobrándose con tres vacas", según 'National Geographic'
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LA MONTAÑA TIENE MEMORIA

El pintoresco pueblo de Navarra "donde un tratado medieval sigue cobrándose con tres vacas", según 'National Geographic'

Este caserío del Valle del Roncal destaca por su arquitectura tradicional, su entorno natural y una tradición medieval que aún se mantiene viva: cada 13 de julio, se renueva un acuerdo del siglo XIV entregando tres vacas como tributo

Foto: Una estampa serena de este pueblo navarro, encajado entre laderas boscosas y el cauce del río Esca. (Turismo de Navarra)
Una estampa serena de este pueblo navarro, encajado entre laderas boscosas y el cauce del río Esca. (Turismo de Navarra)

En el corazón montañoso de Navarra, entre barrancos boscosos y el susurro del río Esca, se esconde uno de esos enclaves que sorprenden sin necesidad de artificios. Un pueblo pequeño, recogido, que no presume ni compite, pero que ha despertado la atención de National Geographic. Ubicado en el extremo oriental de Navarra, entre montañas que marcan la frontera natural con Aragón, esta villa despliega en otoño su cara más evocadora: hayedos en transformación, aire fresco que baja del Pirineo y un silencio sepulcral que envuelve sus casas de piedra.

Se trata de Urzainqui, una joya discreta que, además de conservar la estética auténtica del Pirineo navarro, forma parte de un pacto fronterizo insólito que sobrevive desde 1375. Cada año, en la Piedra de San Martín, se escenifica la entrega de tres vacas al valle francés de Barétous, como parte de un antiguo acuerdo de paz que define el carácter de esta comunidad: respeto, continuidad y vínculo con la montaña.

placeholder Una calle de Urzainqui con sus casas de piedra, balcones de madera y la torre de la iglesia asomando entre las laderas del valle del Roncal. (Turismo de Navarra)
Una calle de Urzainqui con sus casas de piedra, balcones de madera y la torre de la iglesia asomando entre las laderas del valle del Roncal. (Turismo de Navarra)

Un caserío abrazado por las cumbres

Desde la carretera que sube hacia Belagua, Urzainqui aparece encajado entre laderas verticales, con la peña Ecegorria y el monte Aristoya como telón de fondo. Las casas de piedra y balcones de madera se apiñan junto al río, formando un caserío compacto que parece abrazado por el paisaje. Lejos de la postal turística, aquí todo responde a una lógica serena: tejados de pizarra, portales adovelados, escudos tallados en piedra y un urbanismo que se adapta al terreno con naturalidad.

La vida discurre sin estridencias. Desde el casco urbano salen senderos que bordean el Esca y enlazan con rutas mayores, como el GR 11 o antiguas cañadas ganaderas. Entre hayedos y prados, el visitante avanza por caminos donde se mezcla el silencio con la historia. Es posible llegar a pie hasta Roncal, siguiendo un paseo sencillo que permite ver cómo el paisaje cambia de tonalidades con las estaciones.

Historia en piedra y tradición viva

Urzainqui conserva un notable patrimonio. Su iglesia de San Martín de Tours, de origen protogótico, fue ampliada en los siglos XVI y XVII. La ermita de Nuestra Señora de San Salvador, construida en estilo gótico, guarda una talla del siglo XIV. También destacan las ruinas de la Torre de Urzainqui, vestigios de un pasado noble marcado por linajes que dejaron su impronta en escudos y portales.

La arquitectura no se limita a la contemplación. Aquí la piedra tiene memoria activa. Las fiestas, el trabajo con el ganado y la producción del queso Roncal siguen marcando el ritmo cotidiano. Urzainqui forma parte de la conocida Ruta de los Siete Pueblos del Roncal, compartiendo identidad con Isaba, Roncal, Burgui, Garde, Vidángoz y Uztárroz.

Cómo llegar a Urzainqui

El acceso más directo es por carretera desde Pamplona, a unos 90 kilómetros. Se toma la N-240 hasta Lumbier y, desde allí, la NA-137 en dirección a Burgui y Roncal. Una vez en el valle, basta con seguir la ruta del Esca hasta encontrar, al borde del río, este rincón sereno que invita a detenerse, mirar y dejarse envolver por una de las tradiciones más singulares de Navarra.

Con cada estación, Urzainqui se transforma sin perder su alma. Ya sea en los días dorados del otoño o bajo las nieves del invierno, este pueblo del Pirineo navarro sigue ofreciendo una belleza serena y una autenticidad que rara vez se encuentra.

En el corazón montañoso de Navarra, entre barrancos boscosos y el susurro del río Esca, se esconde uno de esos enclaves que sorprenden sin necesidad de artificios. Un pueblo pequeño, recogido, que no presume ni compite, pero que ha despertado la atención de National Geographic. Ubicado en el extremo oriental de Navarra, entre montañas que marcan la frontera natural con Aragón, esta villa despliega en otoño su cara más evocadora: hayedos en transformación, aire fresco que baja del Pirineo y un silencio sepulcral que envuelve sus casas de piedra.

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