"En Japón podía pasarme la tarde viendo mangas en Akihabara sin que nadie me dijera 'qué raro eres'": por qué cada vez más gente viaja sola
Son muchos los motivos por los que la gente prefiere descubrir el mundo sin compañía y hemos hablado con diferentes viajeros para que compartan sus experiencias irrepetibles
"El viajar solo es glamoroso cuando se lo mira en retrospectiva", Paul Theroux. Cada vez son más las personas que se animan a salir de su zona de confort y emprender un viaje en solitario (una de cada cuatro personas planeaba aventurarse en solitario en 2022, según un estudio de MMGY Global), para lo cual no es necesario volar hasta la otra punta del mundo.
Coger el coche, el tren o el autobús e ir a un pueblo cerca de tu lugar de residencia a pasar el día es también viajar y, si lo haces sin acompañantes, solo. La experiencia de conocer un destino acompañado o en solitario es completamente distinta, en algunas ocasiones mejor y otras veces peor.
Elena García Donoso, la fundadora y CEO de 'Viajes Al otro lado del miedo', confirma la tendencia al alza de viajar sin acompañantes, sobre todo entre las mujeres: "Los últimos datos dicen que de todos los viajeros en solitario, el 70% son mujeres y esto está muy relacionado con ese sentido de la identidad y la conexión con la parte más emocional".
En AlohaCamp, plataforma para reservar alojamientos cerca de la naturaleza en Polonia y España, este año también han notado "un aumento del 65% en el número de reservas de personas que viajan solas, si comparamos los datos con el mismo período del año anterior".
Elena en Namibia. (Cedida)
No tener compañeros de viaje tiene muchas ventajas y quienes lo eligen tienen muy claro por qué lo hacen: "Soy una persona que disfruta mucho de la estética de los lugares, paisajes, culturas... y al ir sola de viaje me gusta poder tomarme mi tiempo en cada rincón para apreciarlo o fotografiarlo. También puedo marcar mi propio itinerario sin tener que privarme de ir a lugares que me gustaría visitar, pero que por votación suelen quedar fuera del plan. Siento mucha paz viajando sola", comenta Paloma (26 años).
"Quizás suene a tópico, pero lo mejor de viajar solo es que haces lo que quieres cuando quieres. Además, nunca te tienes que justificar de los sitios a los que quieres ir. En Japón, por ejemplo, podía pasarme una tarde entera viendo cómics manga en Akihabara sin que nadie me dijera 'qué raro eres' o 'vámonos ya'. Otro detalle que me gusta es cuando llegas a un sitio nuevo, te despiertas por la mañana, te pones buena música y te lanzas a explorar", asegura Jesús (34 años).
"Hay momentos en los que te planteas que ojalá hubiera alguien a tu lado"
Sin embargo, esta experiencia no es siempre perfecta: "Tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Es cierto que cuando viajas solo y ves a parejas disfrutar de una buena cena o de una buena copa de vino, reírse juntos y, en definitiva, disfrutar de la vida, hay momentos en los que te planteas que ojalá hubiera alguien a tu lado", añade Jesús.
Aunque siempre te permite coleccionar anécdotas irrepetibles, como la que cuenta Chiara (25 años): "En mi viaje a Corea del Sur, concretamente en la ciudad de Busan, decidí aventurarme en un mercado a probar platos típicos. Vi un puesto de brochetas a la barbacoa y pregunté a la señora: 'What meat is it? Pork, chicken, beef?'. A lo que me respondió: 'Chicken joul'. Sin saber descifrar la segunda palabra, di por hecho que siendo pollo me gustaría (con que no fuera casquería me servía). Pedí esas brochetas que tenían muy buena pinta, a la brasa, con una especie de salsa similar a la teriyaki por encima. Estuvieron tan deliciosas que me acerqué de nuevo al puesto y con la opción de escanear del traductor saqué una foto a mi pedido. Fue entonces cuando me di cuenta de que la segunda palabra detrás de pollo era corazones".
Fotografía sacada por Chiara en Corea del Sur. (Cedida)
Alcanzar la libertad es el objetivo
"Mi viaje más atrevido fue a India, donde estuve un mes y medio estudiando yoga", confiesa Aitana, 26 años. Hay viajes que se realizan en un momento muy concreto de tu vida por un motivo que también lo es y eso fue lo que hizo Aitana que se fue a la otra punta del mundo para formarse en lo que ha resultado ser su gran pasión.
Ella, como muchas otras personas que deciden viajar solas, lo que más valoran de esta vivencia es la libertad: "La libertad de decidir y de conocer a gente. Cuando vas acompañada, siempre has de amoldarte un mínimo, por empatía, a las preferencias de los demás. Viajar sola significa escucharte por completo, fluir según tu propio ritmo y lo que te apetezca en cada momento. Ser susceptible a cambios y a caprichos, a perderte o a ir a comer al mismo lugar todos los días", añade Aitana.
Sus palabras coinciden (sin conocerse entre ellas) con las de Rosario (34 años), que estuvo viajando durante un año y medio por Latinoamérica después de dejar su trabajo: "Tú tomas todas las decisiones, para bien y para mal. Eso significa que vas a tu ritmo, eliges a dónde ir, qué ver, cuándo parar… Es una manera perfecta de aprender a escucharte y conocerte mejor. Pero, si surge algún contratiempo, sabes que depende de ti solucionarlo".
Rosario en la Carretera de la Muerte, Chile. (Cedida)
Y con las de Juan Luis, que a sus 27 años ha viajado solo a Londres, Indonesia, Costa Rica, China o República Dominicana: "Me encanta disponer de esa flexibilidad para decidir en el último momento ir a otro plan que te apetezca más, como ir a unas termas o a un volcán. Es algo que si viajas con gente es más complicado de gestionar. Sobre todo me gusta viajar solo cuando son itinerarios largos porque siento que viajar tanto tiempo con una persona me puede llegar a consumir, entonces prefiero ir a mi ritmo".
¿Para disfrutar de la libertad hay que sufrir el aburrimiento? ¿Pasar tanto tiempo solo es aburrido? No tiene por qué, responde Juan Luis: "En los países de Latinoamérica que he visitado nunca me he aburrido. Son destinos en los que siempre encuentras a gente dispuesta a compartir planes, excursiones y experiencias contigo. Es más, había momentos en los que yo mismo me tenía que buscar un ratito para estar solo para recargar mi batería social. Sin embargo, hay otros destinos como, por ejemplo, China, que son un poco más extremos en el sentido del idioma, la cultura completamente distinta y lo mismo con las dinámicas sociales. En este viaje (a China) sí que había días en los que podía llegar a sentirme un poco extraño al pasar tantos días conmigo mismo".
Juan Luis en la Gran Muralla China. (Cedida)
"Conocerse mejor a uno mismo", ¿sucede?
Existe una creencia popular muy extendida: al viajar solo te conoces mejor a ti mismo y descubres cosas de ti que no sabías. ¿Es cierto? ¿Hace falta irse a la otra punta del mundo y sin compañía para saber quienes somos realmente? Si esto fuera así, cualquier persona que no haya hecho un viaje de este tipo viviría toda su vida sin conocerse realmente.
"Yo creo que te conoces a ti mismo, más que viajando, viviendo la vida"
Javier ha visitado en solitario Marruecos, Senegal, China, Albania, Francia, Alemania, Italia, Kosovo, Lituania, Países Bajos, Suiza, Estados Unidos y Colombia; así que, tiene experiencia de sobra para responder a la pregunta de si viajando solo ha conseguido conocerse mejor a sí mismo: "Te pruebas a ti mismo, descubres que eres una persona independiente, autónoma, valiente, inteligente y todo eso es buenísimo para la autoestima. Al final tú estás ahí, yo qué sé, por ejemplo, en Dakar, y tienes tú mismo que buscar qué autobús coger, descubrir cómo moverte de un lugar a otro... y todo eso te hace fuerte, te hace sentir bien. No obstante, no sé si te conoces mejor, yo creo que te conoces a ti mismo, más que viajando, viviendo la vida. También te puedes conocer a ti mismo cuando tienes una enfermedad o cuando te echan del trabajo o cuando rompes con tu pareja...".
La clave, según Rosario, para conocerse mejor a uno mismo, no está tanto en el hecho de viajar en sí; sino en "romper con lo que haces en tu vida cotidiana": "Si te sales del recorrido establecido, creo que tienes más probabilidades de encontrarte en situaciones, a veces surrealistas, en las que te preguntas: '¿cómo he acabado aquí?'. Estas son oportunidades maravillosas para abrirse de mente, observar sin juzgar, soltar ideas preconcebidas y, a fin de cuentas, que un viaje sea una experiencia inolvidable".
Aitana y Rosario vuelven a estar de acuerdo, también, sobre este tópico: "Tú eres alguien configurado en un contexto y, quieras o no, si recibes los mismos estímulos constantemente, no exploras nuevas partes de ti. No obstante, viajar te aporta nuevas perspectivas. Ves cómo funcionan otras culturas y, si lo deseas, te puedes nutrir de ello. Y también te ves reaccionando o apreciando cosas que en tu barrio de siempre no hubieras experimentado", confiesa la primera.
Chiara buceando. (Cedida)
Jesús, por su parte, es mucho más tajante y negativo con respecto a esta idea: "Puedes conocerte a ti mismo en cualquier lugar, incluso en el salón de tu casa. Es cierto que viajar ayuda a cambiar de aires, a ver cosas nuevas, a aprender y a descubrir que el mundo es muy grande; pero si el objetivo es conocerte a ti mismo, lo puedes hacer con tus hobbies en tu ciudad y en tu casa".
Conocer gente, por trabajo, cambio de vida...
Viajar en solitario no tiene por qué significar permanecer solo durante todo el viaje; y es que otro de los motivos por el que muchas personas eligen no emprenderlos acompañados es porque en su destino van a conocer a alguien. También sucede que en ocasiones no tienes al compañero de viaje ideal en tu entorno y para ello son una gran alternativa los viajes que organiza Elena García: "Está muy penalizado decir que no tienes amigos con los que viajar o reconocer cuando llega el verano o las Navidades, que tu sensación de soledad se amplía cuando ves a personas haciendo planes y organizando viajes y tú no tienes esa opción".
A Elena le ocurrió eso mismo, y tuvo que decidir entre no viajar o viajar sola: "Prefería viajar sola, ahora bien, no todo el mundo quiere y es lícito". Con 'Viajes Al otro lado del miedo' (desde donde organiza viajes en grupo para mujeres), Elena lo que buscaba era que mujeres que no se conocían entre ellas vivieran experiencias transformadoras juntas y lo ha conseguido: "No hay viaje en el que no se me caigan las lágrimas cuando llegan los últimos días y veo como mujeres que eran desconocidas se han convertido en una familia, se han divertido como cuando eran niñas, se sienten increíblemente libres, se apoyan, se cuidan y se abrazan".
El objetivo de Elena era "realizar un viaje para todas esas personas que querían viajar, pero no tenían con quién, que querían hacer amigas nuevas y que querían superar sus miedos, y este primer viaje fue hace ya más de dos años".
"Como estoy haciendo el doctorado, tenemos que ir a congresos, tanto nacionales como internacionales, y muchas veces coincides con gente de tu universidad o de tu doctorado y vas acompañada, pero otras no"
Otro motivo por el que viajar sin acompañantes puede ser laboral o académico y esto fue lo que ha llevado a Raquel (25 años) a visitar Atenas, su primer viaje sola que, muy probablemente, no será el último: "Como estoy haciendo el doctorado, tenemos que ir a congresos, tanto nacionales como internacionales, y muchas veces coincides con gente de tu universidad o de tu doctorado y vas acompañada, pero otras no".
"Hace meses me dijeron que habían aceptado mi trabajo para ser presentado en un congreso en la Universidad de Atenas y entonces y dije: 'pues ya que voy a ir y es una ciudad que siempre me ha hecho mucha ilusión visitar, aprovecho y me quedo tres días allí para hacer turismo", manifiesta Raquel que, tras su buena experiencia en Atenas, no duda en repetirlo cuando "surja la oportunidad y no cuadre con otras personas o sean cosas muy concretas como en este caso, una conferencia en la que tengo que presentar yo y que no no hay nadie más".
Lucía en Londres. (Cedida)
Querer cambiar radicalmente de vida es otro motivo por el que viajar a la otra punta del mundo sola y eso fue lo que llevó a Lucía (28 años) a coger un avión con destino Reino Unido: "Después de completar mi carrera universitaria me vi perdida en cuanto a los siguientes pasos que quería dar tanto en mi vida profesional como personal. Siempre había seguido los pasos impuestos (finalizar la ESO, Bachillerato, tener una carrera...) y sentía que todavía no me conocía ni me había encontrado a mí misma. Así que decidí hacer algo que verdaderamente quería hacer: irme a vivir a otro país sin la compañía de nadie".
Gracias a haberse atrevido a vivir esta aventura, Lucía ha averiguado "quién soy y qué es lo que realmente quiero". "Ninguna de las experiencias que viví en esos casi cinco años hubiese sido lo mismo acompañada. Si hubiese estado acompañada no hubiese hecho ni la mitad de las cosas que hice. No hubiera hablado con un grupo de desconocidos para encontrar amigos, ni hubiese cogido tantos buses y trenes para explorar tantos sitios maravillosos que tuve la oportunidad de descubrir, ni hubiese ido de 'citas' con gente que no conocía", concluye, recomendando esta 'locura' a todo el mundo.
"El viajar solo es glamoroso cuando se lo mira en retrospectiva", Paul Theroux. Cada vez son más las personas que se animan a salir de su zona de confort y emprender un viaje en solitario (una de cada cuatro personas planeaba aventurarse en solitario en 2022, según un estudio de MMGY Global), para lo cual no es necesario volar hasta la otra punta del mundo.