Un paseo por los montes pirenaicos supone un viaje hacia lugares cargados de historia y leyenda. Los verdes prados se alternan con bosques de robles, hayedos y pinares, y su espesa niebla dibuja una estampa con profundas resonancias míticas. A través de ella emerge uno de los lugares más emblemáticos, punto de entrada de los peregrinos que llegaban a nuestro país siguiendo la ruta del Camino Santiago Francés.
Ubicada en Roncesvalles, la iglesia de la RealColegiata de Santa María es la edificación más emblemática de la zona y, desde su construcción, acogió a la comunidad de monjes agustinos. Este monumento es, además, un máximo exponente del estilo gótico en nuestro país y da cobijo a la imagen de la Virgen del siglo XIV.
Los indicios apuntan a la existencia de una iglesia anterior, bien en la misma ubicación o emplazada donde está situada la capilla del Espíritu Santo. En cualquier caso, el templo actual fue una iniciativa de Sancho VII, que ordenó su construcción a principios del siglo XIII con el propósito de crear un hospital-monasterio para atender a los peregrinos y, también, como un lugar para su propio enterramiento.
Una reconstrucción en el siglo XVII
Los numerosos desperfectos ocasionados por unos incendios que tuvieron lugar dos siglos después la sumieron en un notable estado de deterioro que hizo necesaria una reconstrucción a comienzos del siglo XVII. Este proceso afectó significativamente a la iglesia y el claustro, reemplazando en la medida de lo posible su estilo gótico por uno más barroco.
Los enormes ventanales dejan pasar la luz a través de sus coloridas vidrieras, que bañan con sus delicados tonos una imagen de la Virgen, tallada en madera y con elementos platerescos. Custodiando a la Santa, en el claustro de planta cuadrada, se encuentran diferentes nichos, entre ellos el de Sancho VII, ubicado en la Capilla de San Agustín.
Otros lugares de obligada visita en este particular enclave son la Capilla del Espíritu Santo y la Iglesia de Santiago, ubicada junto al Silo de Carlomagno. Este rincón, caracterizado por su estilo románico, es también una fuente inagotable de leyendas sobre la batalla que derrotó a las huestes del emperador.
Un paseo por los montes pirenaicos supone un viaje hacia lugares cargados de historia y leyenda. Los verdes prados se alternan con bosques de robles, hayedos y pinares, y su espesa niebla dibuja una estampa con profundas resonancias míticas. A través de ella emerge uno de los lugares más emblemáticos, punto de entrada de los peregrinos que llegaban a nuestro país siguiendo la ruta del Camino Santiago Francés.