El tesoro escondido de La Rioja: un pueblo medieval con castillos, bodegas subterráneas y rutas de ensueño
Este pequeño pueblo, reconocido entre Los Pueblos más Bonitos de España, combina castillos, bodegas subterráneas y paisajes que invitan a perderse sin mirar el reloj
Un imponente castillo se alza sobre este pueblo riojano. (Extraída de Facebook)
El viajero que se adentra por las carreteras secundarias del noroeste de La Rioja acaba encontrando, casi por sorpresa, un pequeño enclave donde el tiempo parece haberse detenido. Calles empedradas, casas de piedra dorada y el perfil majestuoso de un castillo marcan la entrada a uno de lospueblos más bellos y menos conocidos de España.
Un viaje al corazón medieval de Sajazarra
Viajamos hasta Sajazarra, un municipio riojano de apenas un centenar de habitantes que forma parte de la red de Los Pueblos más Bonitos de España desde 2017. Situado en la comarca de Haro, este enclave combina historia, arte y enoturismo en un entorno de viñedos y sierras. Su nombre, de origen euskera —"Saja zaharra", que significa "la vieja Saja"—, refleja una herencia milenaria que se remonta a la Edad del Hierro, con vestigios celtíberos hallados en el paraje de Los Cascajos.
Durante la Edad Media, Sajazarra fue un punto estratégico entre los reinos de Castilla y Navarra. De aquel tiempo se conservan sus murallas, la Iglesia de Santa María de la Asunción y, sobre todo, el castillo-palacio de los Velasco, levantado en el siglo XV sobre una fortificación anterior. Aunque de propiedad privada, su imponente estructura cuadrada con torreones octogonales domina el perfil del pueblo y recuerda el poder de los antiguos linajes castellanos.
Entre murallas, bodegas y arte contemporáneo
El casco urbano mantiene una armonía única: casas solariegas, calles estrechas y escudos heráldicos que evocan siglos de historia. Aún se conserva la puerta gótica conocida como El Arco, testimonio de la antigua muralla medieval. Pero Sajazarra no vive anclado en el pasado. Su proyecto SamArt busca recuperar el espíritu artístico que marcó el pueblo durante más de dos décadas, transformando sus calles en una galería al aire libre donde conviven escultura contemporánea y arquitectura tradicional.
Imagen del castillo de Sajazarra y la torre de la iglesia de Santa María de la Asunción. (Wikimedia Commons)
El visitante puede recorrer el Barrio de las Bodegas, con antiguas construcciones subterráneas excavadas en la tierra que antaño servían para elaborar y conservar vino. Hoy, algunas de ellas ofrecen catas y visitas guiadas, mientras otras se han reconvertido en viviendas privadas. Sajazarra forma parte de la Denominación de Origen Calificada Rioja, y las bodegas locales permiten descubrir la tradición vitivinícola que ha dado fama mundial a esta comarca.
Rutas, naturaleza y sabores riojanos
El entorno invita a caminar entre viñedos, campos de cereal y bosques de encinas. Rutas como el Sendero de la Laguna o los caminos que conducen a las Peñas de Gembres permiten disfrutar de paisajes incluidos en la Red Natura 2000, donde habitan aves rapaces y especies autóctonas. A ello se suma un clima mediterráneo-atlántico que tiñe el valle de colores cambiantes con cada estación.
La experiencia se completa con la gastronomía. En Sajazarra se puede degustar lo mejor de la cocina riojana tradicional, desde las patatas a la riojana hasta las chuletillas al sarmiento, acompañadas por vinos locales elaborados en pequeñas bodegas familiares. La autenticidad de su mesa refuerza el encanto de este destino que ha sabido mantener su identidad sin renunciar a la modernidad.
Sajazarra, a apenas 40 minutos de Logroño y 15 de Haro, es una joya escondida que combina historia, arte, vino y paisaje. Un lugar donde el pasado sigue latiendo entre piedras centenarias y el futuro se ilumina con la luz serena de la iniciativa Slowlight, que apuesta por un alumbrado sostenible y emocional para devolver a la noche su magia natural. Se puede llegar en coche por la carretera LR-209.
El viajero que se adentra por las carreteras secundarias del noroeste de La Rioja acaba encontrando, casi por sorpresa, un pequeño enclave donde el tiempo parece haberse detenido. Calles empedradas, casas de piedra dorada y el perfil majestuoso de un castillo marcan la entrada a uno de lospueblos más bellos y menos conocidos de España.