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Descubre la ‘Capadocia’ burgalesa: 14 cuevas y galerías excavadas en la roca de más de 14 siglos
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De los siglos VII y VIII

Descubre la ‘Capadocia’ burgalesa: 14 cuevas y galerías excavadas en la roca de más de 14 siglos

Un enclave tallado en la roca durante la Alta Edad Media permanece oculto entre los desfiladeros del norte de Burgos. Pocos viajeros conocen este tesoro milenario escondido a escasos metros de la carretera

Foto: Cuevas y galerías excavadas en la roca de más de 14 siglos. (Las Merindades)
Cuevas y galerías excavadas en la roca de más de 14 siglos. (Las Merindades)

Entre desfiladeros, arboledas y paredes de arenisca, un enclave único permanece oculto a simple vista en el norte de Burgos. Pese a su cercanía a la carretera, muy pocos viajeros se detienen a contemplar este asombroso vestigio de la vida eremítica altomedieval, labrado hace más de 1.300 años.

Se trata del eremitorio de Arroyo de las Torcas, también conocido como Las Cuevas de los Portugueses, un conjunto rupestre formado por 14 estancias excavadas entre los siglos VII y VIII en la localidad burgalesa de Tartalés de Cilla, en el entorno de los montes Obarenes. Su sobrenombre moderno hace referencia a los trabajadores portugueses que reutilizaron estas grutas como vivienda a comienzos del siglo XX durante las obras del ferrocarril Santander-Mediterráneo.

Este asentamiento se encuentra en un pequeño cañón cubierto por vegetación y atravesado por un arroyo, en un paraje que ofrecía abrigo, agua y aislamiento: las condiciones ideales para los antiguos anacoretas. Los habitáculos, tallados en roca arenisca de fácil excavación, incluyen elementos arquitectónicos como arcos de herradura o de medio punto, bóvedas de cañón y ábsides semicirculares. Algunas de las cámaras presentan bancos corridos y nichos esculpidos en la piedra.

El acceso se realiza desde la carretera entre Oña y Trespaderne, justo en el cruce hacia Tartalés de Cilla, donde unas escaleras conducen a esta joya oculta del patrimonio altomedieval. Aunque su origen exacto aún se debate (se baraja una vinculación con comunidades mozárabes o ganaderos seminómadas), su valor como testimonio del paso del eremitismo a la vida monástica lo convierte en uno de los complejos rupestres más relevantes de Castilla y León.

Entre desfiladeros, arboledas y paredes de arenisca, un enclave único permanece oculto a simple vista en el norte de Burgos. Pese a su cercanía a la carretera, muy pocos viajeros se detienen a contemplar este asombroso vestigio de la vida eremítica altomedieval, labrado hace más de 1.300 años.

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