De Trujillo a Pedraza

Los 7 pueblos medievales de España que no te puedes perder

Desde Extremadura hasta Navarra pasando por Madrid recorremos la geografía española para mostrarte varios rincones con mucha historia

Foto: Castillo de Olite en Navarra (Fuente: iStock)
Castillo de Olite en Navarra (Fuente: iStock)

Uno de los grandes sueños de la civilización actual es poder viajar en el tiempo. Nos despierta curiosidad conocer por nosotros mismos esas épocas pasadas que solo conocemos –y tenemos idealizadas– por series, películas y libros.

En España podemos hacer lo más parecido a un viaje en el tiempo gracias a las decenas de pueblos medievales que se han conservado con el paso de los siglos. A continuación te mostramos algunos de los más bonitos a los que te puedes acercar con el coche.

Trujillo (Cáceres)

Foto: iStock
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Ya importante en el Imperio Romano, el Descubrimiento de América le otorgó monumentalidad y fama universal.

Levantada sobre un batolito de piedra, Trujillo ya es conocida con el nombre de Turgalium en tiempos romanos, llegando a ser una prefectura tributaria de Augusta Emerita (Mérida). Tras los visigodos, llegaron los árabes que trajeron un periodo de esplendor durante el cuál la ciudad queda amurallada. A pesar de los intentos por parte de Alfonso VIII de recuperar la ciudad, no se consigue hasta 1232 con Fernando III. Trujillo vive su momento de mayor prosperidad en los siglos XV y XVI, cuando se inician muchas obras arquitectónicas tanto carácter religioso como civil. Es en estos años cuando la ciudad, fruto de las nuevas riquezas, se desarrolla y se extiende extramuros.

Podrás perderte por las calles de la ciudad después de haber subido al Castillo, ubicado en la parte más alta y desde donde disfrutarás de unas increíbles vistas. Dentro del recinto encontrarás la ermita de San Pablo (s. XVI) y cuatro de las siete puertas que había originalmente, además de la Alberca y un aljibe hispano-musulmán. Desde este punto acércate a la Iglesia de Santiago, románica del siglo XII y reformada en el XVII, donde se conserva la talla del Cristo de las Aguas.

Paseando llegarás a su conocida Plaza Mayor, en pleno centro de la ciudad. De estilo renacentista, está rodeada de soportales y en ella se ubica la estatua ecuestre de Francisco Pizarro. Allí se reunían comerciantes y artesanos hasta que se levantaron durante el siglo XVI las casas de los linajes más importantes, como la Casa de la Cadena, la de los Orellana, o la de los Chaves-Cárdenas. También destaca el Palacio de la Conquista, cuya construcción comienza Hernando Pizarro, hermano del descubridor, y del que hay que destacar el balcón; el Palacio de los duques de San Carlos, el Palacio de Piedras Albas o el Palacio de los Carvajal-Vargas con su balcón esquinado y sus chimeneas. Cerca encontrarás la Iglesia de San Martín de Tours y la Iglesia de Santa María la Mayor. Ésta última es uno de los monumentos religiosos más importantes de la zona por su antigüedad, al conservar la Torre Julia que data del siglo XIII, y por su inconfundible arquitectura fruto de las reformas realizadas en los siglos XIV y XVI.

Estos son algunos de los tesoros más destacados de esta noble ciudad. Entre unos y otros se esconden más rincones y leyendas que irás descubriendo. Al igual que descubrirás la hospitalidad de su gente, el mejor tesoro de Trujillo, junto con los placeres gastronómicos que ofrece (como el frite de cabrito, la moraga o la sopa de obispo) y un ambiente acogedor que te invitará a disfrutar más y mejor de todo. Además, no hay que olvidar eventos destacados como su Semana Santa o la Feria Nacional del Queso.

Albarracín (Teruel)

Foto: iStock
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El precioso legado arquitectónico y urbanístico de Albarracín transpira encanto y sosiego. Admirarás cada rincón, sus casas de color rojizo, sus puertas y llamadores, sus diminutas ventanas con visillos de encaje, sus balcones corridos en rica forja y de madera tallada. Por no hablar de las maravillosas vistas que obtendrás desde su envidiable emplazamiento.

La plaza Mayor, donde se encuentra el Ayuntamiento, es un buen lugar para que comiences la visita por este pintoresco pueblo, que alberga un buen número de monumentos y museos interesantes, como la catedral, las iglesias de Santiago y Santa María, la Casa-Museo Noble de la familia Pérez y Toyuela, el Museo Municipal y el Museo Diocesano. No te pierdas si vas con niños el Museo del Juguete.

Si quieres disfrutar del entorno natural de Albarracín, puedes dar un agradable paseo junto al río Guadalaviar y recorrer el paseo fluvial que hay junto al meandro excavado por el río a su paso por la localidad. Te recomendamos utilizar los aparcamientos que hay a la entrada de la localidad y usar calzado cómodo para sortear las numerosas cuestas y escaleras que encontrarás durante tu recorrido por Albarracín.

Otro de los atractivos que te ofrece Albarracín es la subsede de Territorio Dinópolis dedicada al mundo de los fósiles y a los mares prehistóricos: Mar Nummus.

En sus inmediaciones se extiende uno de los conjuntos paisajísticos y culturales más sorprendentes de Aragón: el Paisaje Protegido de los Pinares de Rodeno. Los contrastes cromáticos entre el verde del pinar y el rojo de la piedra de rodeno crean un espacio de gran colorido, fuerza y belleza. En sus abrigos rocosos se conservan excelentes muestras de arte rupestre levantino, declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Buitrago de Lozoya (Madrid)

Foto: iStock
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En el Valle Medio del Lozoya, se alza Buitrago sobre un promontorio circundado por el río Lozoya del que toma parte de su nombre, barrera natural para una población que se sitúa a los pies del puerto de Somosierra y a unos 75 km al norte de la ciudad de Madrid. Destaca por la muralla medieval tan musulmana como castellana y cristiana, que rodea su casco histórico y es a su vez rodeada por el río Lozoya. Su Castillo o Alcázar junto a la Iglesia de Santa María del Castillo, la Torre del Reloj y la muralla confieren un aire medieval a este municipio, que presume de una agenda cultural tan activa que tiene propuestas para las cuatro estaciones.

Buitrago del Lozoya es uno de los municipios más pintorescos de la Comunidad de Madrid: por su recinto amurallado, bien conservado y rodeado por el río del que toma su nombre. Junto con otros cinco municipios turísticos de la Comunidad de Madrid, Buitrago del Lozoya forma parte del programa de promoción turística Villas de Madrid. ¡Conócelas y disfruta de promociones y descuentos inmediatos en los establecimientos turísticos participantes. ¿A qué esperas para recorrer las Villas de Madrid?

Esta villa fue declarada en 1993 Conjunto Histórico-Artístico y Bien de Interés Cultural, gracias a su espectacular recinto amurallado de origen árabe, el mejor conservado de la Comunidad de Madrid.

Desde la Edad Media, Buitrago ha tenido gran importancia estratégica como nudo de comunicaciones, por lo que sus población ha ido siempre en aumento pero también, como consecuencia de su localización, ha sufrido diversos enfrentamientos en su territorio, como el paso de las tropas napoleónicas en 1808 que provocó un colapso poblacional y económico del que Buitrago tardó muchas décadas en recuperarse o la Guerra Civil Española, con la localización del frente de Somosierra a apenas un par de kilómetros del municipio. Las primeras referencias históricas fiables de Buitrago se remontan a finales del siglo XI, cuando la comarca fue reconquistada por las tropas del rey castellano Alfonso VI que ordenó su repoblación.

Besalú (Gerona)

Foto: iStock
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Un impresionante puente fortificado da paso a Besalú, uno de los conjuntos medievales mejor conservados de Cataluña, donde íberos, romanos, judíos y cristianos han dejado su huella.

Atravesada por el río Fluvià, la villa es un cruce de diferentes vías de comunicación entre Girona y Francia y, desde siempre, ha sido un punto de encuentro de campesinos, artesanos, comerciantes y negociantes. Hoy en día es una atractiva población que conserva la personalidad y el aspecto medievales, con un núcleo antiguo de un enorme interés. Entre los atractivos arquitectónicos, además del característico Pont Vell (siglo XI), hay que destacar las iglesias de Sant Vicenç (siglos X-XII) y Santa Maria; (siglo XI), la iglesia del antiguo monasterio de Sant Pere (siglo XII) y el micvé o casa de baños rituales.

Las fiestas de carácter tradicional también están bien representadas, como por ejemplo en la procesión de los Dolores o "manaies" (capitanes) o en la feria medieval.

Olite (Navarra)

Foto: iStock
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La silueta esbelta y armoniosa de su castillo-palacio domina Olite, pequeña ciudad situada en el centro geográfico de Navarra, a 42 kilómetros al sur de Pamplona.

Sede real durante la Edad Media, los gruesos muros y torres almenadas del palacio alojaron a reyes y princesas. Declarado monumento nacional en 1925, constituye el ejemplo más importante del gótico civil de Navarra y uno de los más notables de Europa.

Un recorrido por las estrechas rúas de Olite te permitirán pasear al abrigo de nobles caserones de piedra con escudos de armas y grandiosos aleros de madera; galerías medievales y espléndidas iglesias, además de descubrir el recinto amurallado romano.

El clima mediterráneo ha hecho también de Olite la capital del vino. Acércate a sus bodegas y degusta sus caldos. Déjate guiar y todo el conjunto te trasladará a una época de torneos, reyes y princesas, magos y juglares, halconeros y arqueros, que vuelven a la ciudad cada mes de agosto para celebrar las Fiestas Medievales.

Santillana del Mar (Cantabria)

Santillana del Mar. Foto: iStock
Santillana del Mar. Foto: iStock

En la costa occidental de Cantabria se encuentra una de las citas imprescindibles para los turistas que recorren el norte de nuestro país: Santillana del Mar. Conocida como "la villa de las tres mentiras", porque ni es santa, ni llana, ni tiene mar, es una de las localidades de mayor valor histórico-artístico de España, hasta el punto de que toda ella es un monumento.

Hablar de Santillana del Mar también es hacerlo de las Cuevas de Altamira, pero la empedrada localidad es mucho más que el yacimiento.

Ya en el siglo IX existía en la villa el Monasterio de Santa Juliana, que daría paso a la prestigiosa colegiata de Santa Juliana en el siglo XII; el primero y más importante de los exponentes del arte románico en Cantabria. En torno a la colegiata y su impresionante claustro de finales del XII, comenzó a crecer una población que vivió épocas de gran esplendor económico, como evidencia la riqueza de las numerosas casonas y palacios que conforman esta villa. Para admirar en toda su plenitud la belleza de sus calles y edificaciones medievales es imprescindible recorrer esta localidad a pie. Para ello el Ayuntamiento tiene habilitados varios espacios donde poder dejar el coche.

Durante el paseo nos encontraremos frente a espléndidos edificios como las casas del Águila y la Parra —donde el Gobierno Regional ha instalado una sala de exposiciones—, el palacio y la torre de Velarde, la casa de Leonor de la Vega, los palacios de Barreda, Tagle y Villa y un larguísimo etcétera que sería demasiado extenso enumerar. Y, por supuesto, no podemos dejar de ver las torres de Merino y Don Borja, que figuran entre las construcciones civiles más antiguas de esta villa.

Pedraza (Segovia)

Foto: iStock
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Con espectacular panorámica desde lo alto de un cerro, y rodeado a su vez de otras alturas, se encuentra Pedraza. Envuelta en un paisaje resultante de la erosión del agua entre las rocas. La vegetación natural está representada por hermosos bosques de sabinas, encinares y robles negrales.

La Villa medieval de Pedraza está amurallada, y el buen estado de su cuidado Patrimonio lo hizo ser declarado como Histórico en 1951. Sus primeros datos se remontan a Don Fernando Gómez de Albornoz, que fue nombrado por el rey Enrique II de Castilla Señor de Pedraza. A finales del siglo XV pasó al matrimonio entre Doña Blanca Herrera y Don Bernardino Fernández de Velasco.

Su época de mayor esplendor se dio en los siglos XVI y XVII siglos de que datan la mayoría de las casas y palacetes que embellecen el interior de la Villa y hacen tan hermoso su caminar, aún de empedrado medieval. Su gran esplendor se debe a la lana merina y excelentes tejidos, capaces de competir con los de Flandes.

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