Descubre el monumento románico de Cantabria que encontrarás en la "villa de las tres mentiras": debe su nombre a este pueblo de calles empedradas
Entre calles empedradas y casonas blasonadas se alza uno de los tesoros más emblemáticos de Cantabria. La "villa de las tres mentiras" esconde un templo que ha marcado la identidad de su historia y atrae cada año a miles de visitantes
Una vista de los tejados que culmina en este monumento declarado Monumento Nacional de España. (Responsible Travel)
La Colegiata de Santa Juliana de Santillana del Mar es uno de los templos románicos más notables de Cantabria y forma parte del conjunto histórico que convierte a la villa en un destino imprescindible. Sus muros medievales, sus capiteles esculpidos y el sepulcro de la mártir Juliana convierten este monumento en el verdadero corazón de la localidad.
Pocos lugares evocan con tanta fuerza el apodo popular de la llamada"villa de las tres mentiras" —ni es santa, ni llana, ni tiene mar—. Sin embargo, basta adentrarse en el casco empedrado para descubrir cómo la historia y la leyenda se entrelazan en torno a este edificio, declarado Monumento Nacional en 1889 y paso fundamental del Camino de Santiago por la costa.
Claustro Colegiata Santillana del Mar. (Turismo de Cantabria)
Un origen ligado a la mártir Juliana
El templo actual se levantó en el siglo XII sobre una primitiva ermita y posterior monasterio que ya acogía las reliquias de Santa Juliana de Nicomedia, traídas a la península por monjes peregrinos en el siglo IX. La devoción a la santa fue tal que el pueblo acabó tomando su nombre, derivado de Santa Illana, confirmando que algo de "santa" sí posee la localidad. Su presencia convirtió a Santillana del Mar en un lugar de referencia espiritual y cultural en la región.
En el centro del crucero, el visitante encuentra el sepulcro de la mártir, custodiado bajo un retablo con los escudos de la Casa de la Vega. Su presencia dio origen a un culto que convirtió a Santillana en enclave de referencia para viajeros y caminantes durante la Edad Media, especialmente para quienes seguían la ruta jacobea.
La colegiata destaca no solo por su iglesia de trazado austero, sino también por su claustro, un espacio de recogimiento con 42 capiteles románicos que narran episodios bíblicos y escenas simbólicas. Cada pieza es distinta y refleja la pericia de los maestros canteros de la época, ofreciendo un recorrido artístico único en la cornisa cantábrica.
En torno a sus muros se conservan sarcófagos con inscripciones y motivos heráldicos, testigos de la importancia que el clero y la nobleza otorgaban a este lugar. Los detalles escultóricos, junto con la serenidad del claustro, han convertido a la colegiata en un espacio de contemplación para quienes buscan adentrarse en la espiritualidad del románico.
La vida de Santillana del Mar se ha articulado durante siglos alrededor de la Colegiata de Santa Juliana. Sus calles empedradas, las casonas blasonadas y las torres medievales conforman un escenario en el que cada rincón parece dialogar con el monumento principal. El acceso a la Colegiata de Santa Juliana está abierto al público de martes a domingo en horario de mañana de 10:00 a 13:30 horas y por la tarde de 16:00 a 18:30 horas, permaneciendo cerrada los lunes. El precio general de la entrada es de 3 euros tanto para visitar la iglesia como para acceder al Museo Diocesano, ubicado en la localidad.
La visita a Santillana del Mar no estaría completa sin detenerse en alguno de sus mesones y restaurantes tradicionales. En ellos se pueden degustar especialidades cántabras como el cocido montañés, el sorropotún o marmita de bonito. A ello se suma la repostería monástica, con las célebres tabletas elaboradas por las clarisas en el monasterio Regina Coeli, convertidas en un ritual para vecinos y viajeros. También destaca la Casa Quevedo, donde generaciones han mantenido viva la costumbre de acompañar un vaso de leche fresca con un sobao, ejemplo de la estrecha unión entre gastronomía y tradición en la villa.
La Colegiata de Santa Juliana de Santillana del Mar es uno de los templos románicos más notables de Cantabria y forma parte del conjunto histórico que convierte a la villa en un destino imprescindible. Sus muros medievales, sus capiteles esculpidos y el sepulcro de la mártir Juliana convierten este monumento en el verdadero corazón de la localidad.