Tierra de conquistadores

Extremadura, la gran olvidada: 11 lugares increíbles que debes descubrir

Un paraíso natural lleno de historia, patrimonio, hermosos parajes, cultura y una gastronomía que deberías conocer

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Extremadura es un paraíso natural lleno de historia, patrimonio, hermosos parajes, cultura y una gastronomía sin igual. A pesar de ello, esta tierra de conquistadores es la gran olvidada de nuestro país. Y no nos referimos al tren o el poco caso que se le hace desde el Gobierno central, sino al turismo.

Aunque todos los años recibe visitantes; lo cierto es que esta tierra romana es una gran desconocida para la mayoría de españoles y extranjeros, que cuando preparan sus viajes pocas veces piensan en Extremadura.

Desde aquí te animamos a explorarla, por lo que te recomendamos algunos lugares imprescindibles, aunque tiene decenas de espacios increíbles que visitar.

Teatro Romano de Mérida

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Durante los años 15 y 16 a.C. Marco Agripa promovió la construcción de un teatro en la ciudad de Emerita Augusta. Un espacio que en su origen tenía cabida para 6.000 espectadores, y donde los romanos disfrutaban de juegos escénicos.

A finales del siglo I y a principios del siglo II se produjeron varias remodelaciones del teatro, en las que se construyó la actual fachada o frente de escena y la calzada que rodea el monumento. El edificio está compuesto por un graderío semicircular de hormigón romano revestido de granito. Delante se encuentra la escena para las actuaciones, con un pavimento de mármol, además de tres puertas y varias estatuas.

El teatro, junto con el anfiteatro, se encuentra dentro del conjunto arqueológico de Mérida, uno de los principales y más extensos de España y declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1993.

Un espacio que acoge cada verano las representaciones del Festival de Teatro Clásico de Mérida. Una cita que devuelve cada verano todo el esplendor y la función original a este edificio romano que actualmente tiene capacidad para albergar 3.000 personas.

Museo Romano

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A pocos metros de este recinto se encuentra el Museo Nacional de Arte Romano (MNAR), que ofrece al visitante distintas facetas de la vida cotidiana en la provincia de Hispania.

La historia de este museo se remonta al siglo XVI, cuando don Fernando de Vera y Vargas, comenzó a reunir su colección epigráfica. Tras diversos avatares durante los siglos siguientes, fue en 1975, con motivo del bimilenario de la ciudad, cuando se decidió crear el Museo Nacional de Arte Romano, el primero que, fuera de Madrid, tuvo el rango de nacional. Y en 1986 se inauguró el actual edificio que da cobijo a los objetos arqueológicos de Mérida, los cuales ya se cuentan por millares.

Este edificio, proyectado por Rafael Moneo, seguro que atraerá rápidamente tu atención, ya que combina a la perfección la modernidad con el carácter romano de la ciudad, y rinde tributo al estilo constructivo clásico mediante la distribución de sus espacios, que podrás apreciar en sus amplios volúmenes, con un interior poblado de esbeltos arcos e iluminación cenital. El espacio central está dedicado a la exposición permanente, que seguro sabrás apreciar.

Templo de Diana

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En la capital de Extremadura también se puede encontrar el Templo de Diana: un bello edificio romano de carácter religioso, en buen grado de conservación, y que forma parte del conjunto arqueológico de Mérida.

Sin duda, es uno de los edificios más majestuosos de la Mérida romana, tal y como muestra su colosal tamaño, y uno de los que formaban parte del foro municipal de la antigua Emérita Augusta. Es uno de los pocos monumentos de carácter religioso de ese período histórico que se mantienen en buen estado.

Pese a su nombre, el edificio estaba dedicado al culto imperial y su construcción data de finales del siglo I a.C. Su planta, que se eleva sobre una base, es rectangular y el templo está rodeado de columnas y su frontal forma un hexástilo. Los capiteles de sus columnas son de estilo corintio, fuste estriado y están construidos en granito. Su estructura sirvió en el siglo XVI como base para la edificación del Palacio de los Corbos.

Acueducto de los Milagros

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Otro de los monumentos dignos de visitar en Mérida. Este monumental acueducto, conservado parcialmente, fue una de las grandes obras de Emerita Augusta para abastecer de agua a la ciudad.

Emerita Augusta recibía el agua proveniente del embalse de Proserpina, cuya presa romana podemos seguir admirando hoy, a través de este colosal acueducto que salvaba el río Albarregas y llegaba hasta el entramado urbano.

Se le conoce como el acueducto de “Los Milagros” por la admiración que causaba a los visitantes su magnificencia. Hoy en día se conservan ochocientos metros de acueducto, con pilares que se alzan hasta veintisiete metros y sobre los que anidan cada año las cigüeñas blancas.

Uno de los aspectos singulares de esta construcción es la combinación de dos materiales: granito y ladrillo rojo, que hace un bonito juego de color, y que según se cuenta, sirvió de inspiración a grandes obras del arte califal hispano-musulmán.

El acueducto está rodeado por una extensa zona verde que invita a pasear y hacer deporte. En sus proximidades podemos admirar otra obra romana, el puente sobre el río Albarregas, no muy largo y de bonita factura almohadillada, que marcaba la salida norte de la ciudad por la famosa Vía de la Plata.

Casco antiguo de Cáceres

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Declarado Patrimonio Mundial por la Unesco en 1986, el casco antiguo de la ciudad de Cáceres es uno de los conjuntos urbanos más completos y de los mejores conservados de Europa, formado por edificios de la Edad Media y del Renacimiento. Su espacio está dividido en dos grandes zonas por la muralla. Intramuros se concentra el grueso de los edificios más representativos de esta ciudad, como la Concatedral de Santa María, el Palacio de las Veletas, los palacios de los Golfines, la Casa del Sol o la Torre del Bujaco.

Y es que nada más cruzar el arco de la Estrella desde la Plaza Mayor das un salto en el tiempo y te adentras por completo en la historia del casco antiguo de esta bimilenaria ciudad. No en vano, la historia de Cáceres se remonta muy atrás, tal y como demuestra la cueva de Maltravieso, que guarda pinturas que pertenecen al Paleolítico Superior, y cuya reproducción puedes visitar en su centro de interpretación.

Pero el verdadero origen de la ciudad y de su casco antiguo se remonta al año 34 a.C., momento en el que Cayo Norbano Flaco fundó la Norba Caesarina, la actual Cáceres. Esta urbe fue reconquistada por Alfonso IX en el 23 de abril de 1229, día de San Jorge, que desde entonces es su patrón. A partir de ese momento se construyeron numerosos palacios y otros monumentos que hoy puedes contemplar en el casco antiguo, y que alcanzaron su esplendor en tiempos de los Reyes Católicos, durante los siglos XV y XVI.

En el caso de que quieras conocer mejor el pasado que encierra este casco antiguo no puedes dejar de visitar los museos de la ciudad, el de Cáceres en la Plaza de las veletas, en el que encontrarás los vestigios arqueológicos encontrados en la ciudad; la sala de exposiciones en el adarve de Santa Ana y el palacio de la Diputación provincial. Su Semana Santa, de interés turístico internacional, tiene museo propio en la Iglesia de la Preciosa Sangre.

Monasterio de Guadalupe

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El Real Monasterio de Santa María de Guadalupe es el monumento más importante de la localidad. Este municipio nace muy unido a la imagen de la Virgen de Guadalupe que, según se cuenta, fue esculpida por San Lucas y enterrada junto a él en Asia. Se le atribuyen varios milagros, como salvar a Roma de la peste o a la expedición que la trasladó por mar hasta Sevilla cuando el papa Gregorio Magno regaló la talla al arzobispo. Pero fue su aparición a un pastor de Cáceres lo que propició que se levantara una ermita en este lugar a cuyo alrededor se fueron instalando los primeros pobladores. En 1340 el rey Alfonso XI otorgó estas tierras a sus gentes pasando a depender de Talavera de la Reina y años después ya se conoce la localidad como Puebla de Santa María de Guadalupe. Sobre 1348 el rey concede al prior el título de Señor de la Puebla, quedando como señorío hasta que se crea el Ayuntamiento Constitucional en 1820. Hoy, Guadalupe se mantiene como un destino religioso pero, además, es una hermosa localidad que ofrece mucho que ver y disfrutar tanto en el propio núcleo urbano, como en los alrededores, pues está situada en la hermosa Sierra de las Villuercas.

Puedes comenzar tu visita por el monumento más importante, declarado Patrimonio de la Humanidad, el Real Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe. Construido en 1340 por Alfonso XI de Castilla, ha sido testigo de momentos decisivos como la audiencia en la que los Reyes Católicos ofrecieron las carabelas a Colón. La construcción tiene elementos mudéjares, góticos, renacentistas y barrocos y, dentro de su recinto conserva obras de gran valor. No te pierdas la Iglesia de Nuestra Señora (s. XIV) y su bellísimo retablo, el Camarín de la Virgen (s. XVII), el Claustro Mudéjar, con su templete, la Sala Capitular (s. XV), la Sacristía, la Capilla de San Jerónimo, con pinturas de Zurbarán, el patio y el comedor de la Hospedería, de Rafael Moneo (1994). Además de estos monumentos, también puedes visitar dos museos de pintura y escultura con obras de Goya, El Greco, Pedro de Mena o Juan de Flandes.

Un paseo por las callecitas de Guadalupe, un casco histórico de los siglos XIV-XVI, te mostrará cómo es la típica arquitectura serrana con sus balcones y soportales. Algunos de sus rincones más encantadores son la Plaza de Santa María de Guadalupe, el Colegio de Infantes o de Gramática (s. XVI), que hoy es el Parador Nacional de Turismo, o el conjunto de Hospitales. Algunos hoy forman parte de las dependencias del monasterio o como el Hospital de San Juan Bautista, uno de los edificios que conforman el actual Parador Nacional. Hay que mencionar también la Iglesia barroca de la Santa Trinidad, además de los cinco arcos medievales que se reparten por sus dos murallas. Otros lugares que hay que ver son la plazuela y la fuente de los Tres Chorros, con su fuente del siglo XV o la Antigua Judería. Merece la pena dar un paseo por la calle Sevilla, donde podrás comprar cualquier cosa de hoy y de siempre. Hazte con objetos tradicionales como encajes y cestas o con productos de la tierra como morcillas, roscas de muédago, ambas muy propias de allí.

Si te animas a caminar un poco, los valles de los alrededores esconden gratas sorpresas como el Palacio Granja de Mirabel, la Granja de Valdefuentes, el Arca del Agua, y la Ermita del Humilladero, monumentos todos declarados Bien de Interés Cultural. Los amantes del senderismo y la naturaleza pueden animarse y hacer la ruta de los Molinos o a visitar el Geoparque Villuercas-Íbores-Jara, un espectáculo de la naturaleza que ofrece impresionantes vistas y acoge una gran variedad de flores y plantas.

Trujillo

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Ya importante en el Imperio Romano, el Descubrimiento de América le otorgó monumentalidad y fama universal.

Levantada sobre un batolito de piedra, Trujillo ya es conocida con el nombre de Turgalium en tiempos romanos, llegando a ser una prefectura tributaria de Augusta Emerita (Mérida). Tras los visigodos, llegaron los árabes que trajeron un periodo de esplendor durante el cuál la ciudad queda amurallada. A pesar de los intentos por parte de Alfonso VIII de recuperar la ciudad, no se consigue hasta 1232 con Fernando III. Trujillo vive su momento de mayor prosperidad en los siglos XV y XVI, cuando se inician muchas obras arquitectónicas tanto carácter religioso como civil. Es en estos años cuando la ciudad, fruto de las nuevas riquezas, se desarrolla y se extiende extramuros.

Podrás perderte por las calles de la ciudad después de haber subido al Castillo, ubicado en la parte más alta y desde donde disfrutarás de unas increíbles vistas. Dentro del recinto encontrarás la ermita de San Pablo (s. XVI) y cuatro de las siete puertas que había originalmente, además de la Alberca y un aljibe hispano-musulmán. Desde este punto acércate a la Iglesia de Santiago, románica del siglo XII y reformada en el XVII, donde se conserva la talla del Cristo de las Aguas.

Paseando llegarás a su conocida Plaza Mayor, en pleno centro de la ciudad. De estilo renacentista, está rodeada de soportales y en ella se ubica la estatua ecuestre de Francisco Pizarro. Allí se reunían comerciantes y artesanos hasta que se levantaron durante el siglo XVI las casas de los linajes más importantes, como la Casa de la Cadena, la de los Orellana, o la de los Chaves-Cárdenas. También destaca el Palacio de la Conquista, cuya construcción comienza Hernando Pizarro, hermano del descubridor, y del que hay que destacar el balcón; el Palacio de los duques de San Carlos, el Palacio de Piedras Albas o el Palacio de los Carvajal-Vargas con su balcón esquinado y sus chimeneas. Cerca encontrarás la Iglesia de San Martín de Tours y la Iglesia de Santa María la Mayor. Ésta última es uno de los monumentos religiosos más importantes de la zona por su antigüedad, al conservar la Torre Julia que data del siglo XIII, y por su inconfundible arquitectura fruto de las reformas realizadas en los siglos XIV y XVI.

Estos son algunos de los tesoros más destacados de esta noble ciudad. Entre unos y otros se esconden más rincones y leyendas que irás descubriendo. Al igual que descubrirás la hospitalidad de su gente, el mejor tesoro de Trujillo, junto con los placeres gastronómicos que ofrece (como el frite de cabrito, la moraga o la sopa de obispo) y un ambiente acogedor que te invitará a disfrutar más y mejor de todo. Además, no hay que olvidar eventos destacados como su Semana Santa o la Feria Nacional del Queso.

Monfragüe

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Situado en el triángulo imaginario que forman las ciudades de Plasencia, Trujillo y Navalmoral de la Mata y con el río Tajo como eje vertebrador, encontrarás el Parque Nacional de Monfragüe, un espacio natural único, que forma parte de un territorio declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco en 2003.

Y es que Monfragüe, que debe su nombre a los romanos que lo llamaron Mons Fragorum por ser una zona fragosa, llena de maleza y de difícil acceso, posee la más extensa y mejor conservada mancha de monte mediterráneo a nivel mundial. Las sierras bravas que delimitan los valles del Tajo y el Tiétar acogen un sinfín de encinares, bosque y matorral mediterráneo, roquedos, embalses y arroyos; un paisaje típicamente ibérico que hace posible la existencia de tan variada fauna y flora en el parque.

Alcornoques, quejigos, acebuches y encinas son arropados por arbustos propios de tierras más secas. Juntos tiñen de infinitos matices de verde y pardo el observatorio de aves más visitado por los turistas, el Salto del Gitano. Así que, no olvides programar un tiempo en tu ruta para disfrutar del vuelo de las cigüeñas negras, alimoches, buitres y águilas imperiales, entre otras muchas aves que anidan en árboles y acantilados de Monfragüe.

Pero las aves son sólo una parte de las más de 208 especies de vertebrados que viven en este santuario natural. Ciervos, jinetas, tejones, linces, gatos monteses, nutrias, culebras, galápagos…, pueblan esta área de la Alta Extremadura.

En el Parque también hallarás el Castillo de Monfragüe, de origen árabe, aunque ya casi no queda nada de la construcción original. En el habitaba la princesa Noeima, cuenta la leyenda que vaga eternamente por el monte tras ser castigada por su padre al enamorarse de un cristiano al que filtró información para acceder al castillo. Pero la historia ha dejado más huella humana en Monfragüe, de la Prehistoria quedan gran número de pinturas rupestres. Y también destacable en el plano histórico-artístico es la imagen del cristo de la Victoria, conocido como el Cristo de Serradilla, imaginería muy venerada en la zona.

En Villarreal de San Carlos, el único núcleo urbano situado dentro del parque, encontraremos el Centro de Recepción de Visitantes y el Centro de Interpretación de la Naturaleza, además de establecimientos de hostelería, merenderos y servicios públicos. Localidad donde se desarrolla anualmente la Feria Internacional de Turismo Ornitológico de Extremadura (FIO). En Malpartida de Plasencia, una de las puertas de entrada a este espacio protegido, se sitúa también el Centro de Recepción de Visitantes Norte.

Cuando vayas a Monfragüe, además de disfrutar de algunas de las rutas trazadas a lo largo de todo el parque, no lo abandones sin disfrutar antes de las vistas de uno de los parajes más espectaculares del lugar, el Salto del Gitano. Se trata de un acantilado de 300 metros, una inmensa mole de cuarcita que se despeña sobre el río Tajo. Y si haces un alto en el camino, puedes refrescarte en la Fuente de los tres caños o en la del Francés.

Alcántara

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Sobre el río Tajo se erige el puente romano de Alcántara, el símbolo de este municipio. Esta obra arquitectónica, construida por Cayo Julio Lácer en el siglo II d.C., refleja las tres cualidades que se pedían en toda edificación de tal calibre: firmeza, hermosura y utilidad. Su autor dejó en él escrito: Pontem perpetui masvrvm in secula mundi (el puente que permanecerá en pie por los siglos del mundo).

La villa de Alcántara nació una vez el puente ya existía, pues en sus inicios era una vía de comunicación entre pueblos del imperio. Alcántara significa “el puente” en árabe. Más adelante, este puente será clave para la orden militar de Alcántara, pues era el único acceso a la localidad desde Portugal, convirtiendo así la villa en una fortaleza inexpugnable.

Alcántara se encuentra enmarcado en el Parque Natural del Tajo. Este paraje sigue el recorrido del río Tajo y de sus afluentes, el Erjas y el Sever, que actúan como frontera natural a lo largo de este territorio que consta de 60 kilómetros y que está incluido dentro de la Reserva de la Biosfera Tajo Internacional.

Si estás interesado en visitar este parque español, descubrirás una extensión de 25.088 hectáreas que esconde multitud de especies, algunas en peligro de extinción, como la cigüeña negra, el águila imperial ibérica y el cangrejo de río autóctono. La nutria, el lagarto verdinegro, el águila culebrera, el águila real, el alimoche, el buitre leonado, el buitre negro y el águila perdicera también forman parte de su fauna, a la que se suman muchos más nombres de peces y mamíferos, configurando una lista casi interminable.

Valle del Jerte

Cerezos en flor. Foto: iStock
Cerezos en flor. Foto: iStock

El Valle del Jerte es una de las zonas más ricas en vegetación, que en primavera alcanza su máximo esplendor. Un regalo para todos los sentidos que te cautivará.

El Valle del Jerte es una comarca del norte de Extremadura compuesta por once municipios. Situado entre la Sierra de Tormantos y los Montes de Traslasierra y Sierra de Béjar, el valle recibe el nombre por el río que la recorre, el Jerte.

Si lo que buscas es naturaleza y poder relajarte, el Valle del Jerte te ofrece una gran variedad de flora y vegetación. Pero sin duda alguna la estrella es el cerezo. El Valle del Jerte alcanza una gran belleza en primavera, cuando se pueden ver todos los cerezos en flor, creando una estampa que difícilmente podrás olvidar, un gran manto blanco arropa al valle. Pero recuerda que la naturaleza no tiene ni hora ni fecha exacta, aunque el mejor momento suele ser a finales de marzo y principios de abril cuando la floración esta en su mayor esplendor. El valle celebra esta explosión blanca con una fiesta de interés turístico nacional: la Fiesta del Cerezo en Flor.

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Y en verano reserva un hueco para visitar y darte un buen baño en la Reserva Natural de la Garganta de los Infiernos, incluida dentro de la "Red de Espacios Naturales Protegidos de Extremadura".

La Vera

Jarandilla de la Vera. Foto: iStock
Jarandilla de la Vera. Foto: iStock

La vecina comarca de La Vera se extiende en paralelo con el Valle, a los pies de la Sierra de Gredos y consta de diecinueve municipios. Jaraíz de la Vera es la localidad más importante de la zona, pero existen otros pueblos, como Jarandilla o Pasarón, en los que disfrutarás de su cultura y una rica gastronomía típica de la zona. Regada por el río Tiétar, es famosa por sus gargantas y zonas de baño.

Su producto emblemático es el pimentón, que incluso tiene un museo dedicado.

Un punto importante de La Vera es el Real Monasterio de Yuste, que forma parte de Patrimonio Nacional. Ubicado en Cuacos de Yuste, fue el lugar donde murió Carlos V.

En torno a la figura del Rey se celebra todos los años la Ruta del Emperador, declarada Fiesta de Interés Turístico de Extremadura, y en la que se conmemora el trayecto que realizó Carlos V por la zona hasta llegar al Monasterio.

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