La ruta de leyenda para ciclistas que debes hacer sí o sí en Navarra: pasa por las antiguas vías del ferrocarril en una foz formada por el río Irati
Este itinerario circular aprovecha las antiguas vías del tren, atraviesa túneles excavados en la roca y permite disfrutar de un cañón único donde sobrevuelan rapaces sobre el río
Un grupo de ciclistas se detiene en la foz para contemplar las paredes calizas del cañón. (Turismo Navarra)
Hay caminos que parecen diseñados para contar una historia. Senderos donde la naturaleza ha escrito sus páginas en piedra y agua, y que hoy invitan al viajero a recorrerlos con calma, sobre dos ruedas. Una de esas rutas, considerada un tesoro para ciclistas, se esconde en un rincón del este de la tierra de los Pirineos Atlánticos. Un escenario donde las paredes calizas son hogar de más de 200 parejas de buitres leonados —una de las colonias más destacadas de Navarra— antes incluso de que tus ruedas toquen el primer tramo.
Se trata de laFoz de Lumbier, un cañón esculpido durante millones de años por el río Irati y declarado Reserva Natural desde 1987. Su recorrido circular permite pedalear por un espacio donde conviven deporte, historia y paisaje en perfecta armonía, siguiendo el trazado del antiguo ferrocarril eléctrico que unió Pamplona con Sangüesa hasta 1955.
La ruta principal discurre por laVía Verde del Irati, un sendero de poco más de seis kilómetros que atraviesa túneles excavados en la roca y bordea el cauce del río. A lo largo del trayecto, los ciclistas disfrutan de paredes calizas que alcanzan hasta 150 metros de altura, donde anidan buitres leonados, halcones peregrinos o águilas reales. Este cañón, que acoge bosques de álamos y fresnos en sus entradas y salidas, es además uno de los mayores refugios de rapaces en Navarra, lo que permite contemplar a estas aves en pleno vuelo mientras sobrevuelan los cortados rocosos.
Uno de los puntos más icónicos es el Puente del Diablo, hoy en ruinas tras ser destruido en la Guerra de Independencia. La leyenda cuenta que fue construido por el demonio como parte de un pacto fallido con una joven que necesitaba medicinas para su madre. Esta historia añade un toque mítico al recorrido y se ha convertido en parte inseparable de la visita. Este emblemático puente, datado en el siglo XVI, descansaba sobre un soloarco de unos 30 metros de largo y apenas 2 de ancho, y cambió su imagen original tras ser demolido por las tropas francesas en 1812.
Quienes deseen ampliar la experiencia pueden optar por la ruta circular de 6,4 kilómetros y unos 360 metros de desnivel. Este itinerario asciende por las laderas que rodean la foz y regresa al punto de inicio enlazando de nuevo con la vía verde. Se trata de un trazado más exigente, pero recompensado con vistas panorámicas de la garganta y de los valles prepirenaicos. El ascenso por las laderas de la Foz ofrece estupendas vistas a la Sierra de Leyre y a las cuencas de Lumbier y Liédena, convirtiendo el esfuerzo en una recompensa visual excepcional.
Además, existen variantes familiares como el trayectode 8,6 kilómetros que parte desde Lumbier y evita los tramos más empinados. Estas alternativas hacen de la Foz de Lumbier un destino apto tanto para ciclistas experimentados como para quienes viajan con niños. Además, muchas familias eligen recorrer este camino circular para disfrutar, sin prisas, de la flora circundante, especialmente de los álamos y sauces que flanquean el tramo final, donde se conecta con la vía verde.
La facilidad de acceso —con aparcamiento cercano, área de descanso y punto de información— convierte esta ruta en una de las más populares de Navarra. A ello se suma la posibilidad de combinar el pedaleo con actividades como el rafting en el río Irati o la observación de aves desde el propio sendero. Así, la Foz de Lumbier ofrece una experiencia completa en la que cada pedalada descubre un paisaje de leyenda.
Cuando el murmullo del Irati se desvanece en el retrovisor y el ciclista contempla la entrada del cañón ya atrás, queda algo más que el recuerdo de un paseo. La Foz de Lumbier, con sus más de 1.300 metros de cañón esculpido —entre imponentes paredes de 150 a 400 metros de altura— se alza como una joya accesible del Prepirineo, tan sencilla de recorrer en familia como rica en historia natural y paisajística. Un cierre perfecto para una escapada sobre dos ruedas con sabor a leyenda, naturaleza y pasado ferroviario.
Hay caminos que parecen diseñados para contar una historia. Senderos donde la naturaleza ha escrito sus páginas en piedra y agua, y que hoy invitan al viajero a recorrerlos con calma, sobre dos ruedas. Una de esas rutas, considerada un tesoro para ciclistas, se esconde en un rincón del este de la tierra de los Pirineos Atlánticos. Un escenario donde las paredes calizas son hogar de más de 200 parejas de buitres leonados —una de las colonias más destacadas de Navarra— antes incluso de que tus ruedas toquen el primer tramo.