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El pueblo a más de 1.000 metros de altura que desaparece con el 'mar de niebla': con unas vistas espectaculares y rutas de senderismo
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Encanto rural en Camero Viejo

El pueblo a más de 1.000 metros de altura que desaparece con el 'mar de niebla': con unas vistas espectaculares y rutas de senderismo

Un pequeño pueblo riojano, escondido entre montañas y niebla, se alza sobre un balcón natural a más de 1.000 metros de altura. Allí esperan rutas, miradores y rincones rurales llenos de encanto

Foto: Vista de este pueblo riojano de apenas 29 habitantes. (Foto: )
Vista de este pueblo riojano de apenas 29 habitantes. (Foto: )

Trevijano de Cameros es un pequeño pueblo de La Rioja, en la comarca de Camero Viejo, que se encarama a más de 1.000 metros de altura, sorprende por un fenómeno único: en los días de niebla queda oculto bajo un manto blanco y parece desaparecer del mapa. Con solo 29 habitantes, se ha convertido en un refugio perfecto para quienes buscan naturaleza, rutas de senderismo y vistas que dejan sin aliento sobre el valle del Leza.

Su historia es la de un lugar al borde del olvido. Durante los años 70, la despoblación y el abandono de la trashumancia lo llevaron a rozar la desaparición, pero un grupo de jóvenes decidió instalarse y revitalizarlo. Con ellos llegó la creación de la Asociación de Amigos de Trevijano, que integró a veraneantes, descendientes de antiguos vecinos y nuevos pobladores. El turismo rural terminó de darle un giro al destino del pueblo, hoy considerado una joya escondida en la Reserva de la Biosfera de La Rioja.

El acceso ya es parte de la experiencia: una carretera que zigzaguea por laderas empinadas hasta alcanzar el caserío, encajado entre Cuernosierra y la meseta de El Plano. Al llegar, el visitante encuentra un balcón natural desde donde se contemplan panorámicas del valle y el imponente Cañón del río Leza, con cortados calizos que impresionan tanto a senderistas como a fotógrafos.

Lo que esconde Trevijano

El gran protagonista de Trevijano de Cameros es su mirador, desde el que se abren vistas incomparables del valle del Leza. Sentarse en sus bancos y dejar pasar las horas entre la brisa fresca y el vuelo de los buitres leonados es una de las experiencias más recomendadas.

Las rutas locales se adentran en gargantas calizas y senderos que serpentean junto a los cortados del cañón. La Senda del Cañón del río Leza, muy cercana, está considerada uno de los itinerarios más espectaculares de la región y resulta ideal para familias y amantes del senderismo. En otoño, los tonos ocres multiplican el encanto.

El patrimonio del agua y la tradición comunitaria también son parte de su identidad. Fuentes como la de la Plaza, la Vieja con su lavadero o la Fontana recuerdan la vida diaria de antaño, y la costumbre de la “vereda” —cuando los vecinos arreglaban juntos caminos y manantiales— refleja la unión que permitió la supervivencia del pueblo.

El encanto cercano: Soto de Cameros

A pocos kilómetros, Soto de Cameros concentra atractivos naturales y culturales. El Mirador del Cañón del río Leza ofrece plataformas seguras para contemplar el desfiladero y la Senda del Torrejón recorre tres kilómetros entre verticales impresionantes y aves rapaces. El visitante puede añadir paradas como la Ermita de Nuestra Señora del Cortijo, la medieval Fuente de los Caños o el Puente del Molino del siglo XVI.

A 1.000 metros de altura, esta localidad brinda unas impresionantes vistas del valle del Leza

En este entorno también esperan joyas históricas como la Iglesia de San Esteban, con su cúpula imponente, la Plaza Juan Esteban Elías y vestigios arqueológicos como el Dolmen del Mallo o la Nevera de Soto en Cameros. Y si se amplía la escapada, el cercano castillo de Clavijo corona la sierra con su silueta medieval, recordando que la comarca combina naturaleza, cultura y rutas con siglos de historia.

Trevijano de Cameros es un pequeño pueblo de La Rioja, en la comarca de Camero Viejo, que se encarama a más de 1.000 metros de altura, sorprende por un fenómeno único: en los días de niebla queda oculto bajo un manto blanco y parece desaparecer del mapa. Con solo 29 habitantes, se ha convertido en un refugio perfecto para quienes buscan naturaleza, rutas de senderismo y vistas que dejan sin aliento sobre el valle del Leza.

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