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Un recorrido por las mejores ciudades del sur de Francia
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Un recorrido por las mejores ciudades del sur de Francia

Su cercanía y belleza paisajística hacen que estas localidades tengan un gran atractivo para los turistas españoles. Descubre esta guía para un retiro 'a tiro de piedra'

Foto: Fuente: iStock.
Fuente: iStock.

Lo bueno de Francia es que siempre estará cerca. Quizá no nos llevemos (siempre) muy bien con nuestros vecinos galos, pero no podemos negar que el encanto francés existe y que por sus pueblos, playas y ciudades se respira la historia. Esa que fascinó a tantos pintores (desde Van Gogh a Gauguin) que dejaron impresa su huella en cada uno de sus cuadros.

Y, como está cerca, siempre es un destino ideal de vacaciones. La costa azul especialmente tiene una magia especial, ideal para aquellos que quieren hacer un viaje en coche sin complicaciones. Aviso: se pasa calor, pero merece la pena cuando el recorrido es tan impresionante como el que te mostramos a continuación. De Montpellier a Niza, aquí van las mejores ciudades que recorrer en vacaciones para enamorarte un poco más del país vecino.

Montpellier

Fundada en el siglo VIII, lo que la convierte en una ciudad muy joven en comparación con otras del país, en un tiempo llegó a formar parte de la Corona de Aragón. En el siglo XIX se desarrolló industrialmente, adquiriendo importancia, aunque viviría tiempos oscuros durante la Segunda Guerra Mundial (llegó a ser bombardeada hasta seis veces). Hoy, además de tener una de las universidades más antiguas del país galo, cuenta con más de 100 edificios clasificados como monumentos históricos.

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Es una buena primera parada en este hipotético viaje por el sur de Francia, pues su encanto histórico mezclado con la juventud vibrante de sus calles (algunos barrios como Antigone o Port Marianne merecen una visita) merecen la pena.

Aix-en-Provence

El encanto francés de la Provenza tiene su mayor exponente en Aix-en-Provence. La ciudad natal de Paul Cézanne, que dibujó obsesivamente la montaña Saint-Victoire y los campos que la recorren. No se le puede culpar. Fue fundada cien años antes de Cristo y tiene unos 140.000 habitantes que pasean andando o en bicicleta por sus calles, aportando humanidad a esta ciudad tan puramente romana.

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El centro está repleto de terrazas donde tomar una cerveza, una copa de vino o saborear un galette. También puedes dar un paseo por los mercadillos donde podrás comprar fruta, artesanía o especias. Eso sí, en verano ponte crema solar, porque el calor aprieta.

Saint-Rémy-de-Provence

Situada en Arlés, que vio nacer a Vincent Van Gogh en su día, y a medio camino entre zonas tan importantes como Aviñón, Marsella o Aix-en-Provence, puedes disfrutar de su calma, buen tiempo, rica gastronomía y en general todo lo que busca alguien cuando viaja a la Provenza.

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Es un lugar peculiar este, pues también vio nacer al mismísimo Nostradamus (puede visitarse su casa), y el viajero puede encontrar del mismo modo el sanatorio Saint Paul, que es donde accedió a quedarse Van Gogh cuando sus facultades mentales se vieron mermadas. Campos de lavanda y noches estrelladas conforman la imagen.

Saint-Tropez

Te avisamos: prepara la cartera. Saint-Tropez es impresionante (y caluroso), pero también es muy exclusivo. Famoso todavía por su vida nocturna, en otro tiempo fue el lugar preferido por la jet set y los artistas. Pero también es mucho más, y no hay más que acercarse al mar para retrotraerse a ese pasado de aldea pesquera que todavía se puede percibir en su ambiente.

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Playas glamourosas y paisajes dignos de los actores de la Novelle Vague. Para todo aquel al que Mónaco o Portofino le parezcan excesivos, siempre tendrá un aliado fiel en Saint-Tropez.

Niza

Llegamos al final de nuestro viaje. Un poco más caótica que el resto y ubicada en las costas pedregosas de Baie des Anges, fue una zona elegida por artistas de la talla de Henri Matisse o Marc Chagall.

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La capital de la costa azul tiene mucho que ofrecer: el paseo de los ingleses, el mercado de Cours Saleya, el casco antiguo, la playa... y si acabas cansado, siempre puedes coger un autobús que te acercará a Mónaco por unas carreteras de ensueño.

Lo bueno de Francia es que siempre estará cerca. Quizá no nos llevemos (siempre) muy bien con nuestros vecinos galos, pero no podemos negar que el encanto francés existe y que por sus pueblos, playas y ciudades se respira la historia. Esa que fascinó a tantos pintores (desde Van Gogh a Gauguin) que dejaron impresa su huella en cada uno de sus cuadros.

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