El precioso pueblecito que arrasa en Navidad y hay que visitar: tiene una de las decoraciones más espectaculares de España
Entre las montañas y el cauce del Arnoia, un pequeño pueblo gallego se transforma cada diciembre en un escenario artesanal lleno de magia, con un recorrido navideño sostenible que conquista a miles de visitantes
Imagen de archivo de Allariz (Fuente: Ayuntamiento de Allariz)
Las escapadas navideñas han dejado de centrarse únicamente en las grandes capitales llenas de luces LED y árboles gigantes. Cada vez más viajeros buscan rincones pequeños, con encanto y una personalidad propia que conviertan la Navidad en algo más cálido y auténtico. Existe un pueblo de Ourense de apenas 6.400 habitantes, se ha convertido en una parada imprescindible para quienes quieren vivir las fiestas de una forma diferente. Su propuesta se ha ido viralizando año tras año hasta situarlo entre los destinos navideños más especiales de España.
Allariz no compite con Vigo ni quiere. Su magia reside justo en lo contrario: un modelo de Navidad sostenible, artesanal y cuidado al detalle que transforma las calles del casco histórico en un pequeño universo de cuento. El visitante llega esperando una estampa tranquila y se encuentra con un recorrido lleno de sorpresas, donde la piedra medieval, el río Arnoia y la vegetación que rodea el pueblo se convierten en el escenario perfecto para una de las decoraciones más singulares del país.
La apuesta de Allariz comenzó en 2017, cuando el municipio decidió trasladar a la Navidad su filosofía de desarrollo sostenible. Desde entonces, todos los adornos se diseñan y elaboran a mano por el personal municipal y colaboradores locales. No hay externalizaciones, ni grandes contratos de iluminación, ni espectáculos de luz sincronizada. Todo lo contrario. El pueblo se ha propuesto demostrar que la creatividad y el aprovechamiento de materiales reciclados pueden generar una experiencia más entrañable que cualquier despliegue de millones de bombillas.
El resultado es un recorrido circular por distintas localizaciones del casco histórico que cada año cambia por completo. Ninguna escena se repite, solo los materiales, que se reutilizan dando lugar a nuevas ideas. Esto provoca que incluso quienes repiten visita descubran algo totalmente distinto. Entre las propuestas de ediciones anteriores han aparecido casitas diminutas, trenes, norias en miniatura, estaciones de esquí imaginarias o bosques mágicos poblados por duendes y gnomos. Todo construido con madera, tela, ramas, elementos vegetales y pequeñas estructuras reutilizadas.
La decoración comienza en la orilla del Arnoia, donde se levanta la Plaza de Navidad, una especie de bienvenida nevada diseñada en tonos blancos y decorada con flores de pascua, arcos y puestos navideños. Desde allí se cruza el puente para adentrarse en el interior del pueblo, donde aparece uno de los rincones que más éxito tiene cada año: un minimundo habitado por hadas y duendes, con sus propias casas en los árboles, un pequeño embarcadero, un lago diminuto, una cascada, un tractor dedicado a las tareas agrícolas e incluso un tren en miniatura que recorre el paisaje.
Esa mezcla entre tradición gallega y estética navideña artesanal también se refleja en personajes como el Apalpador, el carbonero bonachón del folklore gallego que visita a los niños durante las fiestas. Su presencia añade un toque identitario que muchos visitantes agradecen, alejándose de la iconografía global y recuperando figuras propias de la cultura local.
La experiencia se completa con pequeñas actividades, mercados y la oportunidad de descubrir el patrimonio histórico de Allariz, declarado Conjunto Histórico-Artístico. Iglesias románicas, restos medievales, bosques de castaños y calles empedradas conviven con este universo navideño elaborado de forma sostenible, lo que añade un atractivo cultural al viaje.
Quienes buscan una Navidad distinta encuentran en Allariz un refugio perfecto. Hay creatividad, tradición y un espíritu comunitario que convierte cada rincón en un relato navideño hecho a mano. Por eso este pequeño pueblo gallego ha logrado lo que parecía imposible: arrasar en redes, atraer visitantes de toda España y consolidarse como uno de los destinos más especiales del invierno.
Las escapadas navideñas han dejado de centrarse únicamente en las grandes capitales llenas de luces LED y árboles gigantes. Cada vez más viajeros buscan rincones pequeños, con encanto y una personalidad propia que conviertan la Navidad en algo más cálido y auténtico. Existe un pueblo de Ourense de apenas 6.400 habitantes, se ha convertido en una parada imprescindible para quienes quieren vivir las fiestas de una forma diferente. Su propuesta se ha ido viralizando año tras año hasta situarlo entre los destinos navideños más especiales de España.