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Descubre este otoño el pueblo más bonito de Gran Canaria que es Reserva de la Biosfera: a los pies del Roque Nublo
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EL BALCÓN DE GRAN CANARIA

Descubre este otoño el pueblo más bonito de Gran Canaria que es Reserva de la Biosfera: a los pies del Roque Nublo

Rodeado por un anfiteatro natural de montañas, se alza a 1.050 metros de altitud como un mirador hacia el cielo. Sus casas encaladas, su tradición repostera y su paisaje volcánico lo convierten en uno de los destinos más cautivadores de la isla

Foto: Vista del pueblo de Gran Canaria que es considerado uno de los más bonitos de España. (Flickr/Stein Arne Jensen)
Vista del pueblo de Gran Canaria que es considerado uno de los más bonitos de España. (Flickr/Stein Arne Jensen)

Tejeda, enclavado en el corazón de Gran Canaria y reconocido como uno de los Pueblos Más Bonitos de España, ofrece este otoño una estampa que roza lo sublime: casas blancas, montañas de fuego dormido y el eco de una historia que ha fascinado a viajeros y escritores durante más de un siglo.

Hay lugares que no necesitan presentaciones, basta una mirada para entender su magia. En el centro geométrico de la isla, donde el viento parece tallar la piedra, Tejeda aparece como un balcón suspendido entre el cielo y los barrancos. La altitud de 1.050 metros le otorga una luz distinta, más pura, que baña los tejados rojizos y los caminos empedrados de un pueblo que guarda en silencio el alma volcánica de Gran Canaria.

Un paisaje petrificado que deslumbró a Unamuno

El propio Miguel de Unamuno, tras una polémica visita a la capital en 1910, quedó impresionado por la grandeza del interior de la isla. "Es una tremenda conmoción de las entrañas de la tierra, parece todo ello una tempestad petrificada, pero una tempestad de fuego, de lava", escribió el filósofo bilbaíno al contemplar la cuenca de Tejeda. Aquella furia volcánica detenida en la roca sigue siendo hoy una de las postales más admiradas del archipiélago.

Rodeado por el Parque Rural del Nublo —protegido por la UNESCO como Reserva de la Biosfera y Destino Starlight—, el municipio es una joya de arquitectura tradicional y naturaleza intacta. Desde su casco histórico se divisan el Roque Nublo y el Roque Bentayga, dos monumentos naturales que dominan el paisaje y sirven de guía para los senderistas que recorren sus rutas panorámicas. Tras una caminata, el viajero puede relajarse en el Parador de Cruz de Tejeda, un refugio de montaña con spa y piscina climatizada al aire libre desde donde contemplar el mar de nubes que cubre las cumbres.

Sabores de altura y tradiciones que perduran

El visitante puede saborear el alma de Tejeda a través de su gastronomía. En sus tabernas se sirven platos tan arraigados como el potaje de berros, el caldo de papas o la carne de cabra, junto a propuestas modernas que no renuncian al producto local. Las almendras, omnipresentes en su paisaje, se transforman en bienmesabe, polvorones o mazapanes que endulzan cualquier visita.

Entre sus paradas imprescindibles se encuentra la histórica Dulcería Nublo, fundada en 1946

Tejeda también presume de una larga tradición ganadera que se traduce en algunos de los mejores quesos de montaña de Gran Canaria. La leche de cabra majorera, base de muchas de sus elaboraciones, aporta un sabor intenso y ligeramente salino que refleja la pureza del entorno. En el municipio destacan cinco queserías: Naroy, El Roque, Cuevas del Rey, El Toscón de Tejeda y Manjar de Tejeda. Cada una conserva su sello propio.

Entre sus paradas imprescindibles se encuentra la histórica Dulcería Nublo, fundada en 1946, donde las palmeras y los piñones comparten protagonismo con los mazapanes de Tejeda. Cada elaboración es un homenaje al árbol que da nombre a una de sus fiestas más emblemáticas: la Fiesta del Almendro en Flor, declarada de Interés Turístico Nacional.

Un museo al aire libre entre montañas y estrellas

Las casas blancas de balcones de madera, los rótulos artesanales y las calles empedradas convierten a Tejeda en una maqueta viva de la arquitectura canaria. Desde la plaza de la Iglesia de Nuestra Señora del Socorro, reconstruida en 1921, se obtienen vistas inigualables del valle. Muy cerca, el Museo de Esculturas Abraham Cárdenes y el Museo de las Tradiciones conservan la memoria artística y etnográfica del municipio.

El entorno natural ofrece además un sinfín de rutas hacia miradores como la Cruz de Tejeda o el Roque Nublo, cuya silueta basáltica domina el horizonte. El visitante puede explorar también el Centro de Plantas Medicinales, heredero de una sabiduría ancestral sobre hierbas como la salvia o la tabaiba, y el Parque Arqueológico del Bentayga, donde los antiguos aborígenes practicaban sus ritos en cuevas sagradas.

placeholder Vista panorámica de Tejeda, el pueblo de Gran Canaria que enamora en cualquier época del año. (Flickr/María Ángeles Cuenca)
Vista panorámica de Tejeda, el pueblo de Gran Canaria que enamora en cualquier época del año. (Flickr/María Ángeles Cuenca)

La esencia de Gran Canaria en su corazón

Tejeda no es solo un pueblo bonito: es el símbolo de la Gran Canaria interior, la que guarda su historia en piedra y su identidad en la memoria de quienes aún cultivan, amasan o moldean la naturaleza con paciencia. A los pies del Roque Nublo, este enclave suspendido en el tiempo invita a detenerse, mirar y comprender por qué, más de un siglo después, sigue siendo —como dijo Unamuno— una "tempestad de fuego y lava" detenida para siempre.

Situado en el centro geográfico de la isla, Tejeda se encuentra a poco más de una hora por carretera tanto desde Las Palmas de Gran Canaria como desde Maspalomas. La ruta más habitual parte de la capital por la GC-15, que atraviesa Santa Brígida y San Mateo antes de ascender entre pinares y miradores naturales hasta alcanzar el valle. Desde el sur, la carretera GC-60 serpentea por Fataga y San Bartolomé de Tirajana, ofreciendo algunas de las vistas más espectaculares del interior grancanario. Ambas vías confluyen cerca de la Cruz de Tejeda, donde un pequeño desvío conduce directamente al casco histórico.

Tejeda, enclavado en el corazón de Gran Canaria y reconocido como uno de los Pueblos Más Bonitos de España, ofrece este otoño una estampa que roza lo sublime: casas blancas, montañas de fuego dormido y el eco de una historia que ha fascinado a viajeros y escritores durante más de un siglo.

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