El encantador pueblo de Asturias que te descubre 'National Geographic' con géiseres marinos y arte rupestre y que debes visitar para desconectar
A orillas del oriente asturiano se levanta un lugar diminuto en población pero inmenso en historia y paisajes. Entre bufones que escupen agua hacia el cielo y cuevas con arte rupestre milenario, este pueblo guarda la esencia más auténtica de Asturias
Espectáculo natural de los bufones que, en días de temporal, alcanzan hasta 40 metros de altura. (Animales Viajeros)
La costa oriental de Asturias esconde un enclave capaz de hipnotizar al viajero: un pueblo de apenas 90 habitantes asentado sobre una atalaya natural donde el mar se transforma en géiser y el arte rupestre susurra historias de hace miles de años. Un lugar al que National Geographic señala como imprescindible para quienes buscan desconectar entre naturaleza salvaje y patrimonio milenario.
Un pueblo con vistas al Cantábrico
Ubicado en la Sierra Plana que lleva su nombre, este pequeño pueblo ejerce de balcón natural. Desde sus miradores se contemplan tanto los Picos de Europa como la costa asturiana y cántabra, lo que lo convierte en un destino de gran atractivo visual. Incluso el emperador Carlos V se detuvo aquí en 1517, cuando apenas era un adolescente queregresaba de Flandes, un episodio histórico que los vecinos rememoran cada verano en una fiesta popular. Hoy, quienes lo visitan descubren en Pimiango la misma belleza que fascinó al monarca hace más de cinco siglos.
Pero más allá de la calma de sus calles y de su iglesia de San Roque, que guarda la antigua imagen románica de la Virgen de Tina, el visitante se adentra en un entorno cargado de historia y naturaleza. El cabo de San Emeterio y la Cueva del Pindal, declarada Patrimonio de la Humanidad desde 2008, son dos de sus grandes reclamos. Un recorrido por estos lugares permite entender por qué Pimiango se ha convertido en uno de los rincones más admirados del oriente asturiano.
Arte rupestre y leyendas
La cueva, que forma parte del prestigioso conjunto Cueva de Altamira y arte rupestre paleolítico del norte de España de la UNESCO, conserva pinturas de caballos, bisontes y signos abstractos que datan de entre 13.000 y 18.000 años, testimonio de la ocupación humana desde el Paleolítico. Muy cerca se encuentra la ermita de San Emeterio, rodeada de leyendas que hablan de barcas de piedra y restos sagrados traídos por ángeles, y escenario de escenas de la película El abuelo, de José Luis Garci.
Pinturas paleolíticas de la Cueva del Pindal, cabo de San Emeterio (Pimiango). Destacan las representaciones de bisontes, caballos, la cierva (la más conocida), el mamut y el pez. Las dos últimas, poco comunes. pic.twitter.com/p4YSJwOVpM
La tradición también se vive en su romería anual en honor a San Emeterio, donde se mezclan ritos religiosos y celebraciones vecinales en un paraje que conserva intacta la esencia asturiana. Cada primavera, la pradera frente a la ermita se convierte en un festivo escenario de tradición, fe y comunidad, donde jóvenes y mayores reviven ritos ancestrales entre cánticos, bailes y la simbólica ofrenda del ramo al santo.
Los bufones y la fuerza del Cantábrico
Uno de los espectáculos más sobrecogedores lo ofrecen los bufones de Santiuste, situados a escasos kilómetros de Pimiango. Estos géiseres marinos, formados por la acción del mar sobre la roca caliza, expulsan chorros de agua que pueden alcanzar hasta 40 metros de altura durante los temporales. El estruendo y el silbido que producen convierten la experiencia en una cita obligada para los amantes de la naturaleza.
Bufones de Santiuste, en Pimiango. (Flickr/Mackedwars)
El visitante también puede recorrer la Ruta de los Acantilados de Pimiango, un itinerario que une miradores, la Cueva del Pindal y el monasterio de Santa María de Tina, un templo cisterciense del siglo XIII cuyas ruinas aún mantienen la solemnidad de su pasado. La senda, de aproximadamente 8,1 km y dificultad baja, se completa en unas 2 horas y media, permitiendo al caminante descubrir vegetación atlántica —encinas, eucaliptos y acebuches—, así como avistar halcones y otras aves rapaces que surcan los cielos sobre el acantilado.
Tradiciones y vida cotidiana
El pueblo conserva huellas culturales singulares, como la antigua jerga de los zapateros ambulantes, conocida como mansolea, oLa Librería de Pimiango, una taberna convertida en refugio de libros y viajeros. En sus estanterías y mesas, se saborean desde tapas como anchoas de Santoña, tablas de embutidos, quesos asturianos o tartar vegetal, hasta platos principales como fabes de mar, salmón a la naranja, carrilleras ibéricas o codillo en salsa, rematados con postres caseros como arroz con leche o coulant con helado. Todo ello conforma un retrato único de autenticidad en el que conviven historia, paisaje y memoria popular.
Pimiango, bautizado como "la perla del oriente de Asturias", ofrece un viaje en el tiempo y un contacto directo con la naturaleza. Entre bufones, arte rupestre y horizontes abiertos al Cantábrico, este rincón que destaca National Geographic invita a detenerse y redescubrir el valor de la calma.
La costa oriental de Asturias esconde un enclave capaz de hipnotizar al viajero: un pueblo de apenas 90 habitantes asentado sobre una atalaya natural donde el mar se transforma en géiser y el arte rupestre susurra historias de hace miles de años. Un lugar al que National Geographic señala como imprescindible para quienes buscan desconectar entre naturaleza salvaje y patrimonio milenario.