La Atlántida de Galicia que deja al descubierto un pueblo que emergió de las aguas a causa de la sequía
La construcción del embalse de Lindoso, en la frontera entre España y Portugal, se llevó por delante varias aldeas en medio una intensa revuelta vecinal
Imagen de la aldea de Aceredo, que aparece y desaparece por voluntad del agua. (YouTube)
Una severa inundación hace treinta años enterró la aldea de Aceredo, en Ourense, pero su final todavía no estaba escrito. La sequía obró el milagro: este pequeño rincón gallego se transformó en una especie de Atlántida moderna. Su vida se apagó, pero de vez en cuando florece por voluntad de las aguas.
Hay una fecha que ha quedado marcada en el calendario de los vecinos orensanos. El 8 de enero de 1992, cuando la hidroeléctrica portuguesa EDP inició el llenado del lago del embalse, Aceredo se fundió a negro. Sin embargo, entre los años 2021 y 2022, el poblado quedó totalmente a la vista, gracias al bajo nivel del embalse anejo, lo que permitió apreciar la última de sus piedras.
Desde entonces, esta situación ha propiciadoun peregrinaje casi obligado a este enigmático lugar de Galicia por parte de curiosos nacionales y extranjeros. Aceredo, perteneciente al municipio de Lobios, en Ourense, es uno de los rincones más desconocidos de la despoblación rural en España. Construida sobre el río Limia, hoy es un pueblo fantasma, en el que las ruinas emergen de las aguas como un tesoro inmutable.
Despertando del letargo
La tragedia se llevó por delante una vasta zona del valle, lo que incluía tierras gallegas y parte del Parque Natural da Serra do Xurés, un espacio protegido de carácter transfronterizo único en Europa. Los montes ancestrales gallegos, en los que de vez en cuando los corzos buscan refugio, se funden con los asentamientos megalíticos, las colmenas amuralladas, los hórreos de piedra y las huellas depositadas por los legionarios romanos.
La construcción del embalse de Lindoso, en la frontera entre España y Portugal, en 1992, fue un proyecto controvertido que se llevó por delante varias aldeas, generando una fuerte oposición entre los habitantes de la zona. La presa, destinada a mejorar el suministro de agua y la producción de energía, no solo transformó el paisaje, sino que también provocó el desalojo forzado de comunidades enteras, que vieron sus hogares y tierras sumergidos por las aguas.
Cuando el embalse se vacía, fragmentos de la vida de la aldea emergen, como vestigios de un pasado que se niega a ser olvidado. Las casas, los caminos y hasta los ecos de las risas de sus habitantes parecen resurgir momentáneamente, recordándonos el coste humano detrás de los grandes proyectos de infraestructura. Como si hubiera heredado la magia de Pompeya (la destructora erupción del Vesubio enterró la ciudad romana), Aceredo fue cubierto por las aguas del embalse, conservándose de manera sorprendente bajo la superficie.
Una severa inundación hace treinta años enterró la aldea de Aceredo, en Ourense, pero su final todavía no estaba escrito. La sequía obró el milagro: este pequeño rincón gallego se transformó en una especie de Atlántida moderna. Su vida se apagó, pero de vez en cuando florece por voluntad de las aguas.