Entre las montañas del Pirineo aragonés se oculta una senda que durante siglos fue paso de comerciantes y pastores, y que hoy sigue sorprendiendo por su imponente belleza natural. Quienes se aventuran a recorrerla descubren un desfiladero esculpido por la fuerza del agua, donde las paredes de roca parecen estrechar el cielo y el eco del río acompaña cada paso del camino.
Una joya del Sobrarbe tallada por el río Cinca
En el corazón de Huesca, el Congosto de Entremón se presenta como uno de los paisajes más espectaculares del Parque Natural del Sobrarbe. Este cañón, moldeado por el río Cinca a lo largo de los siglos, conecta los embalses de Mediano yEl Grado, ofreciendo un recorrido que combina historia, naturaleza y aventura. Lo que antaño fue un paso temido por los navateros por su bravura fluvial, es hoy una de las rutas de senderismo más impresionantes de Aragón.
El itinerario discurre entre paredes verticales y caminos colgados sobre el vacío, en un estrecho corredor fluvial que conserva el encanto salvaje del viejo Sobrarbe. A lo largo de sus aproximadamente 6 kilómetros de recorrido, el senderista asciende unos 140 metros de desnivel hasta alcanzar vistas únicas del desfiladero y del conjunto monumental de San Emeterio y San Celedonio de Samitier, uno de los rincones más emblemáticos de la zona.
Senderismo entre paisajes vertiginosos
La ruta del Congosto de Entremón combina la emoción de avanzar entre cadenas, peldaños y miradores naturales con la serenidad de los aromas a tomillo y romero que impregnan el aire. Durante el trayecto, es posible divisar la Cueva de las Palomas o contemplar el vuelo de los buitres leonados que habitan en las paredes del cañón. Con un desnivel accesible y señalización clara, se trata de una excursión apta para quienes buscan una jornada de senderismo en Huesca sin grandes dificultades técnicas, pero que temen los que no soportan las alturas.
El camino finaliza junto a la presa de Mediano, donde emerge la torre del antiguo pueblo sumergido, un símbolo silencioso de la memoria del territorio. Cada paso por este angosto pasillo fluvial recuerda que la naturaleza, cuando se abre camino entre la roca, deja huellas que el tiempo no consigue borrar. Y este rincón del Pirineo aragonés es, sin duda, una de esas huellas que merecen ser descubiertas al menos una vez en la vida.
Entre las montañas del Pirineo aragonés se oculta una senda que durante siglos fue paso de comerciantes y pastores, y que hoy sigue sorprendiendo por su imponente belleza natural. Quienes se aventuran a recorrerla descubren un desfiladero esculpido por la fuerza del agua, donde las paredes de roca parecen estrechar el cielo y el eco del río acompaña cada paso del camino.