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El pueblo cántabro donde el verano no pasa de 15 grados: la puerta norte de Castilla que inspiró a Miguel Delibes en su faceta más desconocida
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VERANOS SOBRE RUEDAS

El pueblo cántabro donde el verano no pasa de 15 grados: la puerta norte de Castilla que inspiró a Miguel Delibes en su faceta más desconocida

A medio camino entre la meseta castellana y la montaña cántabra, esta villa ofrece veranos de aire fresco, historia en cada esquina y una conexión inesperada con la juventud más íntima de Miguel Delibes

Foto: Vista aérea de un pequeño municipio cántabro enclavado entre montañas nevadas (Facebook/Fundación Miguel Delibes)
Vista aérea de un pequeño municipio cántabro enclavado entre montañas nevadas (Facebook/Fundación Miguel Delibes)

La capital de Campoo sorprende cada verano a los viajeros que huyen del calor: sus temperaturas rara vez superan los 15 °C al amanecer, incluso en agosto. Pero además de ofrecer un clima privilegiado, esta localidad cántabra guarda un vínculo íntimo con uno de los escritores más influyentes del siglo XX. Lo que muchos ignoran es que aquí comenzó uno de los capítulos más personales y desconocidos de su vida.

Un verano fresco entre montañas y pantortillas

No hace falta decir más que "nos vemos en el cañón". Quienes viven o visitan Reinosa saben que ese punto, entre la calle Mayor y el puente de Carlos III, es el corazón social del pueblo. Allí, rodeado de bares y olor a pantortilla, uno puede refugiarse bajo los soportales de piedra mientras la brisa cruza desde el cercano Ebro. En este enclave, a más de 850 metros de altitud, el verano apenas aprieta: la media matinal ronda los 13 °C y solo a mediodía los termómetros se atreven a marcar 24 o 25.

Este clima tan peculiar, resultado de la confluencia entre la cordillera Cantábrica y los vientos atlánticos, convierte a Reinosa en un destino inesperado para quienes buscan un respiro del calor veraniego del sur o del turismo de masas de la costa cántabra. Lejos de las playas de Noja o Liencres, este rincón del interior guarda tesoros arquitectónicos barrocos, casonas del siglo XVIII y rutas que discurren entre iglesias, plazas y caminos de ribera.

Delibes, ciclista, pescador y narrador de valles

Entre esas rutas, una en particular quedó grabada en la memoria de Miguel Delibes. En los años cuarenta, el escritor recorría en bicicleta los puertos y hoces que separan Molledo de Sedano. Reinosa era parada obligada en su viaje hacia el amor: el encuentro con Ángeles de Castro, su futura esposa. En cuentos como Mi querida bicicleta, el autor evocó aquellos trayectos duros y mágicos, donde la "brisa tibia" y el "aroma a prado y boñiga seca" se fundían con la emoción juvenil del pedaleo.

placeholder Este dibujo forma parte de la exposición 'Los dibujos de El camino', que puede verse en Reinosa (Archivo)
Este dibujo forma parte de la exposición 'Los dibujos de El camino', que puede verse en Reinosa (Archivo)

Ese mismo paisaje que inspiró su obra sigue presente en el municipio. El río Ebro, que nace a solo seis kilómetros en Fontibre, fue refugio del Delibes pescador. Y los prados y cañadas que hoy acogen rutas cicloturistas y senderos naturales fueron, durante años, el escenario íntimo del novelista vallisoletano que aprendió a amar Cantabria sobre dos ruedas.

Un legado que aún respira entre los soportales

Hoy, Reinosa mantiene viva la memoria de aquel Delibes ilustrador, el que dibujó escenas de El camino con trazo limpio y sensibilidad literaria. La exposición “Los dibujos de El camino”, organizada por la Fundación Miguel Delibes, ha recalado en el Centro de Educación de Adultos del municipio, recordando a los vecinos que su ciudad no solo fue escala en una ruta romántica, sino también un lugar donde el autor forjó parte de su universo creativo.

Foto: pueblo-burgos-favorito-miguel-delibes-atravesado-por-cascada

Desde las plazas empedradas hasta el embalse del Ebro, donde es posible practicar vela o paddle surf, Reinosa ofrece un verano sin estridencias, de temperatura amable y silencios narrativos. Un lugar que Delibes cruzaba sin pretensiones, pero donde la literatura encontró cobijo y la memoria, un rincón en el norte de Castilla. Hoy, su recuerdo se dibuja también con tinta negra sobre papel, como en las viñetas que completan su legado más íntimo.

La capital de Campoo sorprende cada verano a los viajeros que huyen del calor: sus temperaturas rara vez superan los 15 °C al amanecer, incluso en agosto. Pero además de ofrecer un clima privilegiado, esta localidad cántabra guarda un vínculo íntimo con uno de los escritores más influyentes del siglo XX. Lo que muchos ignoran es que aquí comenzó uno de los capítulos más personales y desconocidos de su vida.

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