La ruta de los palacios centenarios más elegantes de Cantabria: en uno de ellos ha abierto un restaurante este famoso actor español
Entre colinas verdes, valles silenciosos y villas de piedra, una ruta secreta guarda el legado de un linaje noble que marcó la historia de Cantabria a través de tres palacios centenarios llenos de arte y poder
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Bajo los cielos verdes y húmedos de Cantabria aún resuena el eco de una familia que marcó el pulso político y arquitectónico de su tiempo. La familia de los Peredo dejó su huella en el norte de España durante los siglos XVI al XVIII, levantando algunas de las residencias más imponentes de la región. Su historia está ligada a una figura influyente que consolidó su linaje no solo con poder y fortuna, sino también con un legado monumental que hoy sigue deslumbrando a viajeros y amantes del patrimonio.
Jorge de Peredo, que llegó a ocupar el cargo de gobernador de Ponferrada, y su esposa María de Velarde y Polanco fueron los artífices de un linaje que supo convertir la piedra en símbolo de estatus. Sus descendientes impulsaron la construcción de varios palacios que aún sobreviven entre el verde montañés y las callejuelas empedradas de Santillana del Mar. Las edificaciones de Viveda, Mijares y Barreda son testimonio de una época en la que la nobleza rural cántabra expresaba su poder a través de la arquitectura.
Estos tres palacios forman hoy una ruta patrimonial que combina historia, arte y paisaje. Cada edificio refleja una etapa distinta del gusto y la influencia de la familia Peredo, desde las formas sobrias del Renacimiento hasta los exuberantes aires del Barroco. Visitar estas residencias es recorrer siglos de historia y descubrir cómo la élite montañesa moldeó el territorio con su huella de piedra.
Palacio de Mijares: la casa del linaje
El Palacio de Peredo en Mijares es una elegante construcción del siglo XVI, considerada el núcleo original de la familia. Su planta rectangular de tres alturas conserva una torre primitiva y una ampliación en forma de 'L' que añadió una solana y una capilla a finales del siglo XVII. Esta combinación de elementos renacentistas y añadidos posteriores convierte al edificio en un testimonio único de la evolución de la arquitectura montañesa.
El palacio fue declarado Bien de Interés Cultural en 1995 y pertenece hoy a una sociedad privada en la que participa el actor cántabro Antonio Resines y que han llevado a cabo su restauración para transformarse en hotel-restaurante, recuperando así su esplendor histórico y adaptándolo a nuevos usos culturales y turísticos. Su portalada de sillería con arco de medio punto, decorada con motivos vegetales y un escudo de la familia González, da paso a un interior donde el pasado parece haberse detenido.
Palacio de Viveda: domina el Besaya
El Palacio de Peredo en Viveda se levanta sobre una colina desde la que se domina el valle del Besaya. Esta casona montañesa, de finales del siglo XVII, tiene una estructura que responde a los cánones del Renacimiento tardío con añadidos barrocos posteriores, reflejando la transición de estilos que marcó la época. Declarado Bien de Interés Cultural en 1982, fue rehabilitado en 2003 por el Ayuntamiento de Santillana del Mar para convertirlo en un espacio cultural y de recreo.
El edificio presenta cuatro crujías dispuestas en torno a un patio cuadrado cubierto por una cúpula de cristal instalada durante su restauración. Los arcos de piedra de la planta baja y las columnas de madera del nivel superior mantienen la armonía de una arquitectura sobria y elegante. En el exterior, una capilla anexa luce una portalada de sillería con motivos florales y el escudo de los Peredo y Velarde sostenido por leones, mientras que un muro de mampostería con pilonos refuerza el recinto. Desde su altura, la vista del Besaya recuerda por qué esta familia eligió este lugar como símbolo de poder.
Palacio de Barreda: arte barroco en Santillana
El recorrido culmina en el Palacio Peredo-Barreda, una joya barroca del siglo XVIII situada en el centro histórico de Santillana del Mar. Fue levantado hacia 1700 por Francisco Miguel de Peredo sobre los restos de una antigua torre gótica perteneciente a la familia Barreda. Su fachada equilibrada, los balcones de hierro forjado y el escudo nobiliario resumen la elegancia de una época en la que el arte y la nobleza caminaban de la mano.
Conocido también como Palacio de los Benemejís, el conjunto fue rehabilitado por Caja Cantabria y alberga hoy un centro cultural que acoge exposiciones, biblioteca y colecciones de artes decorativas. Rodeado de jardines y flanqueado por las casas de Velarde y Quijano, este espacio se ha convertido en un referente del patrimonio vivo de la región. Pasear por su entorno es descubrir la última huella del linaje Peredo, una familia que transformó Cantabria en un escenario de piedra, memoria y belleza atemporal.
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Bajo los cielos verdes y húmedos de Cantabria aún resuena el eco de una familia que marcó el pulso político y arquitectónico de su tiempo. La familia de los Peredo dejó su huella en el norte de España durante los siglos XVI al XVIII, levantando algunas de las residencias más imponentes de la región. Su historia está ligada a una figura influyente que consolidó su linaje no solo con poder y fortuna, sino también con un legado monumental que hoy sigue deslumbrando a viajeros y amantes del patrimonio.