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Un paseo por Coney Island, el barrio más estrafalario y pintoresco de Nueva York
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Un paseo por Coney Island, el barrio más estrafalario y pintoresco de Nueva York

Si tienes previsto realizar un viaje a la gran metrópoli estadounidense, no puedes pasar por alto esta península al sur de Brooklyn con tanta historia, cargada de ocio y diversión

Foto: Atardecer en Coney Island, sobre las atracciones del Lunar Park. (iStock)
Atardecer en Coney Island, sobre las atracciones del Lunar Park. (iStock)

Cuando pensamos en Nueva York, capital del mundo occidental, generalmente nos viene a la cabeza una ciudad hiperpoblada que ruge, que nunca duerme, repleta de sirenas, contaminación, tráfico y ruido. Pocos intuyen que también hay lugares tranquilos en los que olvidar los rascacielos y las grandes avenidas sin contar con el gran Central Park. Al sur de Brooklyn, a orillas del océano Atlántico, se extiende un barrio de lo más curioso y pintoresco, enclave escogido en infinidad de películas, en el que poder olvidarse del ajetreo de la Gran Manzana y pasar un día agradable con vistas al mar. Ese barrio es Coney Island.

"Pero recuerda que la ciudad es un lugar divertido, algo así como un circo o una alcantarilla", cantaba el célebre músico neoyorquino Lou Reed en su canción dedicada a dicha zona de la metrópoli en la que creció y con la que bautizó uno de sus mejores discos. Y, en realidad, como podemos comprobar en las imágenes que aparecen con tan solo una búsqueda en Google, Coney Island se antoja como un lugar cargado de personajes pintorescos y atracciones de feria. Intuimos un olor a churros, a patatas fritas y a algodón de azúcar, un vértigo de miedo en su Wonder Wheel (en la que se inspiró Woody Allen), y un paseo marítimo inacabable por el que pensar en nuestro transcurso vital y la gente a la que hemos amado.

Su nombre proviene de la palabra holandesa 'konjin', que significa 'conejo', debido a la gran población que había de este mamífero

Sin embargo, más allá de las luces de neón y las instalaciones feriales, también se esconden historias un tanto sórdidas, pues desde la remodelación urbanística del alcalde John Lindsay y su asesor Robert Moses también ha sido escenario de actividades criminales y vandalismo. Nada raro para una ciudad como Nueva York que, como en cualquier otra gran metrópoli, con tan solo cruzar una esquina puedes adentrarte en un barrio con una sociología y demografía totalmente diferente. Pero en las últimas décadas ha vivido un renacer económico y social a causa del gran atractivo turístico que posee para visitantes nacionales y extranjeros. A fin de cuentas, en la actualidad, se presenta como uno de los incentivos más importantes de la 'city', y sin duda es una opción fantástica para pasar un día en familia o con amigos.

Un buen chapuzón en Coney Island

Se cree que el origen de su nombre viene de la palabra holandesa 'konkin' —que significa 'conejo'—, debido a que los primeros colonos que la habitaron, procedentes de los Países Bajos, allá por el siglo XVII, se encontraron un gran tramo de tierra costera plagada de conejos. Mucho antes, la población indígena de la zona la llamaba Narrioch ('tierra sin sombras'), como explica la historiadora Laura J. Hoffman en su libro 'Coney Island', ya que la posición geográfica de la playa permite que los rayos del sol impacten en la playa de frente durante la mayor parte del día.

placeholder Histórica foto de la torre que presidía el antiguo parque de atracciones Dreamland de Coney Island en 1907.
Histórica foto de la torre que presidía el antiguo parque de atracciones Dreamland de Coney Island en 1907.

La península de Coney Island comenzó a ser lo que es ahora a principios de la década de 1860, convirtiéndose pronto en un centro turístico, nada más arrancar el siglo XX, al que las familias de Manhattan (a 20 kilómetros de la capital) acudían los fines de semana a bañarse. "Los trajes de baño de las mujeres antes del siglo XX consistían en un par de pantalones, un corsé, una blusa y una chaqueta, generalmente de lana", explica Hoffman. Nos podemos hacer una idea de lo mucho que pesaban estos 'bañadores'. "Cuando se mojaban, estos trajes podían llegar a pesar entre 4 y 6 kilos. En 1918, cuando se negaron a ponérselos, las humillaron y las echaron fuera de la zona habilitada para el baño".

Los hombres también tenían unos códigos rígidos de vestimenta cuando se querían dar un chapuzón. De hecho, como cuenta Hoffman, muchos acababan pasando la noche en la cárcel si se quitaban la camiseta para bañarse. No fue hasta finales de la década de 1930 cuando por fin pudieron meterse en el agua en pantalones cortos. Hay que tener en cuenta que durante estos años se produjo el gran auge del turismo como industria y negocio, pues antes las vacaciones de verano, tal y como las conocemos en el presente, no existían.

Foto: Ciclistas felices por el camino de la playa. (iStock)

Uno de los primeros grandes hoteles que se abrieron al público fue, por ejemplo, el Elephantine Colossus, que como su propio nombre indica tenía forma de elefante. Diseñado por James Lafferty, el hotel tenía doce pisos con 31 habitaciones, abriendo el público por primera vez en 1885. Su vida fue muy corta, ya que poco a poco sus servicios prestados fueron degenerando hasta convertirse en uno de los peores burdeles de mala muerte de Nueva York. Un incendio sorpresivo derribó su estructura en 1896. Esto mismo le ocurrió a una de las atracciones más míticas de la península, Lunar Park, inaugurada por primera vez en 1903 y calcinada en 1944. Una nueva versión de esta atracción abrió en 2010, la cual contenía dos atracciones en una: una montaña rusa y unos rápidos acuáticos.

placeholder La famosa noria Wonder Wheel, de Coney Island. (iStock)
La famosa noria Wonder Wheel, de Coney Island. (iStock)

La atracción por excelencia es la noria de Wonder Wheel, icono de Coney Island, la cual ya mencionamos anteriormente. No solo es famosa por haber sido el escenario de grandes filmes, sino también por ser una de las estructuras que más han aguantado el paso del tiempo. Con una altura de 45 metros, se puede divisar gran parte de Brooklyn desde arriba. A pocos metros está el llamado 'boardwalk', el paseo marítimo que lleva hasta el barrio de Brighton Beach y separa la playa de la ciudad.

Los mejores perritos calientes de la ciudad

¿Cuál es la comida callejera más típica de Nueva York? Todo aquel que haya vivido en ella te dirá que los perritos calientes, y estos también pertenecen a la historia de Coney Island gracias a un inmigrante alemán llamado Charles Feltman que comenzó a pasearse un día de 1867 por la playa junto al parque de atracciones vendiendo salchichas entre dos trozos de pan para que estas mismas no se quedaran frías (de ahí su nombre). A este le sucedió su empleado Nathan Handwerker, un inmigrante polaco que instaló un pequeño puesto de perritos basados en una receta de la esposa de Feltman. Hoy en día, cada 4 de julio, amantes de todo el mundo de esta comida compiten por ver quién es capaz de comer el mayor número de perritos calientes en 10 minutos en el restaurante Nathan's Famous.

placeholder La Mermaid Parade de Coney Island, celebrada en el mes de junio. (iStock)
La Mermaid Parade de Coney Island, celebrada en el mes de junio. (iStock)

Otra de las peculiaridades que hacen de Coney Island un lugar tan especial como esperpéntico es el desfile anual de sirenas que se celebra cada 18 de junio desde 1983, también conocido como Mermaid Parade. Cientos de neoyorkinos salen a las calles disfrazados de marineros y sirenas desde la Surf Avenue hasta la Steeplechase Square, donde condecoran al rey y reina de la festividad, generalmente personalidades famosas que se mezclan entre los ciudadanos disfrazados.

Además de todas estas celebraciones, el barrio también es famoso por acoger históricos museos dirigidos a toda la familia, como el Acuario de Nueva York, el más antiguo de todo el país, trasladado desde el Bajo Manhattan hasta Coney Island en 1957. El huracán Sandy, que asoló la ciudad en 2012, provocó que se cerrara al público debido a los destrozos ocasionados, siendo reabierto este mismo año después de extensas reparaciones.

Cuando pensamos en Nueva York, capital del mundo occidental, generalmente nos viene a la cabeza una ciudad hiperpoblada que ruge, que nunca duerme, repleta de sirenas, contaminación, tráfico y ruido. Pocos intuyen que también hay lugares tranquilos en los que olvidar los rascacielos y las grandes avenidas sin contar con el gran Central Park. Al sur de Brooklyn, a orillas del océano Atlántico, se extiende un barrio de lo más curioso y pintoresco, enclave escogido en infinidad de películas, en el que poder olvidarse del ajetreo de la Gran Manzana y pasar un día agradable con vistas al mar. Ese barrio es Coney Island.

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