Así es la espectacular ruta de Tenerife que atraviesa uno de los últimos bosques termófilos y un palmeral de alto valor ecológico
El macizo de Anaga ofrece uno de los territorios más sorprendentes de Tenerife con un sendero que combina naturaleza primigenia, paisajes encajados en barrancos y rincones difíciles de encontrar en otros puntos de la isla
El tramo central del valle acoge uno de los palmerales de 'Phoenix canariensis' más amplios de Tenerife. (Extraída de Facebook)
Un sendero se abre paso entre laderas que parecen respirar humedad antigua, barrancos que caen como pliegues de un territorio primigenio y crestas volcánicas donde la vegetación se aferra con una tenacidad casi selvática. La ruta del Barranco del Cercado de San Andrés, uno de los recorridos más singulares del macizo de Anaga, reúne paisajes abruptos, vegetación exuberante y un patrimonio natural que sorprende incluso a quienes conocen bien el norte de Tenerife. El recorrido guarda un secreto que apenas se intuye al comenzar a caminar entre las montañas, un detalle que late escondido en el corazón del valle.
Lo que al principio parece un acceso modesto hacia las cumbres acaba revelando un entorno deenorme valor ambiental. A medida que el sendero avanza, la vegetación cambia de forma casi imperceptible hasta dejar paso a uno de los palmerales dePhoenix canariensis más extensos de la isla. Este tramo intermedio del valle, moldeado por el paso del agua y la orografía volcánica, se ha convertido en una referencia para quienes buscan rutas poco transitadas.
El barranco, que nace en las alturas de la Hoya del Mato, desciende por la vertiente sur del macizo hasta unirse al cauce de Las Huertas y desembocar en la pequeña cala conocida localmente como El Cabezo. Su curso, encajado entre laderas antiguas y diques de origen volcánico, conserva todavía una combinación de especies vinculadas a los bosques termófilos, uno de los ecosistemas más frágiles del archipiélago.
El paisaje no solo destaca por su riqueza botánica. A lo largo del cauce se sucedentierras de cultivo, pequeños caseríos y tramos donde aún pueden verse cuevas que formaron parte del poblamiento tradicional. La presencia de sauces canarios, juncias y cañas acompañando el riachuelo aporta una sensación de frescor inusual para el visitante que llega desde la costa.
Uno de los palmerales de 'Phoenix canariensis' que encontrarás en esta ruta de Tenerife. (Extraída de Facebook)
Sendero, palmeral y antiguos caseríos
La subida, sin grandes dificultades técnicas, permite observar cómo el barranco se abre en terrazas agrícolas mientras el camino se adentra bajo el palmeral. En este punto, el contraste entre las laderas secas y la vegetación que abraza el cauce resulta especialmente llamativo. El riachuelo, que forma pequeños charcos entre palmeras, refuerza el carácter casi oasis del valle medio.
Más arriba, el sendero asciende hasta enlazar conzonas de brezos que anuncian la transición hacia la laurisilva. Es un tramo donde los caseríos dispersos, los corrales tradicionales y la presencia ocasional de fauna doméstica recuerdan la estrecha relación entre los habitantes de San Andrés y sus valles históricos. Muchos de estos núcleos, como ya documentaban las crónicas locales, ocupan emplazamientos heredados de épocas ancestrales.
El ascenso culmina en una pista forestal que conduce hacia las cotas altas de Anaga, desde donde se abre una panorámica amplia del valle, el caserío de San Andrés y el litoral cercano a Las Teresitas. Este último tramo permite comprender la magnitud de un barranco que, pese a su apariencia tranquila, ha protagonizado episodios de inundaciones históricas como las de 2002 o 2010, sucesos que evidencian la fuerza del relieve insular.
Quienes completan la ruta suelen regresar por el mismo camino, disfrutando de un descenso que revela de nuevo lavariedad de ecosistemas encapsulados en apenas unos kilómetros. Desde los brezos de montaña hasta los tramos de palmeral, pasando por el cauce encajonado y las antiguas zonas agrícolas, el Barranco del Cercado de San Andrés ofrece un recorrido donde la historia natural, la memoria rural y el paisaje volcánico conviven en equilibrio.
Un sendero se abre paso entre laderas que parecen respirar humedad antigua, barrancos que caen como pliegues de un territorio primigenio y crestas volcánicas donde la vegetación se aferra con una tenacidad casi selvática. La ruta del Barranco del Cercado de San Andrés, uno de los recorridos más singulares del macizo de Anaga, reúne paisajes abruptos, vegetación exuberante y un patrimonio natural que sorprende incluso a quienes conocen bien el norte de Tenerife. El recorrido guarda un secreto que apenas se intuye al comenzar a caminar entre las montañas, un detalle que late escondido en el corazón del valle.