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Descubre el pueblo más fotogénico de Navarra junto al "Mar del Pirineo": una joya desconocida que enamora en otoño
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OCULTO ENTRE AGUAS TURQUESAS

Descubre el pueblo más fotogénico de Navarra junto al "Mar del Pirineo": una joya desconocida que enamora en otoño

A orillas del embalse que los lugareños llaman el "Mar del Pirineo", se levanta un pequeño pueblo navarro de apenas 300 habitantes que parece suspendido entre el cielo y el agua

Foto: Vista panorámica del Monasterio de Leyre, uno de los conjuntos monumentales más antiguos y emblemáticos de Navarra. (iStock)
Vista panorámica del Monasterio de Leyre, uno de los conjuntos monumentales más antiguos y emblemáticos de Navarra. (iStock)

A los pies de la Sierra de Leyre, donde las montañas se desdibujan en un horizonte de agua turquesa, se esconde un lugar que parece ajeno al tiempo. Con su silueta de piedra y su reflejo sobre el embalse al que da nombre, se revela como un secreto bien guardado del norte de España: un pueblo suspendido entre la historia y el paisaje, donde la luz otoñal transforma cada rincón en una postal viva.

Quien llega hasta este lugar suele hacerlo sin saber que se adentra en una de las estampas más insólitas del norte peninsular. Lo que al principio parece un lago es, en realidad, una de las presas más grandes de la región, rodeada por la Sierra de Leyre y vigilada a lo lejos por el majestuoso Monasterio de San Salvador de Leyre. El resultado: una panorámica que parece sacada de un cuadro, donde historia y naturaleza se confunden en un mismo horizonte.

Un pueblo frente a un mar interior

Con apenas 300 habitantes, Yesa se levanta sobre una cresta de piedra, conservando su trazado medieval y el encanto propio de los pueblos pirenaicos. Desde la parte alta de su casco urbano, las vistas del embalse y las montañas son tan amplias que cuesta creer que se esté en el interior de Navarra. El reflejo del agua cambia con las estaciones, pero es en otoño cuando el paisaje alcanza su máxima belleza.

El embalse, de más de 2.000 hectáreas de superficie, se extiende a lo largo de diez kilómetros y comparte parte de su territorio con la provincia de Zaragoza. Fue construido a mediados del siglo XX para retener las aguas del río Aragón y, con el tiempo, se ha convertido en un espacio de ocio y contemplación donde los amantes del senderismo, el kayak o el paddle surf encuentran un escenario incomparable.

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Entre historia, espiritualidad y naturaleza

A escasos kilómetros del pueblo se encuentra el Monasterio de Leyre, considerado el cenobio más antiguo de Navarra y un punto clave del Camino de Santiago aragonés. Fundado en el siglo XI, su arquitectura románica y su papel histórico lo convierten en uno de los conjuntos monumentales más importantes del norte de España. Desde su mirador se divisan el embalse, los valles y los bosques que envuelven la zona, componiendo una de las vistas más célebres de la comunidad foral.

Yesa también conserva vestigios de su pasado medieval, como la iglesia de San Esteban y el Puente de los Roncaleses, vinculado a antiguas batallas de la Reconquista, que conserva seis de sus siete arcos. Hoy, sus calles empedradas invitan a pasear sin prisa, descubrir rincones fotogénicos y dejarse llevar por el ritmo tranquilo de la vida rural. Al caer la tarde, el silencio solo se rompe con el eco de las campanas y el murmullo del viento entre los tejados, un recordatorio de que en Yesa el tiempo parece detenerse.

Sabores del Pirineo navarro

Quienes deciden alargar la visita pueden alojarse en la Hospedería del Monasterio de Leyre o en los establecimientos del propio pueblo, como el Bar-Hostal Arangoiti o La Taberna de Yesa, donde se sirven platos tradicionales como el cordero al chilindrón o las migas de pastor. Una forma perfecta de completar una escapada que combina gastronomía, patrimonio y naturaleza en estado puro.

Para llegar desde Zaragoza, el trayecto más directo recorre la AP-68 y la AP-15 hasta enlazar con la A-21 y, finalmente, la carretera NA-2420, que conduce al casco urbano. En apenas dos horas, el viajero puede pasar del bullicio urbano a uno de los paisajes más serenos y fotogénicos de Navarra, donde el "Mar del Pirineo" se funde con la piedra y el silencio de un lugar que, en otoño, enamora a quien lo descubre.

A los pies de la Sierra de Leyre, donde las montañas se desdibujan en un horizonte de agua turquesa, se esconde un lugar que parece ajeno al tiempo. Con su silueta de piedra y su reflejo sobre el embalse al que da nombre, se revela como un secreto bien guardado del norte de España: un pueblo suspendido entre la historia y el paisaje, donde la luz otoñal transforma cada rincón en una postal viva.

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