Este pueblo vasco, capital de la Rioja Alavesa, es ideal para una escapada de otoño entre viñedos, bodegas y calles medievales
Su trazado amurallado, las bodegas excavadas bajo tierra y el paisaje teñido de colores cálidos hacen de este enclave vasco uno de los destinos más especiales del otoño
Elevado sobre una colina y rodeado por hileras de viñedos que cambian de color con la llegada del otoño, este pueblo de la Rioja Alavesa ofrece un equilibrio ideal entre historia, paisaje y enogastronomía. Situado en el sur de Euskadi, sus calles empedradas, sus casas nobles y su atmósfera tranquila lo convierten en una opción muy recomendable para quienes buscan un viaje con sabor local y vistas inolvidables. Durante estos meses, la luz dorada del atardecer y los tonos rojizos de las hojas envuelven la villa en una estampa única.
Se trata de Laguardia, capital histórica de la comarca y una de las villas medievales mejor conservadas del País Vasco. Fundada en el siglo X como punto defensivo del Reino de Navarra, conserva su trazado amurallado, torres, puertas de acceso y dos iglesias que dominan el perfil urbano: la de San Juan Bautista y la de Santa María de los Reyes, como detalla Turismo Euskadi. Esta última destaca por su pórtico policromado, una joya del arte gótico vasco que ha llegado hasta nuestros días con sus colores originales protegidos.
Bodegas y viñedos en Laguardia 🍇
🍷Esta localidad de Rioja Alavesa es perfecta para empezar una ruta entre viñedos, disfrutar de un día de Spa y visitar bodegas.
Más allá del patrimonio monumental, Laguardia es conocida por su relación íntima con el vino. Bajo las casas del centro histórico se extiende un laberinto de calados y bodegas subterráneas que se pueden visitar, muchas de ellas integradas en bares y restaurantes donde se sirve el vino local. En los alrededores, algunas de las bodegas más emblemáticas de Rioja Alavesa combinan arquitectura vanguardista con tradición vitivinícola, ofreciendo catas y recorridos guiados que permiten entender mejor el proceso de elaboración.
El entorno paisajístico también suma valor a la experiencia, especialmente en esta estación. Los campos que rodean la villa se tiñen de tonos rojizos y dorados, lo que convierte cualquier paseo o ruta en un espectáculo visual. El terreno elevado del pueblo ofrece vistas panorámicas espectaculares sobre los viñedos, con la Sierra de Cantabria al fondo. Además, el cercano Biotopo Protegido de las lagunas de Laguardia o el dolmen de la Chabola de la Hechicera permiten extender la visita hacia un contacto más directo con la naturaleza y la historia más remota de la zona.
Durante el otoño, cuando acaba de tener lugar la época de vendimia, las bodegas mantienen su actividad y muchas organizan propuestas para visitantes, ya sea en torno al vino joven, a la cultura del territorio o a la gastronomía local. Laguardia mantiene también una oferta hotelera cuidada, que incluye casas rurales, pequeños alojamientos con encanto y spas vinculados al turismo del vino. Todo ello, sin perder la escala humana de una villa que invita a recorrerla a pie, sin prisa, entre piedra, barricas y hojas caídas.
Elevado sobre una colina y rodeado por hileras de viñedos que cambian de color con la llegada del otoño, este pueblo de la Rioja Alavesa ofrece un equilibrio ideal entre historia, paisaje y enogastronomía. Situado en el sur de Euskadi, sus calles empedradas, sus casas nobles y su atmósfera tranquila lo convierten en una opción muy recomendable para quienes buscan un viaje con sabor local y vistas inolvidables. Durante estos meses, la luz dorada del atardecer y los tonos rojizos de las hojas envuelven la villa en una estampa única.