El fascinante parque natural de Cataluña que brilla en otoño entre bosques de hayas y cumbres pirenaicas
Cuando el otoño llega al corazón del Prepirineo, este santuario natural de Cataluña invita a recorrer sus senderos con calma, descubriendo rincones donde la naturaleza se muestra en su forma más serena, entre hayedos, praderas y riscos calizos
Vista de una de las principales cadenas montañosas del Prepirineo catalán. (Shutterstock)
Hay un parque natural de Cataluña que estalla en colores cálidos, ofrece rutas señalizadas para senderistas y panorámicas de altura: el escenario otoñal reúne hayas, pino rojoy prados alpinos en un macizo que sirve de puente entre Pirineo y Prepirineo.
Se trata del Parc Natural del Cadí-Moixeró, una gran barrera de riscales entre las comarcas de Berguedà, Cerdanya y Alt Urgell. Su geología supera los 500 millones de años y albergamás de 1.400 especies vegetales. En la fauna destaca el pito negro, emblema del espacio protegido. Las montañas del Pedraforca, La Tosa y el Puigllançada completan el mosaico.
La silueta inconfundible del Pedraforca es icono del excursionismo catalán. La subida al collado de la Enforcadura, que une el Pollegó Superior y el Inferior, exige atención y buena forma, sobre todo al descender. Más asequible resulta la ruta circular que rodea la montaña, con parada en el refugio Lluís Estasen y vistas a la muralla calcárea del Cadí.
Para sentir la historia de estos valles, la Ruta de los Segadores (PR-C-124) recorre 29 km entre la vertiente del Cadí y la fértil Cerdanya, con 7–9 horas de marcha y paso por el Pas dels Gosolans (2.426 m). Otra opción es subir al collado desde el refugio Prat d'Aguiló, accesible en 4x4. Quien busque un gran reto tiene los Cavalls del Vent: 84 km y 5.600 m de desnivel acumulado enlazando ocho refugios; su variante en bicicleta suma 225 km y más de 7.000 m.
El Niu de l'Àliga (2.510 m) ofrece una de las panorámicas más completas del parque: a un paso de la Tosa d'Alp (2.537 m) y conectado por telecabina desde La Molina. En temporada sin nieve, muchos visitantes suben cómodamente y descienden a pie o en bicicleta. Las noches de luna llena regalan cielos memorables.
Entre los bosques caducifolios y pastizales alpinos habitan rebecos pirenaicos, corzos y jabalíes, junto a especies escasas como la perdiz pardilla o el treparriscos. En los acantilados anidan grandes rapaces —águila real, halcón peregrino y quebrantahuesos—, mientras los riachuelos acogen truchas comunes y la salamandra pirenaica. La biodiversidad se completa con murciélagos en las cuevas del Fou de Bor y pequeños invertebrados endémicos adaptados a la oscuridad.
Para fotos de postal, el Prat de Cadí —antiguo lago glaciar hoy convertido en pradera— enmarca la muralla norte; se alcanza desde Estana. También destacan el refugio Prat d’Aguiló, en la ruta al mítico paso de los Gosolans, y el accesible mirador de Gresolet (Saldes), balcón al valle y a las cumbres. Al valor natural se suman bosques singulares de pinares, abetales y hayedos centenarios, patrimonio románico como la iglesia de Santa Maria de Talló y una red de caminos históricos —arrieros y trashumantes— que hoy guían al visitante. El espacio está adherido al distintivo Compromiso Biosphere, dentro de la marca turística Pirineos Barcelona, reforzando su apuesta por una visita responsable y bien señalizada.
Hay un parque natural de Cataluña que estalla en colores cálidos, ofrece rutas señalizadas para senderistas y panorámicas de altura: el escenario otoñal reúne hayas, pino rojoy prados alpinos en un macizo que sirve de puente entre Pirineo y Prepirineo.