EN LA REGIÓN DE KANSAI

Descubre el monte Koya, el lugar más espiritual de Japón

Situado en la prefectura de Wakayama, este montículo alberga 117 templos budistas y es unos de los puntos religiosos más visitados del país oriental

Foto: Cementerio Okunoin en el monte Koya (Fuente: iStock)
Cementerio Okunoin en el monte Koya (Fuente: iStock)

En el año 816, un monje llamado Kukai vagó por las laderas pobadas de bosque del monte Koya, en la prefectura de Wakayama ubicada en la región de Kansai, sobre la isla de Honshü, con la esperanza de encontrar un sitio adecuado para construir una base para su recién fundada comunidad religiosa budista. El fraile escogió un valle de 800 metros de profundidad rodeado por ocho montañas, "cuyas crestas se asemejan a una flor de loto de ocho pétalos". Así narra el periodista de la 'BBC' Rob Goss, el nacimiento de los 117 templos del monte Koya, en Japón, un lugar que ha sido condecorado con el emblema de Patrimonio Mundial de la Unesco y uno de los sitios más sagrados no solo del país oriental, sino del mundo.

"Un lugar en el que el aroma a incienso, el canto de los monjes de cabeza rapada y el aire primitivo de los cementerios boscosos crea una experiencia espiritual como ninguna otra", asevera el periodista. Hoy en día, esta parte tan exótica del mundo es una de las rutas de peregrinaje de la religión budista, que enmarca a sus fieles en un paraje imponente plagado de cedros, cipreses, cascadas naturales y montañas cuyos templos parecen estar suspendidos entre las nubes, como si se tratara del escenario de una película afincada en los cielos.

"Las grandes empresas del país, como Nissan o Panasonic, han comprado partes del camposanto para realizar homenajes a sus trabajadores"

Este lugar atrae a una media de 15 millones de visitantes al año y transmite los valores de respeto y comunión con la naturaleza tan arraigados en la sociedad japonesa. Según la corriente sintoísta, la vegetación de las montañas está habitada por espíritus de los dioses ya cada elemento natural se considera sagrado, y por tanto, debe mantenerse inalterable. De sus 117 templos esparcidos por todo el paisaje, alrededor de 50 de ellos sirven como morada de huéspedes, que pueden unirse a la meditación ancestral que practican los monjes a diario. Más de 1.200 años después de la llegada del monje Kukai, se cree que su espíritu reside en estos bosques; solamente se deja ver en la meditación silenciosa de los religiosos.

Lo que cuenta la leyenda

Como toda fábula religiosa, la historia de cómo Kukai llegó a este paraje único en el mundo fusiona hechos históricos con leyendas. Antes de llegar al monte, pasó dos años estudiando budismo en China. Cuando se dispuso a viajar a Japón en el año 806, arrojó al aire una herramienta ceremonial típica de la cultura budista llamada sanko, recitando estas palabras: "he heredado estas enseñanzas, así que allá donde sea un buen lugar para difundirlas, ve primero y muéstramelo". La herramienta sagrada viajó (supuestamente) hacia el monte Koya y a los 10 años después, mientras el monje caminaba por el bosque, se encontró a un cazador junto con sus perros que se la mostraron clavada en un pino. Precisamente en este punto se encuentra el templo más importante de todo el mundo, el Kongobuji edificado en el siglo XVI, junto al cual figura un cuadro del cazador y sus perros frente al que los visitantes rezan sus oraciones y realizan ofrendas a los dioses.

Daimon, antigua puerta de entrada principal al monte Koya
Daimon, antigua puerta de entrada principal al monte Koya

En la época del emperador Sega se empezaron a construir los diferentes templos por todo el territorio, pero no fue hasta el período Edo, que abarca de 1603 a 1868, cuando llegaron a ser 117 templos en total. La financiación para edificar tantos lugares de culto cayó al cargo de la familia imperial y los aristócratas de la corte, así como samuráis y plebeyos, que estaban ansiosos por estar cerca del espíritu del monje y ser enterrados en el cementerio de Okunoin, el lugar de descanso ancestral del monte Koya.

Hoy la estampa es muy diferente. "Si miras en la parte más nueva del cementerio, podrás ver cómo las grandes corporaciones del país, como Nissan, Panasonic o Sharp, han comprado partes del camposanto para realizar homenajes a sus trabajadores", asegura Goss. El periodista británico asegura que a pesar de esto y de la enorme afluencia de turistas a la zona, que han hecho establecer sus respectivas tiendas de souvenirs, el cementerio de Okunoin "todavía se siente como un lugar espiritual cargado de energía ancestral".

Equilibrio natural

"Hay un equilibrio entre el mundo antiguo y moderno que el monte Koya ha sabido gestionar muy bien", recalca el periodista. De ahí que también existan restaurantes y viviendas residenciales para que vivan allí sus trabajadores. Y si antes solo se podía llegar al lugar a pata, ahora hay cómodas carreteras por las que llegan los fieles y turistas en autocar o en coche. Uno de los datos más curiosos es que a las mujeres no se les permitió acceder a la ciudad del monte Koya hasta 1872. Tanto es así que existía un camino alternativo por el que debían ir para rodear el monte sin atravesarlo.

"Durante un ritual de media hora de duración, un monje sentado quema madera sagrada mientras otros cantan y tamborilean"

En el templo Kongobuji, el más famoso y grande de todo el monte Koya, fue construido en 1563 por el entonces gobernante de Japón, Toyotomi Hideyoshi, en honor a su madre fallecida. Pero a pesar de su amor materno filial, "se conoce que no le agradaban otros miembros de su familia, ordenando a su sobrino que cometiera un ritual de suicidio", relata Goss. "Así lo hizo y se ofreció, en una sala del tatami de Kongobuji, frente a las puertas corredizas adornadas con una la imagen de una garza encaramada sobre un sauce cubierto de nieve".

Una de las ceremonias religiosas más típicas que se llevan a cabo en estos centros religiosos es la del 'shukubo', en la que diversos monjes sirven de guía a los fieles y curiosos en la meditación realizada a partir de una enorme hoguera de fuego. "Durante un ritual de media hora de duración, un monje sentado quema madera sagrada mientras otros cantan y tamborilean, produciendo un ritmo incesante que trona mientras la hoguera escupe llamas que se elevan", asegura el periodista. "El fuego simboliza la sabiduría de Buda en la tradición, mientras que los palos de madera representan los deseos humanos, la raíz del sufrimiento, que el líder religioso quiere extirpar mientras uno reza".

Así como en nuestra fiesta de San Juan, realizada en el solsticio de verano quemamos todo aquello de lo que nos queremos desprender, los monjes del monte Koya hacen lo propio. Una muestra más de cómo distintas religiones del planeta, aunque estén a miles de kilómetros de distancia, comparten símbolos parecidos que se usan en las ceremonias religiosas con propósitos similares. Aunque ahora no se pueda viajar a las antípodas japonesas, cuando todo esto pase no olvides visitar estos lugares ancestrales tan cargados de misticismo en las antípodas japonesas.

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