Es noticia
Parece Capadocia, pero está en España y hay que visitarlo: es una joya y perfecto para hacer rutas sencillas
  1. Viajes
EN ARAGÓN

Parece Capadocia, pero está en España y hay que visitarlo: es una joya y perfecto para hacer rutas sencillas

En el corazón aragonés se esconde un paisaje de formas imposibles y belleza cambiante, un escenario natural que parece de otro planeta y que cautiva a quienes buscan rutas tranquilas y paisajes únicos en España

Foto: (Fuente: iStock)
(Fuente: iStock)

A tan solo una hora de Zaragoza se esconde un paisaje que parece sacado de Turquía, un rincón insólito que sorprende por sus chimeneas naturales, torres erosionadas y un aire místico que recuerda a la famosa Capadocia. Quienes se acercan por primera vez quedan fascinados por el silencio, los contrastes del terreno y el espectáculo de luces que ofrece al atardecer. No hay que cruzar fronteras para contemplar este escenario de película: está en la Comarca de las Cinco Villas, en Aragón, y se conoce como los Aguarales de Valpalmas.

Este enclave natural, moldeado durante miles de años por la fuerza del agua y el viento, es uno de los paisajes más curiosos y fotogénicos del norte de España. Las arcillas y areniscas de su suelo han dado lugar a un conjunto de formaciones geológicas caprichosas, talladas por la erosión de forma constante. Cada tormenta, cada ráfaga de aire, modifica ligeramente el terreno, esculpiendo nuevas figuras en un proceso que sigue vivo y que convierte cada visita en una experiencia distinta.

El fenómeno que da origen a los Aguarales se llama ‘piping’, un proceso de disolución que actúa desde el interior del terreno. El agua se infiltra y abre pequeños túneles en el subsuelo, debilitando la estructura hasta que se derrumba y deja a la vista esas agujas y cárcavas que conforman un auténtico laberinto natural. Este tipo de paisaje se conoce como badlands (tierras malas), aunque su aspecto es de todo menos desagradable: son auténticas “tierras bellas” moldeadas por la naturaleza sin intervención humana.

Su nombre, “aguarales”, es muy aragonés y hace referencia a los terrenos áridos y agrietados por la acción del agua. A pocos kilómetros del pueblo que le da nombre, este paraje se ha convertido en una joya natural poco conocida, ideal para pasear, hacer fotos y dejarse asombrar por la fuerza de la erosión.

Foto: castillo-medieval-aragon-joya-huesca-1qrt-1tna

El acceso es sencillo: basta con tomar la carretera que une Valpalmas y Piedratajada y seguir el desvío señalizado hasta el área de aparcamiento. Desde allí, una ruta de apenas dos kilómetros conduce directamente al corazón de este paisaje. Se puede recorrer tanto en coche como a pie, pero caminar entre las formaciones es la mejor forma de apreciar sus detalles.

Existen dos itinerarios principales: uno superior, que ofrece vistas panorámicas y zonas habilitadas como miradores, y otro interior, que permite adentrarse entre las chimeneas de barro y observar de cerca sus texturas. Ambos se recorren en menos de una hora y son aptos para todo tipo de público, incluidos niños y senderistas ocasionales.

Foto: (Fuente: iStock)

Los Aguarales son un paisaje vivo. Con cada lluvia, con cada vendaval, las rocas se transforman. Lo que hoy es una torre de arcilla, mañana puede haberse desmoronado para dar paso a una nueva forma. Es precisamente esa mutación constante lo que convierte este rincón en un espectáculo siempre distinto.

Además, el lugar es un refugio de fauna y flora adaptadas a su clima extremo. Entre las grietas y laderas se esconden pequeñas aves y reptiles, y en primavera, el terreno se tiñe de tonalidades rojizas y doradas que acentúan su belleza.

Uno de los mejores momentos para visitar los Aguarales es al final del día, cuando el sol tiñe las paredes de ocre y las sombras se alargan entre los barrancos. El silencio, interrumpido solo por el viento, crea una atmósfera casi hipnótica. Conviene llevar agua, protección solar y calzado cómodo, ya que no hay fuentes ni zonas de sombra. Y no hace falta volar hasta Turquía para disfrutar de un paisaje digno de Capadocia: basta con poner rumbo a Valpalmas y dejarse impresionar por la obra de arte que la naturaleza ha tallado en pleno corazón de Zaragoza.

A tan solo una hora de Zaragoza se esconde un paisaje que parece sacado de Turquía, un rincón insólito que sorprende por sus chimeneas naturales, torres erosionadas y un aire místico que recuerda a la famosa Capadocia. Quienes se acercan por primera vez quedan fascinados por el silencio, los contrastes del terreno y el espectáculo de luces que ofrece al atardecer. No hay que cruzar fronteras para contemplar este escenario de película: está en la Comarca de las Cinco Villas, en Aragón, y se conoce como los Aguarales de Valpalmas.

Viajes
El redactor recomienda