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Un mes después del derrumbe de una de sus torres: lo que necesita este castillo de Toledo, en la lista roja de Patrimonio
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Un mes después del derrumbe de una de sus torres: lo que necesita este castillo de Toledo, en la lista roja de Patrimonio

Una silueta legendaria resiste desde las alturas mientras el paso del tiempo y la desidia amenazan con borrarla. El reciente desplome ha reavivado la atención sobre uno de los grandes olvidados del patrimonio toledano

Foto: El castillo de Almonacid de Toledo en una imagen anterior al derrumbe. (Turismo de Castilla-La Mancha)
El castillo de Almonacid de Toledo en una imagen anterior al derrumbe. (Turismo de Castilla-La Mancha)

Un poco más de un mes después del derrumbe de una de sus torres, la silueta de una antigua fortaleza toledana sigue recortándose en el horizonte manchego, como testigo mudo de siglos de historia. Su imponente figura sobre la colina atrae las miradas de los viajeros que cruzan el corazón de Castilla-La Mancha, mientras expertos y vecinos claman por su restauración definitiva.

Se trata del castillo de Almonacid de Toledo, una construcción de origen musulmán que domina el paisaje desde los 800 metros de altitud del cerro donde se alza. El colapso de una de sus torres el pasado 3 de abril reavivó la preocupación por su delicado estado, que ya le valió en 2008 su inclusión en la Lista Roja de Patrimonio de Hispania Nostra. Según la alcaldesa María Almudena González, las lluvias persistentes de marzo provocaron el derrumbe de parte de la barbacana sur y de una de las torres cilíndricas, aunque la verdadera dificultad para intervenir reside en su compleja propiedad, compartida por más de un centenar de herederos.

Un símbolo vulnerable en manos divididas

Construido para proteger la calzada que unía la capital visigoda con el sur peninsular, el castillo formaba parte de una red defensiva conectada con enclaves como Peñas Negras, Orgaz o Consuegra. Su compleja planta poligonal, con torres, almenas y foso, respondía a fines tanto militares como logísticos: los aljibes internos podían abastecer a unas 150 personas durante un asedio prolongado. En su torre del homenaje, de tres plantas, se aprecian aún elementos constructivos originales como bóvedas de ladrillo y restos de silos. La tradición oral vincula su nombre al Cid Campeador, aunque los archivos sitúan su primera mención en el siglo IX y su cesión a la Catedral de Toledo en tiempos de Alfonso VI.

Desde el siglo XIX, cuando se permitió el uso de sus materiales para construcciones particulares, el castillo ha sufrido múltiples expolios y deterioros. Hoy, invadido por la vegetación y parcialmente hundido, su futuro depende de una posible intervención pública. La arquitecta Luz González Blanco ya proponía en su TFM Cronopias diversas hipótesis de recomposición a partir de estudios históricos y estructurales.

El castillo de Almonacid pertenece a múltiples propietarios y el Ayuntamiento ha iniciado un expediente de ruina ante la Junta para asumir su gestión y solicitar ayudas estatales, como el 2% cultural, aunque el proceso aún está en curso.

Un poco más de un mes después del derrumbe de una de sus torres, la silueta de una antigua fortaleza toledana sigue recortándose en el horizonte manchego, como testigo mudo de siglos de historia. Su imponente figura sobre la colina atrae las miradas de los viajeros que cruzan el corazón de Castilla-La Mancha, mientras expertos y vecinos claman por su restauración definitiva.

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