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La fortaleza medieval de Cataluña sobre una colina que quiso comprar Salvador Dalí y en la que ya nadie vive
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UN PARAJE LLENO DE MISTERIO Y ENCANTO

La fortaleza medieval de Cataluña sobre una colina que quiso comprar Salvador Dalí y en la que ya nadie vive

Ubicado en la frontera entre Francia y España, este antiguo castillo que ha sido rehabilitado para recibir a visitantes de diferentes lugares del mundo, fue escenario de numerosas batallas a lo largo de la historia

Foto: El Castillo de Requesens, en Girona, está ubicado en una finca de más de 2.000 hectáreas de castaños, encinas, robles y hayas. (Turismo Empordà)
El Castillo de Requesens, en Girona, está ubicado en una finca de más de 2.000 hectáreas de castaños, encinas, robles y hayas. (Turismo Empordà)

Un halo de misterio y secretismo ha rodeado a algunos puntos del interior de Cataluña a lo largo de los siglos. Entre sus verdes y frondosos valles, que incluyen espacios protegidos como la sierra de L'Albera (donde terminan los Pirineos), existen castillos de otra época donde se libraron cruentas batallas.

El valle de Requesens es un lugar clave para la historia, situado entre los pasos del Portús y de Banyuls, que han sido vitales desde la antigüedad, por donde pasaban la Vía Augusta y la Vía Domitia, rutas fundamentales para el comercio y la comunicación en el Imperio Romano. Situado en la localidad de La Junquera, en la provincia de Girona, el Castillo de Requesens se alza sobre un promontorio (una colina estratégica) en medio de un bosque espeso flanqueado por alcornoques.

Esta antigua fortificación medieval es guardián vigilante de los valles meridionales del monte Neón. Ubicado cerca de la frontera con Francia, su entorno acoge un legado envuelto en leyendas, donde hoy las masías colindantes están deshabitadas y solo queda el vago recuerdo de un pasado tan sanguinario como inquietante.

Herencias malditas en L'Empordà

A 511 metros de altura y entre los claros del valle, asoma esta fortificación que esconde más de un secreto entre sus paredes. Su historia se remonta al siglo XI, cuando condes y lugareños vieron por primera vez terminada la construcción que heredó la magia de la parroquia de Santa María de Requesens. Al ser abandonada, el culto al santuario se trasladó a otro templo situado en la zona noroeste.

El misterio del castillo de Requesens está relacionado con Tomás de Rocabertí, uno de los propietarios y vizconde de Peralada, que decidió hacer algunas reformas a finales del siglo XIX para convertirlo en su residencia de verano. En 1893, el figuerense Alexandre Comalat se puso al frente de las obras, que terminaron en 1899. Sin embargo, el destino fue caprichoso para el también marqués, y nunca pudo verlo terminado.

La muerte llamó a su puerta. Al no tener descendencia, la herencia pasó a su hermana, la condesa Joana Adelaida. Para celebrar el fin de la rehabilitación, se organizó una fiesta a la que acudieron las personas más ilustres de la época. Sin embargo, el ágape terminó con una tragedia inesperada: la condesa apareció muerta en extrañas circunstancias. Algunos documentos históricos apuntan a que pudo ser envenenada, pero nunca ha habido una conclusión firme sobre su deceso.

Foto: asombroso-castillo-cataluna-enclave-unico-1qrt-1tna

Tras el fatal destino de la familia, que formó parte de uno de los linajes más importantes de la Corona de Aragón, el castillo fue escenario de diversos conflictos durante la Guerra Civil Española. La restauración adoptó un enfoque integral, con el fin de preservar no solo la estructura original, sino también revitalizar el interés de su patrimonio, ofreciendo a los visitantes del nuevo siglo una experiencia enriquecedora que conecta con las raíces históricas de la zona.

Su encanto no se diluyó con el paso del tiempo. De hecho, incluso cautivó al célebre pintor Salvador Dalí, que estuvo a punto de comprar la propiedad. Sin embargo, finalmente se decantó por el Castillo de Púbol, una construcción gótica-renacentista del siglo Xi, ubicada en el municipio de La Pera, en Girona.

Un halo de misterio y secretismo ha rodeado a algunos puntos del interior de Cataluña a lo largo de los siglos. Entre sus verdes y frondosos valles, que incluyen espacios protegidos como la sierra de L'Albera (donde terminan los Pirineos), existen castillos de otra época donde se libraron cruentas batallas.

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